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EL EVANGELIO
COMO ME HA SIDO REVELADO
Autor: María Valtorta
« PARTE 4 de 7 »
TERCER AÑO DE LA
VIDA PUBLICA DE JESUS
Partes:
[ 1 ]
[ 2 ]
[ 3 ]
[ 4 ]
[ 5 ]
[ 6 ]
[ 7 ]
313. Preparativos para salir de Nazaret, después de la visita de Simón de Alfeo con su familia. Durante el tercer año,
Jesús será el Justo
314. La cena en la casa de Nazaret. La dolorosa partida
315. El viaje hacia Yiftael y las reflexiones de Juan de Endor
316. Jesús se despide de Juan
de Endor y de Síntica
317. La oración de Jesús por la salvación de Judas Iscariote
318. En barca de Tolemaida
a Tiro
319. Partida de Tiro en la nave del cretense Nicomedes
320. Prodigios en la nave en medio de una tempestad
321. Arribo a Seleucia.
Se despiden de Nicomedes
322. Partida de Seleucia en un carro y llegada a Antioquía
323. La visita a Antigonio
324. Las pláticas de los ocho apóstoles antes de dejar Antioquía. El adiós a Juan de Endor y a Síntica
325. Los ocho apóstoles se reúnen
con Jesús
cerca de Akcib
326. Un alto en Akcib
327. En los confines de Fenicia. Palabras de Jesús sobre la igualdad de los pueblos.
Parábola de la levadura
328. En Alejandrocena donde los hermanos de Hermiona
329. En el mercado de Alejandrocena. La parábola
de los obreros de la viña
330. Santiago y Juan "hijos del trueno". Hacia Akcib
con el pastor Anás
331. La fe de la mujer cananea y otras conquistas. Llegada a Akcib
332. La sufrida separación de Bartolomé, que con Felipe
vuelve a unirse al Maestro
333. Con los diez apóstoles
hacia Sicaminón
334. También Tomas y Judas Iscariote se unen de nuevo al grupo apostólico
335. La falsa amistad de Ismael ben Fabí, y el hidrópico
curado en sábado
336. En Nazaret con cuatro apóstoles. El amor de Tomás
por María Santísima
337. El sábado en Corazín. Parábola sobre los corazones imposibles de labrar. Curación
de una mujer encorvada
338. Judas Iscariote pierde el poder de milagros.
La parábola del cultivador
339. La noche pecaminosa
de Judas Iscariote
340. El enmendamiento de Judas Iscariote y el choque con los rabíes junto al sepulcro de Hil.lel
341. La mano herida de Jesús. Curación de un sordomudo en los confines sirofenicios
342. En Quedes. Los fariseos piden un signo.
La profecía de Habacuc
343. La levadura de los fariseos. El Hijo del hombre.
El primado a Simón Pedro
344. Encuentro con los discípulos en Cesárea de Filipo y explicación de la sedal de Jonás
345. Milagro en el castillo
de Cesárea Paneas
346. Primer anuncio de la Pasión y reprensión a Simón Pedro
347. En Betsaida. Profecía sobre el martirio de los Apóstoles y curación de un ciego
348. Manahén da algunas noticias acerca de Herodes Antipas, y desde Cafarnaúm va con Jesús a Nazaret. Revelación de las transfiguraciones
de la Virgen
349. La Transfiguración en el monte Tabor y el epiléptico curado al pie del monte. Un comentario para los predilectos
350. Lección a los discípulos sobre el poder de vencer
a los demonios
351. El tributo al Templo pagado con la moneda hallada
en la boca del pez
352. Un convertido de María de Magdala. Parábola para el pequeño Benjamín y lección sobre quién es grande
en el reino de los Cielos
353. La segunda multiplicación de los panes y el milagro de la multiplicación de la Palabra
354. Jesús habla sobre el Pan del Cielo en la sinagoga
de Cafarnaúm
355. El nuevo discípulo Nicolái de Antioquía y el segundo anuncio de la Pasión
356. Hacia Gadara. Las herejías de Judas Iscariote y las renuncias de Juan,
que quiere sólo amar
357. Juan y las culpas de Judas Iscariote. Los fariseos y la cuestión del divorcio
358. En Pel.la. El jovencito Yaia y la madre de Marcos de Josías
359. En la cabaña de Matías cerca de Yabés Galaad
360. El malhumor de los apóstoles y el descanso en una gruta. El encuentro
con Rosa de Jericó
361. Los dos injertos que transformarán a los apóstoles. María de Magdala advierte a Jesús de un peligro. Milagro ante la riada del Jordán
362. La misión de las "voces" en la Iglesia futura. El encuentro con la Madre y las discípulas
363. En Rama, en casa de la hermana de Tomás. Jesús habla sobre la salvación.
Apóstrofe a Jerusalén
364. En el Templo. Oración universal y parábola del hijo verdadero y los hijos bastardos
365. Judas Iscariote insidia la inocencia de Margziam. Un nuevo discípulo, hermano de leche de Jesús. En Betania, en la
casa de Lázaro, enfermo
366. Anastática entre las discípulas. Las cartas de Antioquía
367. El jueves prepascual. Preparativos en el Getsemaní
368. El jueves prepascual. En Jerusalén y en el Templo
369. El jueves prepascual. Parábola de la lepra de las casas
370. El jueves prepascual. En el convite de los pobres en el palacio de Cusa
371. El jueves prepascual. Por la noche en el palacio de Lázaro
372. El día de la Parasceve. Despertar en el palacio de Lázaro
373. El día de la Parasceve.
En el Templo
374. El día de la Parasceve. Por las calles de Jerusalén y en el barrio de Ofel
375. La cena ritual en casa de Lázaro y el banquete sacrílego en la casa de Samuel
376. Lección sobre la obra salvífica de los santos, y condena al Templo corrompido
377. Parábola del agua y del junco para María de Magdala, que ha elegido la mejor parte
378. La parábola de los pájaros, criticada por unos judíos enemigos que tienden una trampa
379. Una premonición del
apóstol Juan
380. El amor de los apóstoles, de la contemplación a la acción
381. La parábola del administrador infiel y sagaz. Hipocresía de los fariseos y conversión de un esenio
382. Un alto en casa de Nique
383. Discurso sobre la muerte junto al vado del Jordán
384. El anciano Ananías, guardián de la casita de Salomón
385. Parábola de la encrucijada y milagros cerca del pueblo
de Salomón
386. Hacia la orilla occidental
del Jordán
387. En Guilgal. El mendigo Ogla y los escribas tentadores. Los apóstoles comparados con las doce piedras del
prodigio de Josué
388. Exhortación a Judas Iscariote, que irá a Betania
con Simón Zelote.
389. Llegada a Engadí con
diez apóstoles
390. La fe de Abraham de Engadí y la parábola de la semilla
de palma
391. Curación del leproso Eliseo de Engadí
392. La hostilidad de Masada, ciudad-fortaleza
393. En la casa de campo de María de Keriot
394. Parábola de las dos voluntades y despedida de los habitantes de Keriot
395. Las dos madres infelices de Keriot. Adiós a la madre de Judas
396. En Yuttá, con los niños. La mano de Jesús obradora
de curaciones
397. Despedida de los fieles
de Yuttá
398. Palabras de despedida en Hebrón. Los delirios
de Judas Iscariote
399. Palabras de despedida en Betsur. El amor materno de Elisa
400. En Béter, en casa de Juana de Cusa, la cual habla del daño provocado por Judas Iscariote ante Claudia
401. Pedro y Bartolomé en Béter por un grave motivo.
Éxtasis de la escritora
402. Judas Iscariote se siente descubierto durante el discurso de despedida en Béter
403. Una lucha y victoria espiritual de Simón de Jonás
404. En camino hacia Emaús
de la llanura
405. Descanso en un henil y discurso a la entrada de Emaús de la llanura. El pequeño Miguel
406. En Joppe. Palabras inútiles a Judas de Keriot y diálogo sobre el alma con algunos Gentiles
407. En los campos de Nicodemo. La parábola de los dos hijos
408. Multiplicación del trigo en los campos de José de Arimatea
409. El drama familiar del Anciano Juan
410. Provocaciones de Judas Iscariote en el grupo apostólico
411. Una lección extraída de la naturaleza y espigueo milagroso para una viejecita. Cómo ayudar a quien se enmienda
412. Elogio del lirio de los valles, símbolo de María. Pedro se sacrifica por el bien de Judas
413. Llegada a Jerusalén para la fiesta de Pentecostés y disputa con los doctores del Templo
414. Invectiva contra fariseos y doctores en el convite en casa
del Anciano Elquías
415. Un alto en el camino
en Betania
416. Un mendigo samaritano en el camino de Jericó
417. Historia de Zacarías el leproso y conversión
de Zaqueo el publicano
418. Curación del discípulo José, herido en la cabeza y recogido en la casita de Salomón
419. Curaciones en un pueblecito de la Decápolis. Parábola del escultor y de las estatuas
420. Curación de un endemoniado completo. La vocación de la mujer al amor
421. El endemoniado curado, los fariseos y la blasfemia contra
el Espíritu Santo
422. El Iscariote, con sus malos humores, ocasiona la lección sobre los deberes
y los siervos inútiles
423. Partida del Iscariote, que ocasiona la lección sobre
el amor y el perdón
424. Pensamientos de gloria y martirio ante la vista de la costa mediterránea
425. En Cesárea Marítima. Romanos mundanos y parábola de los hijos con destinos distintos
426. Con las romanas en Cesárea Marítima. Profecía en Virgilio.
La joven esclava salvada
427. Bartolomé instruye
a Áurea Gala
428. Parábola de la viña y del viñador, figuras del alma y del libre albedrío
429. Con Judas Iscariote en la llanura de Esdrelón
430. El nido caído y el escriba cruel. La letra y el espíritu
de la Ley
431. Tomás prepara el encuentro de Jesús con los campesinos
de Jocanán
432. Con los campesinos
de Jocanán, cerca de Sefori
433. Llegada a Nazaret. Alabanzas a la Virgen.
Curación de Áurea
434. Trabajos manuales en Nazaret y parábola
de la madera barnizada
435. Comienzo del tercer sábado en Nazaret y llegada de Pedro con otros apóstoles
436. En el huerto de Nazaret, revelado a apóstoles y discípulas el precio de la Redención
437. Coloquio
de Jesús con
su Madre
438. María Santísima con María de Alfeo en Tiberíades, donde Valeria. Encuentro con Judas Iscariote
439. María Santísima enseña a Áurea a hacer la voluntad de Dios
440. Otro sábado en Nazaret. Obstinación de José de Alfeo
441. Partida de Nazaret. Un incendio de brezos durante el viaje viene a ser el tema de una parábola
442. Judas Iscariote en Nazaret en casa de María
443. La muerte del abuelo de Margziam
444. Las dotes de Margziam. Lección sobre la caridad, sobre la salvación, sobre los méritos del Salvador
445. Dos parábolas durante una tormenta en Tiberíades. Llegada de Maria Stma., e impenitencia de Judas Iscariote
446. Llegada a Cafarnaúm en medio de un cálido recibimiento
447. En Cafarnaúm unas palabras de Jesús sobre la misericordia y el perdón no encuentran eco
448. Encuentro de barcas en el lago y parábola sugerida por Simón Pedro
449. El pequeño Alfeo desamado de su madre
450. Milagros en el arrabal cercano a Ippo y curación del leproso Juan
451. Discurso en el arrabal cercano a Ippo sobre los deberes de los cónyuges y de los hijos
452. El ex leproso Juan se hace discípulo. Parábola de los diez monumentos
453. Llegada a Ippo y discurso en pro de los pobres. Curación de un esclavo paralítico
454. María Santísima y su amor perfecto. Conflicto de Judas Iscariote con el pequeño Alfeo
455. La Iglesia es confiada a la maternidad de María. Discurso, al pie de Gamala, en pro
de unos forzados
456. Despedida de Gamala y llegada a Afeq. Advertencia a la viuda Sara y milagro en su casa
457. Discurso en Afeq, tras una disputa entre creyentes y no creyentes. Sara se hace discípula
458. Una curación espiritual en Guerguesa y lección sobre
los dones de Dios
459. El perdón a Samuel de Nazaret y lección sobre
las malas amistades
460. Fariseos en Cafarnaúm con José y Simón de Alfeo. Jesús y su Madre preparados
para el Sacrificio
461. Confabulación en casa de Cusa para elegir a Jesús rey. El griego Zenón y la carta de Síntica con la noticia de la muerte de Juan de Endor
462. Discurso y curaciones en las fuentes termales de Emaús
de Tiberíades
463. En Tariquea. Cusa, a pesar del discurso sobre la naturaleza del reino mesiánico, invita a Jesús a su casa. Conversión de una pecadora
464. En la casa de campo de Cusa, intento de elegir rey a Jesús. El testimonio
del Predilecto
465. En Betsaida para un encargo secreto a Porfiria. Apresurada partida de Cafarnaún
466. Un alto en la casa de los ancianos cónyuges Judas y Ana
467. Parábola de la distribución de las aguas. Perdón condicionado para el campesino Jacob. Advertencias a los apóstoles camino de Corazín
468. Un episodio de enmendamiento de Judas Iscariote, y otros que
ilustran su figura
469. Despidiéndose de los pocos fieles de Corazín
470. Lección a una suegra sobre los deberes del matrimonio
471. Encuentro con el levita José, llamado Bernabé, y lección
sobre Dios-Amor
472. Solicitud insidiosa de un juicio acerca de un hecho ocurrido en Yiscala
473. Curación de un niño ciego de Sidón y una lección
para las familias
474. Una visión que se pierde en un arrobo de amor
475. Abel de Belén de Galilea pide el perdón para sus enemigos
476. Lección sobre el cuidado de las almas y perdón a los dos pecadores castigados con la lepra
477. Coloquio de Jesús con su Madre en el bosque de Matatías. Los sufrimientos morales
de Jesús y María
478. Coloquio de Jesús con José y Simón de Alfeo, que van a la fiesta de los Tabernáculos
479. Con Juan al pie de la torre de Yizreel en espera de los campesinos de Jocanán
480. Parten de Yizreel tras la visita nocturna de los campesinos de Jocanán
481. Llegada a Enganním. Maquinaciones de Judas Iscariote para impedir una trama
de los fariseos
482. En camino con un pastor samaritano que ve
premiada su fe
483. Polémica de los apóstoles sobre el odio de los judíos. Los diez leprosos curados en Samaria
484. Alto obligado en las cercanías de Efraím y parábola de la granada
485. Jesús llega con los apóstoles a Betania, donde ya están algunos discípulos con Margziam
486. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Discurso sobre la naturaleza del Reino
487. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Discurso sobre la naturaleza del Cristo
488. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Partida secreta hacia Nob después
de la oración
489. En Nob. Parábola del rey no comprendido por sus súbditos. Jesús calma el viento
490. En el campo de los Galileos con los primos apóstoles y encuentro con el levita Zacarías
491. TEn el Templo el último día de la fiesta de los Tabernáculos. Sermón sobre el Agua viva
492. En Betania se evoca la memoria de Juan de Endor
493. Jesús habla cabe la fuente de En Royel, lugar en que hicieron un alto los tres Sabios
494. La mujer adúltera y la hipocresía de sus acusadores
495. Jesús instruye acerca del perdón de los pecadores, y se despide de sus discípulos en el camino de Betania
496. Un alto en la casita de Salomón. Improvisa turbación
de Judas Iscariote.
497. Simón Pedro atraviesa una hora de abatimiento
498. Exhortación a Judas Tadeo y a Santiago de Zebedeo después de una discusión
con Judas Iscariote
499. Fuga de Esebón y encuentro con un mercader de Petra
500. Reflexiones de Bartolomé y Juan después de un retiro
en el monte Nebo
501. Parábola de los hijos lejanos. Curación de dos hijos ciegos del hombre de Petra
502. Otro abatimiento en Pedro. Lección sobre las posesiones (divinas y diabólicas)
503. Los apóstoles indagan acerca del Traidor. Un saduceo y la infeliz mujer de un nigromante. Saber distinguir lo sobrenatural de lo oculto
504. Margziam preparado para la separación. Regreso a la aldea de Salomón y muerte de Ananías
505. En el Templo, una gracia obtenida con la oración incesante y la parábola del juez y la viuda
506. En el Templo, oposición al discurso que revela que Jesús
es la Luz del mundo
507. El gran debate con los judíos. Huyen del Templo con la ayuda del levita Zacarías
508. Juan será la luz de Cristo hasta el final de los tiempos. El pequeño Marcial-Manasés acogido por José de Seforí
509. El anciano sacerdote Matán acogido con los apóstoles y discípulos que han huido
del Templo
510. La curación de un ciego
de nacimiento
511. En la casa de Juan de Nob, otra alabanza a la Corredentora. Embustes de Judas Iscariote
512. Profecía ante un pueblo destruido
513. En Emaús Montana, una parábola sobre la verdadera sabiduría y una advertencia
a Israel
514. Consejos sobre la santidad a un joven indeciso. Reprensión a los habitantes de Bet-Jorón después de la curación de un romano y una judía
515. Las razones del dolor salvífico de Jesús. Elogio de la obediencia y lección sobre
la humildad
516. En Gabaón, milagro del mudito y elogio de la sabiduría como amor a Dios
517. Hacia Nob. Judas Iscariote, tras un momento polémico, reconoce su error
518. En Jerusalén, encuentro con el ciego curado y palabras que revelan a Jesús como
buen Pastor
519. Inexplicable ausencia de Judas Iscariote y alto en Betania, en casa de Lázaro
520. Conversaciones en torno a Judas Iscariote, ausente. Llegada a Tecua con el anciano Elí-Ana
521. En Tecua, Jesús se despide de los habitantes del lugar y del anciano Elí-Ana
522. Llegada a Jericó. El amor terreno de la muchedumbre y el amor sobrenatural del
convertido Zaqueo
523. En Jericó. La petición a Jesús de que juzgue a una mujer. La parábola del fariseo y el publicano tras una comparación entre pecadores y enfermos
524. En Jericó. En casa de Zaqueo con los pecadores convertidos
525. El juicio sobre Sabea
de Betlequí
526. T526 Curaciones cerca del vado de Betabara y discurso en recuerdo de Juan el Bautista
527. Desconocimiento y tentaciones en la naturaleza humana de Cristo
528. En Nob. Consuelo materno de Elisa y regreso inquietante de Judas Iscariote
529. Enseñanzas a los apóstoles mientras realizan trabajos manuales en casa de Juan de Nob
530. Otra noche de pecado de Judas Iscariote
531. En Nob, enfermos y peregrinos venidos de todas partes. Valeria y el divorcio. Curación del pequeño Leví
532. Preparativos para las Encenias. Una prostituta enviada a tentar a Jesús, que deja Nob
533. Hacia Jerusalén con
Judas Iscariote
534. Enseñanzas y curaciones en la sinagoga de los libertos romanos. Un encargo
para los gentiles
535. Judas Iscariote llamado
a informar a casa de Caifás
536. Curación de siete leprosos y llegada a Betania con los apóstoles ya reunidos. Marta y María preparadas por Jesús
a la muerte de Lázaro
537. En el Templo en la fiesta de la Dedicación, Jesús se manifiesta a los judíos, que intentan apedrearle
538. Jesús, orante en la gruta de la Natividad, contemplado por los discípulos ex pastores
539. Juan de Zebedeo se acusa de culpas inexistentes
540. La Madre confiada a Juan. Encuentro con Manahén y lección sobre el amor a los animales. Conclusión del tercer año
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447- En Cafarnaúm unas palabras de Jesús sobre la misericordia y el perdón no encuentran eco
Es sábado. Eso creo yo, porque veo a la gente reunida en la sinagoga. Pero también podría ser que se hubieran reunido allí huyendo del sol, o para estar más seguros en la casa de Jairo.
La gente se apiña, y está atenta a pesar del calor que no logran atenuar ni siquiera las puertas y ventanas, abiertas para crear corrientes de aire. Los que no han podido entrar en la sinagoga se han refugiado, para que no los cueza el sol en la calle, en el umbrío jardín que hay detrás de la sinagoga, el jardín de Jairo, de tupidas enramadas y de frondosos árboles frutales.
Jesús está hablando junto a la puerta que da al jardín, para que lo oiga tanto este auditorio como el de la sinagoga. Jairo está a su lado, atento; los apóstoles, en grupo, cerca de la puerta que da al jardín; las discípulas, con María en el centro, están sentadas bajo una enramada que casi toca la casa; Miriam de Jairo y las dos hijas de Felipe están sentadas a los pies de María.
Por las palabras que llegan a mis oídos -porque Jesús exhorta a la paz y al perdón, diciendo que en corazones turbados no puede penetrar con fruto la palabra de Dios-, intuyo que ha habido algún incidente entre los fariseos de marras y Jesús, y que la gente está inquieta por este motivo.
-No podemos tolerar que se te insulte -grita alguno de entre la multitud.
-Dejad al Padre mío y vuestro que resuelva. Vosotros imitadme a mí. Tolerad, perdonad. No se persuade a los enemigos respondiendo al insulto con el insulto.
-Pero tampoco con la mansedumbre continua. Te dejas pisotear -grita Judas Iscariote.
-Tú, apóstol mío, no sirvas de escándalo dando un ejemplo de ira y crítica.
-De todas formas, tu apóstol tiene razón. Sus palabras son justas.
-No es justo el corazón que las formula ni el que las escucha. Quien quiere ser discípulo mío debe imitarme. Yo tolero y perdono. Soy manso, humilde y pacífico. Los hijos de la ira no pueden estar conmigo, porque son hijos del siglo y de sus propias pasiones.
¿No recordáis el libro cuarto de los Reyes? En un punto (2 Reyes l9, 20-37) se dice que Isaías habló contra Senaquerib, que creía que podía atreverse a todo, y le profetizó que nada lo salvaría del castigo de Dios. Lo compara a un animal al que se pone un anillo en las narices y un freno en los labios para domar su inicuo furor. Y ya sabéis que Senaquerib murió de manos de sus propios hijos. Porque, en verdad, el cruel perece por su propia crueldad; perece en la carne y en el espíritu. Yo no amo a los crueles, no amo a los soberbios, no amo a los iracundos, a los ambiciosos, a los lujuriosos.
(Yo no amo debe interpretarse no con referencia a las personas de los pecadores, sino, como se lee en los renglones siguientes, a estas cosas y más exactamente a las malas pasiones. En este mismo sentido deberían interpretarse ciertas expresiones presentes en la Biblia sobre el odio de Dios hacia los pecadores (como en Sabiduría l4, 9; Eclesiástico l2, 6; Malaquías l, 3), y presentes en la Obra valtortiana)
No os he dado ni palabra ni ejemplo de estas cosas; antes bien, siempre os he enseñado las virtudes opuestas a estas malas pasiones.
¡Qué bonita es la oración de David, (l Crónicas 29, l0-l9), y la cita de unos renglones adelante está en l Crónicas 22, 8-l0) rey nuestro, cuando, santificado de nuevo por el sincero arrepentimiento de las culpas pasadas y por años de sabia conducta, alabó al Señor, manso y resignado ante el decreto de no poder ser él el que erigiera el nuevo Templo! Vamos a decirla juntos dando gloria al Señor Altísimo...
Y Jesús entona -mientras los que están sentados se levantan y los que están apoyados en las paredes dejan el apoyo para tomar una postura de respeto-la oración de David. Luego Jesús sigue, con su tono habitual:
-Hay que recordar siempre que todas las cosas están en las manos de Dios, todas las empresas, todas las victorias. Magnificencia, potencia, gloria y victoria son del Señor.
Él concede una u otra cosa al hombre, si juzga que es la hora de concederla para un bien cierto. Pero el hombre no puede reivindicarla. Dios no le concede a David -ya perdonado pero aún necesitado de victoria sobre sí mismo después de los pasados errores -no le concede erigir el Templo: "Has derramado mucha sangre y has hecho demasiadas guerras; no podrás, por tanto, erigir una casa a mi Nombre, habiendo derramado tanta sangre delante de mí. Te nacerá un hijo que será hombre de paz... por eso será llamado el Pacífico... Él edificará la casa a mi Nombre".
Esto dice el Altísimo a su siervo David. Esto os digo Yo. ¿Queréis, por ser iracundos, no merecer erigir en vuestros corazones la casa al Señor Dios vuestro? Lejos, pues, de vosotros todo sentimiento que no sea de amor. Tened un corazón perfecto, como el que invocaba David para su hijo, constructor del Templo, para que, custodiando mis mandamientos y realizando todas las cosas según lo que os he enseñado, lleguéis a edificar en vosotros la morada de vuestro Dios, en espera de ir vosotros a la suya, eterna y jubilosa. Pásame un rollo, Jairo. Voy a explicarles lo que Dios quiera.
Jairo va adonde están apilados los rollos y toma al azar uno que está en el centro del montón, y, quitándole previamente el polvo, se lo entrega a Jesús, que lo desenrolla y lee: «Jeremías, capítulo 5. Caminad por las calles de Jerusalén, mirad, observad, buscad por sus plazas a ver si encontráis un hombre que practique la justicia y quiera ser fiel, y Yo tendré misericordia de ella"». (Me dice el Señor: «No continúes. Digo todo el capítulo».)
Jesús, después de leer todo el capítulo, devuelve el volumen a Jairo y se pone a hablar.
-Hijos míos. Habéis oído qué tremendos castigos están reservados a Jerusalén, al Israel que no es justo. Pero no os alegréis de ello. Es nuestra Patria. No os alegréis pensando: "Quizás ya no estaremos". En todo caso está llena de hermanos vuestros. No digáis: "Le está bien empleado, porque es cruel con el Señor" Las desventuras de la Patria, los dolores de los convecinos deben afligir siempre a los justos. No midáis como miden los demás, sino como Dios mide, o sea, con misericordia.
¿Qué debéis hacer, entonces, para con esta Patria, para con estos compatriotas, bien sea que por Patria y compatriotas se entiendan la gran Patria y sus habitantes, toda la Palestina, bien sea que se entienda esta pequeña que es Cafarnaúm, ciudad vuestra, bien sea que se entiendan todos los hebreos o estos pocos, enemigos míos, en esta pequeña ciudad de Galilea? Debéis hacer obras de amor. Hacer lo posible por salvar Patria y compatriotas. ¿Cómo? ¿Quizás con la violencia? ¿Con el desprecio? No. Con el amor, con el paciente amor para convertirlos a Dios.
Habéis oído: "Si encuentro un hombre que practique la justicia, usaré con aquélla misericordia". Trabajad, pues, para que los corazones se acerquen a la justicia y se hagan justos. Verdaderamente, en su injusticia, dicen de mí:
"No es Él", y por eso creen que por perseguirme no les vendrá ningún mal. Verdaderamente dicen: "Estas cosas no sucederán nunca. Los profetas han hablado al azar". Y tratarán de llevaros también a vosotros a que digáis lo mismo que ellos.
Los que estáis aquí presentes sois fieles. Pero ¿dónde está Cafarnaúm? ¿Es ésta toda Cafarnaúm? ¿Dónde están los que otras veces veía agolparse alrededor de mí? ¿Entonces la levadura, fermentada la última vez que estuve aquí, ha obrado la destrucción en muchos corazones? ¿Dónde está Alfeo? ¿Dónde, José con sus tres hijos? ¿Dónde, Ageo de Malaquías? ¿Dónde, José y Noemí? ¿Dónde, Leví, Abel, Saúl y Zacarías? ¿Olvidado a causa de palabras engañosas el claro beneficio recibido? ¿Pero pueden las palabras destruir los hechos?
¡Ya veis! Es sólo un pequeño lugar. En este lugar, donde los agraciados son los más numerosos, el odio ha podido devastar la fe en mí. Sólo veo reunidos aquí a los perfectos en la fe. ¿Podéis pretender que una serie de hechos lejanos y lejanas palabras puedan mantener a todo Israel fiel a Dios? Así debería ser, porque la fe debe ser fe aún sin el soporte de los hechos. Pero no es así. Y cuanto más grande es la ciencia, más baja es la fe, porque los doctos se creen dispensados de la fe simple y franca, que cree por la fuerza del amor y no por el auxilio de la ciencia.
Lo que hay que trasmitir y encender es el amor. Y, para hacer esto, es necesario arder. Estar convencidos, heroicamente convencidos para convencer. En vez de los desaires, como respuesta a los insultos, humildad y amor. E ir con humildad y amor, recordando las palabras del Señor a quien ya no las recuerda: "Temamos al Señor, que nos da la lluvia de la primera y la última estación".
¡No nos comprenderían! Es más, nos ofenderían, diciendo que somos unos sacrílegos por enseñar sin tener derecho a hacerlo. ¡No ignoras quiénes son los escribas y los fariseos!...
No, no lo ignoro. Aunque lo hubiera ignorado, ahora lo sabría. Pero no importa lo que ellos sean; importa lo que nosotros somos. Si ellos y los sacerdotes aplauden a los falsos profetas que profetizan lo que les proporciona una ganancia, olvidando que sólo ha de aplaudirse a las obras buenas que el Decálogo ordena, no por ello mis fieles deben imitarlos, y tampoco deben intranquilizarse y ponerse a mirar como gente vencida. Vosotros debéis trabajar tanto cuanto el Mal trabaja...
-¡Nosotros no somos el Mal! -grita desde el límite con la calle la voz cascada de Elí el fariseo, que trata de entrar mientras va gritando:
-¡Nosotros no somos el Mal, alborotador!
-¡Tú sí que alborotas! ¡Fuera! -dice enseguida el centurión, que debía estar atento allí, junto a la sinagoga, a juzgar por lo rápido de su intervención.
-¿Tú?, ¿tú, pagano, te atreves a imponerme?...
-Yo, romano, sí. ¡Fuera! El Rabí no te molesta a ti. Tú sí lo molestas a Él. No puedes hacerlo.
-Nosotros somos los rabíes, no el carpintero galileo -grita el viejo, más parecido a una hortelana que a un maestro.
-Uno más, uno menos... Los tenéis a cientos, y todos de mala doctrina. El único virtuoso es Éste. Te ordeno que salgas.
-¿Virtuoso, eh?! ¿Virtuoso uno que trafica con Roma la propia incolumidad? ¡Sacrílego! ¡Impuro!
El centurión lanza un grito, y el paso pesado de algunos soldados se mezcla con los estridentes insultos de Elí.
-¡Prended a ese hombre y arrojadlo afuera! -ordena el centurión.
-¿Yo? ¿Paganos me ponen la mano encima? ¡Pies paganos en una sinagoga nuestra! ¡Anatema! ¡Auxilio! ¡Me están profanando! ¡Me...!
-Soldados, os ruego que lo dejéis marcharse. No entréis. Respetad este lugar y la canicie de este hombre -dice Jesús desde donde está.
-Como quieras, Rabí.
-¡Ja! ¡Ja! ¡Embrollón! Pero lo sabrá el Sanedrín. ¡Tengo la prueba! ¡Tengo la prueba! Ahora creo en las palabras que nos han sido referidas. Tengo la prueba. ¡Y sobre ti pesa el anatema!.
-Y la espada va a pesar sobre ti, si dices una palabra más. Roma defiende el derecho. No embrolla, vieja hiena, a nadie.
El Sanedrín sabrá tus mentiras y el Procónsul mi informe.
Voy a redactarlo. Ve a casa y estáte en ella a disposición de Roma -y el centurión, hecha antes una media vuelta perfecta, se marcha, seguido de los cuatro soldados, dejando plantado al palidecido y tembloroso, vilmente tembloroso Elí...
Jesús reanuda su discurso, como si nada le hubiera interrumpido:
-Debéis trabajar tanto cuanto el Mal trabaja, para edificar en vosotros y en torno a vosotros la casa del Señor, como os decía al principio.
Hacer, con una gran santidad, que Dios pueda seguir descendiendo a los corazones y a nuestra amada Patria natal, que tan castigada está ya y que no sabe qué nimbo de desventura se está hinchando para ella en el septentrión, en la nación fuerte que ya nos domina y que nos dominará cada vez más, porque las acciones de los ciudadanos son tales, que suscitan la repugnancia del Bonísimo e instigan al fuerte. Y, enojados Dios y el dominador, ¿cómo pretendéis gozar de paz y bien? Sed, sed buenos, hijos de Dios.
Haced que en Israel no uno sino una multitud sean buenos, para alejar los tremendos castigos del Cielo. Os he dicho al principio que, donde no hay paz, la palabra de Dios no puede, pacíficamente escuchada, dar frutos en los corazones. Y ya veis que esta reunión no ha sido tranquila y no será fructífera. Demasiada agitación en los corazones... Podéis marcharos. Tendremos todavía unas horas para estar juntos. Y orad, como Yo oro, para que quien nos turba se convierta... Vamos, Madre -y, abriéndose paso entre la multitud, sale a la calle.
Elí está todavía allí, y, térreo como un muerto, se arroja a los pies de Jesús. -¡Piedad! Me salvaste una vez al nieto. Sálvame a mí, para tener tiempo de convertirme. ¡He pecado! Lo confieso. Pero Tú eres bueno... Roma... ¡Oh, qué me va a hacer Roma?
-Te va a desempolvar bien el polvo del verano con unos buenos zurriagazos -grita uno, y la gente se ríe mientras Elí emite un grito de agudo dolor, como si ya sintiera los azotes, y gime:
-Soy viejo... Enfermo de dolores... ¡Ay de mí!
-¡La cura hará que se te pasen, viejo chacal!
-¡Te vas a rejuvenecer y vas a bailar!...
-¡Silencio! -dice Jesús en tono impositivo a los
protagonistas de esta burla. Y al fariseo:
-Levántate, ten decoro. Tú sabes que no desciendo a complots con Roma. ¿Qué quieres, pues, que te haga?
-Es verdad. Sí. Es verdad. Tú no conspiras. Es más, desprecias a los romanos, los odias, los mal...
-Nada de eso. No mientas ensalzándome como antes acusándome. Y ten presente que no sería alabanza el decir de mí que odio a éste o a aquél, o maldigo a éste o a aquél:
Yo soy el Salvador de todos los espíritus, y ante mis ojos no hay razas ni rostros, sino espíritus.
-¡Es verdad! ¡Es verdad! Pero Tú eres justo y Roma lo sabe, y te defiende por ello. Mantienes tranquilas a las turbas, enseñas el respeto a las leyes y...
-¿Es acaso un pecado ante tus ojos?
-¡No! ¡No! ¡Es justicia! Sabes hacer lo que todos deberíamos hacer, porque eres justo, porque...
La gente hace risitas y cuchichea. No pocos epítetos se oyen, aunque se digan en voz baja:
-¡Embustero! ¡Bellaco! ¡Esta misma mañana hablaba de otra manera! etc.
-Bien, ¿y qué tengo que hacer Yo?
-¡Ir allí, donde el centurión! ¡Rápido! Antes de que se marche la estafeta. ¿Ves? ¡Ya están preparando los caballos! ¡Piedad!
Jesús lo mira: pequeño, tembloroso, lívido de miedo, miserable... Lo mira atentamente, y con compasión. Sólo cuatro pupilas lo miran con compasión: las del Hijo y las de la Madre. Todas las demás son o irónicas o severas o inquietas... Incluso Juan, incluso Andrés tienen mirada dura de severidad desdeñosa.
-Tengo piedad. Pero Yo donde el centurión no voy...
-Está en buena amistad contigo...
-Que no.
-Quería decir que te está agradecido por... por motivo del siervo que le curaste.
-También a ti te curé al nieto, y no me estás agradecido, a pesar de ser israelita como Yo. La merced no crea obligación.
-Sí que la crea. ¡Ay de aquel que no sea agradecido para con...! -comprende que se está condenando a sí mismo y, trabándose, se calla. La gente se burla.
-¡Pronto, Rabí! ¡Gran Rabí! ¡Santo Rabí! ¿No ves que está dando órdenes? ¡Ya se van a marchar! ¿Deseas verme escarnecido?, ¿muerto?
-No. Yo no voy a recordar una merced. Ve tú y dile: "El Maestro dice que seas compasivo". ¡Ve!
Elí se echa a trotar, mientras Jesús se dirige hacia su casa, en sentido opuesto.
El centurión debe haber aceptado, porque se ve que desmontan los soldados que ya estaban a caballo, y que le devuelven al centurión una tablilla encerada y se llevan los caballos.
-¡Qué pena! ¡Venía de maravilla! -exclama Pedro, y Mateo le responde:
-Sí. El Maestro debía haber dejado que lo castigaran. Tantos golpes como insultos nos propina. ¡Viejo odioso!
-¡Y así otra vez dispuesto a empezar! -exclama Tomás.
Jesús se vuelve severo:
-¿Tengo seguidores o demonios? ¡Marchaos vosotros que tenéis un corazón sin misericordia! Me resulta penosa vuestra presencia.
Los tres se quedan donde están, petrificados por el reproche.
-¡Hijo mío! ¡Ya tienes mucho dolor! ¡Y yo tengo ya mucha pena! No añadas ésta... ¡Míralos!... -implora María.
Y Jesús se vuelve a mirar a los tres... Tres rostros desolados, con toda la esperanza y el dolor en los ojos.
-¡Venid! -ordena Jesús.
¡Oh, las golondrinas son menos rápidas!
-Que sea la última vez que os oigo decir palabras como ésas. Tú, Mateo, no tienes derecho a decirlas; tú, Tomás, no has muerto todavía para juzgar quién es perfecto creyéndote salvado; y tú, Simón de Jonás, lo que has hecho es como subir fatigosamente a una cima una piedra voluminosa y dejarla rodar hacia abajo. Entiéndeme rectamente lo que quiero decir...
Y ahora escuchad. Aquí, en la sinagoga y en la ciudad es inútil hablar. Voy a hablar desde las barcas, en el lago, ahora en un lugar, luego en otro. Prepararéis las barcas, las que hagan falta, e iremos o en las tardes serenas o en las auroras frescas...
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