Monday October 23,2017
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EL EVANGELIO
COMO ME HA SIDO REVELADO


El Evangelio como me ha sido revelado

Autor: María Valtorta

« PARTE 3 de 7 »

SEGUNDO AÑO DE LA
VIDA PUBLICA DE JESUS

Partes: [ 1 ] [ 2 ] [ 3 ]
[ 4 ] [ 5 ] [ 6 ] [ 7 ]



141. Yendo hacia Arimatea con los discípulos y con
José de Emaús

142. Con los doce hacia Samaria

143. La samaritana Fotinai

144. Los samaritanos invitan a Jesús a Sicar

145. El primer día en Sicar

146. El segundo día en Sicar. Jesús se despide de los samaritanos

147. Curación de una mujer de Sicar y conversión de Fotinai

148. Jesús visita a Juan el Bautista en las cercanías de Enón

149. La visita a Juan el Bautista, motivo de instrucción
a los apóstoles

150. Jesús en Nazaret, en casa de su Madre. Ella deberá
seguir a su Hijo

151. En Caná en casa de Susana, que se hará discípula.
El oficial del rey

152. María Salomé es recibida como discípula

153. Las mujeres allegadas a los discípulos al servicio de Jesús

154. Jesús en Cesárea Marítima habla a los galeotes.
Las fatigas del apostolado

155. Curación de la niña romana en Cesárea

156. Analía, la primera de las vírgenes consagradas

157. Instrucciones a las discípulas en Nazaret

158. En el lago de Genesaret
con Juana de Cusa.

159. Discurso en Guerguesa. La respuesta sobre el ayuno a los discípulos de Juan el Bautista.

160. Encuentro con Gamaliel en el camino de Neftalí a Yiscala

161. Curación del nieto del fariseo Elí de Cafarnaúm

162. Las conversiones humanas del fariseo Elí
y de Simón de Alfeo

163. Comiendo en casa del fariseo Elí de Cafarnaúm

164. El retiro en el monte para la elección de los Apóstoles

165. Elección de los doce Apóstoles

166. Los milagros después de la elección apostólica. Simón el Zelote y Juan predican por primera vez

167. Jesús concurre con las romanas en el jardín
de Juana de Cusa

168. Aglae en casa de María,
en Nazaret

169. Primer discurso de la Montaña: la misión de los apóstoles y de los discípulos

170. Segundo discurso de la Montaña: el don de la Gracia; las bienaventuranzas

171. Tercer discurso de la Montaña: los consejos evangélicos que perfeccionan
la Ley

172. Cuarto discurso de la Montaña: el juramento, la oración, el ayuno. El anciano Ismael y Sara

173. Quinto discurso de la Montaña: el uso de las riquezas; la limosna; la confianza en Dios.

174. Sexto discurso de la Montaña: la elección entre el Bien y el Mal; el adulterio; el divorcio. La llegada importuna de
María de Magdala.

175. El leproso curado al pie del Monte. Generosidad
del escriba Juan

176. Durante el descanso sabático, el último discurso
de la Montaña:
amar la voluntad de Dios

177. La curación del siervo
del centurión

178. Tres hombres que quieren seguir a Jesús

179. La parábola del sembrador. En Corazín con el nuevo
discípulo Elías

180. Controversia en la cocina de Pedro en Betsaida. Explicación de la parábola del sembrador. La noticia de la segunda captura de Juan el Bautista

181. La parábola del trigo
y la cizaña

182. Palabras a algunos pastores
con el huerfanito Zacarías

183. La curación de un hombre herido en casa de
María de Magdala

184. El pequeño Benjamín de Magdala y dos parábolas sobre
el Reino de los Cielos

185. La tempestad calmada.
Una lección sobre
sus preliminares

186. Los dos endemoniados de la región de los Gerasenos

187. Hacia Jerusalén
para la Pascua.
De Tariquea al monte Tabor

188. La gruta de la maga y el encuentro con Félix, llamado luego Juan

189. En Naím. Resurrección del hijo de una viuda

190. La llegada a la llanura de Esdrelón durante la puesta
del sol del viernes

191. El sábado en Esdrelón.
El pequeño Yabés.
Parábola del rico Epulón

192. Una predicción a Santiago de Alfeo. La Regada a Engannim tras un alto en Meguido

193. Llegada a Siquem tras dos días de camino

194. La revelación al pequeño Yabés durante el camino de Siquem a Berot

195. Una lección de Juan de Endor a Judas Iscariote.
Llegada a Jerusalén

196. El sábado en Getsemaní. Jesús habla de su Madre y de los amores de distintas potencias

197. En el Templo con José de Arimatea. La hora del incienso

198. El encuentro con la Madre en Betania. Yabés cambia su nombre por el de Margziam

199. Donde los leprosos de Siloán y Ben Hinnom. Pedro obtiene a Margziam
por medio de María

200. Coloquio de Áglae
con el Salvador

201. El examen de la mayoría
de edad de Margzia

202. Judas Iscariote es reprendido. Llegada de los campesinos de Jocanán

203. El Padrenuestro

204. La fe y el alma explicadas a los paganos con la parábola
de los templos

205. La parábola del hijo pródigo

206. Con dos parábolas sobre el Reino de los Cielos, termina la permanencia en Betania

207. En la gruta de
Belén la Madre evoca
el nacimiento de Jesús

208. María Santísima ve de nuevo al pastor Elías y con Jesús va a Betsur donde Elisa

209. La fecundidad del dolor, en el discurso de Jesús junto a la casa de Elisa en Betsur

210. Las inquietudes de Judas Iscariote durante el camino
hacia Hebrón

211. Regreso a Hebrón, patria del Bautista

212. Una ola de amor a Jesús, que en Yuttá habla desde
la casita de Isaac

213. En Keriot una profecía de Jesús y el comienzo de la predicación apostólica

214. La madre de Judas abre su corazón a María Stma., que ha llegado a Keriot

215. El posadero de Bet Yinna
y su hija lunática

216. Las infidelidades de los discípulos en la parábola
del diente de león

217. Las espigas arrancadas
un sábado

218. La llegada a Ascalón,
ciudad filistea

219. Los distintos frutos de la predicación de los apóstoles en la ciudad de Ascalón

220. Los idólatras de Magdalgad y la curación milagrosa
de la parturienta

221. Los prejuicios de los apóstoles respecto a los paganos y la parábola del hijo deforme

222. Un secreto del apóstol Juan

223. Una caravana nupcial se libra del asalto de bandidos después de un discurso de Jesús

224. En el apóstol Juan actúa el Amor. Llegada a Béter

225. El paralítico de la piscina de Betseida y la disputa sobre las obras del Hijo de Dios

226. Un signo bueno por parte de María de Magdala. Muerte del anciano Ismael

227. Un episodio incompleto

228. Margziam confiado
a Porfiria

229. Discurso a los habitantes de Betsaida sobre el gesto de caridad de Simón Pedro

230. Curación de la hemorroisa y resurrección de la hija de Jairo

231. En Cafarnaúm, Jesús y Marta hablan de la crisis que atormenta a María de Magdala

232. Curación de dos ciegos y de un mudo endemoniado

233. La parábola de la oveja perdida. María de Magdala también la oye

234. Comentario de tres episodios sobre la conversión de María de Magdala

235. Marta ha recibido de su hermana María la certidumbre de la conversión

236. La cena en casa de Simón el fariseo y la absolución
a María de Magdala

237. La petición de obreros para la mies, y la parábola del tesoro escondido en el campo. Marta todavía teme por su
hermana María

238. Llegada de María Stma. con María de Magdala a Cafarnaúm en medio de una tempestad

239. La parábola de los peces, la parábola de la perla, y del tesoro de las enseñanzas viejas y nuevas

240. En Betsaida, en la casa de Simón, con Porfiria y Margziam, el cual enseña a la Magdalena la oración de Jesús

241. Vocación de la hija de Felipe. Llegada a Magdala y parábola de la dracma perdida

242. Jesús habla sobre la Verdad al romano Crispo, el único que lo escucha de Tiberíades

243. En Caná en la casa de Susana. Las expresiones, los gestos y la voz de Jesús. Debate de los apóstoles acerca de las posesiones diabólicas

244. Juan repite un discurso de Jesús sobre la Creación y sobre los pueblos que esperan la Luz

245. Una acusación de los nazarenos a Jesús, rechazada con la parábola del
leproso curado

246. Un apólogo para los habitantes de Nazaret, los cuales permanecen incrédulos

247. María Stma. instruye a la Magdalena en orden
a la oración mental

248. En Belén de Galilea. Juicio ante un homicidio y parábola de los bosques petrificados

249. María Stma. instruye a Judas Iscariote sobre el deber preeminente de la
fidelidad a Dios

250. A los discípulos que han venido con Isaac: la parábola del lodo transformado en llama. Juan de Endor es alma víctima

251. A los pescadores siro-fenicios: la parábola del minero perseverante. Hermasteo
de Ascalón

252. El regreso de Tiro. Milagros. Parábola de la vid y el olmo

253. María Santísima devela a María de Alfeo el sentido de la maternidad espiritualizada.
La Magdalena debe
forjarse sufriendo

254. El encuentro con Síntica, esclava griega y la llegada a Cesárea Marítima

255. Despedida de las hermanas Marta y María, que parten con Síntica. Una lección
a Judas Iscariote

256. Parábola sobre la virtud de la esperanza, que sujeta la fe
y la caridad

257. Retiro de Jesús y Santiago de Alfeo en el monte Carmelo

258. Jesús revela a Santiago de Alfeo cuál será su misión
de apóstol

259. Lección sobre la Iglesia y los Sacramentos a Santiago de Alfeo, que obra un milagro

260. Dos parábolas de Pedro para los campesinos
de la llanura de Esdrelón

261. Exhortación a los campesinos de Doras,
que ahora lo son de Jocanán

262. Una hija no querida y el papel de la mujer redimida.
El Iscariote solicita
la ayuda de María

263. Curación del hombre del brazo atrofiado

264. Una jornada de Judas Iscariote en Nazaret

265. Instrucciones a los doce apóstoles al comienzo
de su ministerio

266. Los discípulos del Bautista quieren verificar que Jesús es el Mesías. Testimonio sobre el Precursor e invectiva contra las ciudades impenitentes

267. Jesús, carpintero en Corazín

268. Lección sobre la caridad con la parábola de los titos. El yugo de Jesús es ligero

269. La disputa con escribas y fariseos en Cafarnaúm. Llegada de la Madre y de los hermanos

270. Jesús recibe la noticia de que han matado a
Juan el Bautista

271. Salida para Tariquea con los apóstoles, que han regresado a Cafarnaúm

272. Reencarnación y vida eterna en el diálogo con un escriba

273. La primera multiplicación
de los panes

274. Jesús camina sobre las aguas. Su prontitud en socorrer
a quien le invoca

275. Cuatro nuevos discípulos. Jesús habla sobre las obras de misericordia corporal y espiritual

276. El hombre avaro y la parábola del rico necio. Las inquietudes y la vigilancia
en los siervos de Dios

277. En Magdala, en los jardines de María. El amor y la corrección entre hermanos

278. El perdón y la parábola del siervo inicuo. La misión confiada a setenta y dos discípulos

279. Encuentro con Lázaro en el campo de los Galileos

280. El regreso de los setenta y dos. Profecía sobre
los místicos futuros

281. En el Templo durante la fiesta de los Tabernáculos. Las condiciones para seguir a Jesús. La parábola de los talentos y la parábola del buen samaritano

282. La delación al Sanedrín respecto a Hermasteo,
Juan de Endor y Síntica

283. Síntica habla de su encuentro con la Verdad

284. La casita donada por Salomón. Cuatro apóstoles
se quedarán en Judea

285. Lázaro ofrece un refugio para Juan de Endor y Síntica. Viaje feliz hacia Jericó
sin Judas Iscariote

286. En Ramot con el mercader Alejandro Misax. Lección a Síntica sobre el recuerdo
de las almas

287. De Ramot a Gerasa con la caravana del mercader

288. Palabras a los habitantes de Gerasa y alabanza de una mujer a la Madre de Jesús

289. AEl sábado a Gerasa. Asueto de Margziam. La pregunta de Síntica sobre la salvación
de los paganos

290. El hombre de los ojos ulcerosos. El alto en la "fuente del Camellero". Más sobre el recuerdo de las almas

291. Margziam descubre por qué Jesús ora todos los días
a la hora nona

292. Insidia de escribas y fariseos en Bosrá

293. Palabras de Jesús y milagros en Bosrá, después de la irrupción de dos fariseos. El don de la fe a Alejandro Misax

294. La rica dádiva del mercader. Adiós a la Madre
y a las discípulas

295. Palabras y milagros en Arbela, ya evangelizada por Felipe de Jacob

296. Llegada a Aera bajo la lluvia. Curación de los enfermos que allí esperan

297. Con el sermón de Aera termina el segundo
gran viaje apostólico

298. La ayuda prestada a los huerfanitos María y Matías y las enseñanzas que de ella
se deducen

299. A Juana de Cusa le son confiados, para su tutela, los huerfanitos María y Matías

300. Con escribas y fariseos en casa del resucitado de Naím

301. ola de las frentes destronadas y explicación de la parábola sobre lo no puro

302. En Magdala, antes de mandar a todos a sus respectivas familias para las Encenias

303. Jesús donde su Madre
en Nazaret

304. Con Juan de Endor, Síntica y Margziam. María es Madre
y Maestra

305. Jesús consuela a Margziam con la parábola de los pajarillos

306. También Simón Zelote está en Nazaret. Lección sobre los daños del ocio

307. Controversia en la casa de Nazaret acerca de las culpas de los nazarenos. Lección sobre la tendencia al pecado a pesar de la Redención

308. Curación del hijo de Simón de Alfeo. Margziam es el primero de los niños discípulos

309. Sacrificio de Margziam por la curación de una niña. Enmienda de Simón de Alfeo

310. Con Pedro, en Nazaret, Jesús organiza la partida
de Juan de Endor y Síntica

311. La renuncia de Margziam es ocasión de una lección sobre los sacrificios hechos por amor

312. Jesús comunica a Juan de Endor la decisión de enviarle a Antioquía. Final del segundo año

 

265- Instrucciones a los doce apóstoles
al comienzo de su ministerio


Jesús y los apóstoles -están todos: señal de que Judas Iscariote, cumplida su obra, se ha unido de nuevo a sus compañeros-están sentados a la mesa en la casa de Cafarnaúm. Atardece. La luz del día que declina entra por la puerta y las ventanas abiertas de par en par.

A través de éstas, se puede ver cómo la púrpura del ocaso se va transformando en un rojo violáceo irreal, que en los bordes se desfleca formando abarquillamientos de un color turquí que termina en gris. Me recuerda a una hoja de papel arrojada al fuego: se enciende como el carbón en que cae, pero, en los bordes, después de la llamarada, se abarquilla y se apaga tomando un color plomo azulado que termina en un gris perlino casi blanco.

-Calor -sentencia Pedro, señalando hacia la voluminosa nube que viste el occidente de esos colores. -Calor. No agua. Eso es niebla, no nube. Esta noche duermo en la barca para estar más fresco.

-No. Esta noche vamos a los olivares. Necesito hablaros. Judas ya ha vuelto. Es tiempo de hablar. Conozco un lugar ventilado donde estaremos bien. Levantaos. Vamos.
-¿Está lejos? -preguntan mientras cogen los mantos.
-No. Muy cerca. A un tiro de honda de la última casa. Podéis dejar los mantos. Coged, eso sí, yesca y eslabón para vernos al volver.

Salen de la habitación alta y bajan la escalera tras haber saludado al dueño de la casa y a su mujer, que están tomando el fresco en la terraza.

Jesús vuelve resueltamente la espalda al lago, y, atravesada la ciudad, recorre unos doscientos o trescientos metros por entre los olivos de una primera loma de detrás de la ciudad. Se detiene cuando llega al borde de un ribazo, que, por su posición saliente y libre de obstáculos, goza de todo el aire de que es posible gozar en esta noche de bochorno.

-Vamos a sentarnos. Prestadme atención. Ha llegado la hora de vuestra labor evangelizadora. He llegado aproximadamente a la mitad de mi vida pública para preparar los corazones para mi Reino. Ahora es tiempo de que también mis apóstoles tengan parte en la preparación de este Reino. Los reyes actúan así cuando deciden conquistar un país. Primero investigan y toman contacto con personas para oír las reacciones y formarlas en la idea que persiguen. Luego extienden la obra de preparación enviando personas de confianza al reino que quieren conquistar. Envían cada vez más personas, hasta que todas las particularidades geográficas y morales del país son manifiestas. Una vez hecho esto, el rey cumple cabalmente la obra y se proclama rey de ese lugar y se corona rey. Para llevarlo a cabo corre la sangre. Porque las victorias cuestan siempre sangre...

-Estamos resueltos a luchar por ti y a derramar nuestra sangre -prometen unánimemente los apóstoles.
-Sólo derramaré la sangre del Santo y de los santos.
-¿Quieres empezar la conquista por el Templo, irrumpiendo durante la hora de los sacrificios?...

-No divaguemos, amigos. Sabréis el futuro a su debido tiempo. No os estremezcáis de horror de todas formas. Os aseguro que no voy a trastocar las ceremonias con la violencia de una irrupción. Y, no obstante, serán desbaratadas; llegará un día, una tarde, en que el terror, el terror de los pecadores, impedirá la oración ritual. Mas Yo, esa tarde, estaré en paz, en paz con mi espíritu y mi cuerpo, una paz total, beatífica...

Jesús mira, uno a uno, a sus doce; es como si mirase la misma página doce veces y en ella leyera doce veces la misma palabra escrita: no comprenden. Sonríe y prosigue.
-Pues bien, he decidido enviaros, para penetrar más y más ampliamente de cuanto Yo solo podría hacer. Pero pondré prudenciales diferencias entre mi modo de evangelizar y el vuestro, para no crearos dificultades demasiado fuertes ni meteros en peligros demasiado serios para vuestra alma y vuestro cuerpo y para no causar perjuicio a mi obra.

Todavía no estáis formados hasta el punto de poder relacionaros con cualquier persona, quienquiera que sea, sin que os perjudique o la perjudiquéis, ni -mucho menos aún tenéis el heroísmo suficiente como para desafiar al mundo por causa de la Idea adelantándoos a hacer frente a las venganzas del mundo. Por tanto, no vayáis a los gentiles cuando vayáis a predicarme, ni entréis en las ciudades de los samaritanos; id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel: hay mucha labor que hacer con éstas; en verdad os digo que estas multitudes, que os parecen muchas, en torno a mí, son la centésima parte de las que en Israel todavía esperan al Mesías y no lo conocen ni saben que vive. Llevadles a éstas la fe y el conocimiento de mí.

Por el camino predicad: "El Reino de los Cielos está cerca". Éste debe ser el anuncio basilar, apoyad en él toda vuestra predicación. ¡Mucho me habéis oído hablar del Reino! No tenéis sino que repetir mis palabras. Ahora bien, el hombre, para sentirse atraído por las verdades espirituales, para sentirse convencido de ellas, necesita estímulos de carácter material, como si fuera un eterno niño, que no estudia una lección, no aprende un oficio, si no tiene el estímulo de un dulce de su madre o de un premio del maestro de la escuela o del maestro del oficio.

Pues bien, para que dispongáis del medio para que crean en vosotros y os busquen, os concedo el don de milagros...

Los apóstoles se levantan de improviso -excepto Santiago de Alfeo y Juan-y, según el temperamento de cada uno, gritan, protestan, se exaltan... Verdaderamente el único que se pavonea de la idea de hacer milagros es Judas Iscariote, el cual, a pesar de la gran deuda que tiene en su alma de haber hecho una acusación falsa e interesada, exclama:

-¡Ya era hora de que también nosotros hiciéramos esto, para gozar de un mínimo de autoridad sobre las multitudes!

Jesús lo mira, pero no dice nada. Pedro y el Zelote -que están diciendo: « ¡No, Señor! ¡No somos dignos de tanto! Eso es para los santos»-rebaten enérgicamente a Judas: el Zelote dice: « ¿Cómo te atreves, hombre necio y orgulloso, a censurar al Maestro?»; y Pedro: « ¿Un mínimo? ¿Pero, qué quieres hacer más que milagros? ¿Ser Dios tú también? ¿Sientes, acaso, la misma comezón que Lucifer?».

«¡Silencio!» dice Jesús con tono autoritario. Y prosigue:
-Hay una cosa que supera al milagro y que convence igualmente a las multitudes, y con mayor profundidad y duración: una vida santa. Pero vosotros estáis todavía lejos de esta vida, y tú, Judas, más lejos que los demás. Mas dejadme hablar porque es una larga instrucción.

Id, pues, y curad a los enfermos, limpiad a los leprosos, resucitad a los muertos del cuerpo y del espíritu (porque cuerpo y espíritu pueden estar igualmente enfermos, leprosos, muertos). Ya sabéis cómo se obra un milagro: con vida de penitencia, ferviente oración, sincero deseo de hacer brillar el poder de Dios, humildad profunda, viva caridad, encendida fe, esperanza imperturbable ante cualquier tipo de dificultad. En verdad os digo que todo es posible para quien dispone de estos elementos. Y los demonios huirán ante el Nombre del Señor pronunciado por vosotros, si tenéis cuanto he dicho. Este poder os viene de mí y de nuestro Padre. No se compra con moneda alguna.

Sólo nuestra voluntad lo concede, sólo la vida justa lo mantiene. De la misma forma que se os da gratis, gratuitamente habéis de darlo a los demás, a los que tengan necesidad de él. ¡Ay de vosotros si rebajáis el don de Dios sirviéndoos de él para engrosar vuestra bolsa! No es vuestro poder, es poder de Dios. Usadlo, mas no os apropiéis de él diciendo: "Es mío". De la misma forma que se os da, se os puede quitar.

Simón de Jonás poco antes ha dicho a Judas de Simón: "¿Tienes la misma comezón que Lucifer?". Ha expresado una justa definición. Decir: "Hago lo que hace Dios porque soy como Dios" es imitar a Lucifer. Su castigo lo conocemos. También sabemos lo que les sucedió a los dos que comieron el fruto prohibido en el paraíso terrenal, por instigación del Envidioso -que quería llevar a otros desdichados a su Infierno, además de los rebeldes angélicos que ya había-, y también por el propio prurito de soberbia perfecta.

El único fruto que os es lícito coger de lo que hacéis son las almas que con el milagro conquistaréis para el Señor y que deben entregársele al Señor. Esas son vuestras monedas, no otras; en la otra vida gozaréis de su tesoro.

Id sin riquezas. No llevéis con vosotros ni oro, ni plata, ni monedas en vuestros cinturones; ni saca de viaje con dos o más indumentos y calzado de repuesto, ni bastón de peregrino, ni armas humanas. En efecto, por ahora, vuestras visitas apostólicas serán cortas y todas las vigilias de los sábados nos veremos, y podréis dejar vuestros vestidos sudados sin tener necesidad de llevar con vosotros uno para cambiaros. No hace falta el bastón, porque el camino es aquí suave; bien distinto es lo que se necesita en los desiertos y montañas altas de lo que se necesita en colinas y llanuras. No hacen falta armas; éstas son útiles para el hombre que no conoce la santa pobreza e ignora el divino perdón. Pero vosotros no tenéis tesoros que cuidar y defender de los ladrones. El único al que debéis temer, el único ladrón para vosotros es Satanás, y Satanás se vence con la constancia y la oración, no con espadas y puñales.

Perdonad al que os ofenda. Si os despojasen del manto, dad también la túnica. Aunque os quedarais completamente desnudos por mansedumbre y desapego de las riquezas, no escandalizaríais a los ángeles del Señor ni a la infinita Castidad de Dios, porque vuestra caridad vestiría de oro vuestro cuerpo desnudo, la mansedumbre os sería compuesto cinturón, el perdón hacia el ladrón os pondría manto y corona regia; estaríais, por tanto, mejor vestidos que un rey, no de tela corruptible, sino de materia incorruptible.

No os preocupéis por qué habréis de comer. Dispondréis siempre de lo apropiado para vuestra condición y ministerio, porque el obrero es digno del alimento que le ofrecen. Siempre. Dios proveería de lo necesario a su obrero, si los hombres no lo hicieran. Ya os he mostrado que para vivir y predicar no es necesario atiborrarse de comida. Eso va bien para los animales impuros, cuya misión es la de engordar para ser entregados a la muerte y engordar a los hombres. Vosotros sólo debéis nutrir bien vuestro espíritu y el de los demás con alimentos sapienciales.

Mas la Sabiduría se hace presente con su luz a una mente no embotada por la crápula, a un corazón que se nutre de cosas espirituales. Jamás habéis sido tan elocuentes como después del retiro en el monte, y en aquel entonces comisteis sólo lo indispensable para no morir; pues bien, a pesar de ello, al final del retiro estabais fuertes y joviales como nunca. ¿No es, acaso, verdad?

En cualquier ciudad que entréis, informaos de que haya quien merezca recibiros. No porque seáis Simón, Judas, Bartolomé, Santiago, Juan, etc., sino porque sois los mensajeros del Señor. Aunque hubierais sido escoria, asesinos, ladrones, publicanos, ahora, arrepentidos y a mi servicio, merecéis respeto porque sois mis mensajeros.

Digo más. Digo: ¡ay de vosotros si, teniendo la apariencia de mensajeros míos, por dentro sois viles y diabólicos!, ¡ay de vosotros!; el Infierno es poco para lo que mereceríais por vuestro engaño.

Pero, aunque fuerais contemporáneamente mensajeros de Dios en la apariencia y, por dentro, escoria, publicanos, ladrones, asesinos; aunque los corazones tuvieran sospechas respecto a vosotros, o casi certeza... se os debe honrar y respetar porque sois mis mensajeros.

El ojo del hombre debe ir más allá del medio, debe ver al mensajero y debe ver el fin, ver a Dios y su obra más allá del medio, que demasiado frecuentemente es deficiente. Sólo en casos de culpas graves que dañen la fe de los corazones, Yo por ahora, luego quien me suceda, tomaremos medidas para amputar el miembro corrompido. Porque no es lícito que por un sacerdote demonio se pierdan almas de fieles. Nunca será lícito, por esconder las llagas abiertas en el cuerpo apostólico, permitir que en él pervivan cuerpos gangrenados que con su aspecto repugnante obliguen a alejarse y con su hedor demoníaco envenenen.

Os informaréis, por tanto, de cuál es la familia de vida más recta, donde las mujeres saben estar retiradas y se disciplinan las costumbres. Entraréis en esa casa y en ella os alojaréis hasta el momento de vuestra partida.

No imitéis a los zánganos, que después de succionar una flor pasan a otra más nutritiva. Tanto si os veis entre personas de buena cama y rica mesa, como si os toca una familia humilde, rica sólo en virtudes, quedaos donde estéis. No busquéis nunca "lo mejor'" para el cuerpo mortal. Antes bien, dadle siempre lo peor y reservad todos los derechos al espíritu. Si podéis -os digo esto porque conviene que lo hagáis-, con toda diligencia, dad la preferencia a los pobres para vuestra estancia en el lugar: para no humillarlos, y en memoria mía, que soy y permanezco pobre y me glorío de serlo, y también porque los pobres frecuentemente son mejores que los ricos.

Encontraréis siempre pobres justos, mientras que será raro encontrar un rico exento de injusticia. No tenéis, por tanto, la disculpa de decir: "Sólo he encontrado bondad en los ricos", para justificar vuestra sed de bienestar.

Al entrar en la casa saludad con mi saludo, que es el más dulce de los saludos. Decid: "La paz sea con vosotros. Paz a esta casa" o "la paz descienda sobre esta casa".

En efecto, vosotros, mensajeros de Jesús y de la Buena Nueva, lleváis con vosotros la paz, y vuestra llegada a un lugar significa hacer llegar a ese lugar la paz. Si la casa es digna de la paz, la paz descenderá sobre ella y permanecerá en ella; si no lo es, la paz volverá a vosotros. Pero estad atentos a ser vosotros pacíficos, para tener por Padre a Dios. Un padre siempre ayuda; vosotros, ayudados por Dios, haréis todo, y lo haréis bien.

Puede suceder, es más, sucederá, que una ciudad o una casa no os reciban; no querrán escuchar vuestras palabras, os expulsarán, os tomarán a risa, os perseguirán a pedradas cual profetas molestos. Entonces tendréis más necesidad que nunca de ser pacíficos, humildes, mansos, como hábito de vida. Si no, la ira se impondrá y pecaréis: escandalizaréis y aumentaréis la incredulidad de los que se han de convertir. Sin embargo, si recibís con paz la ofensa que supone el ser expulsados, escarnecidos, perseguidos, convertiréis con el más bello de los discursos: la silenciosa predicación de la virtud verdadera. Un día volveréis a encontrar a los enemigos de hoy en vuestro camino, y os dirán:

"Os hemos buscado porque vuestro modo de actuar nos ha persuadido de la Verdad que anunciáis. Os pedimos vuestro perdón y que nos acojáis como discípulos. Porque no os conocíamos. Pero ahora sabemos que sois santos. Por tanto, si sois santos, debéis ser mensajeros de un santo. Ahora creemos en Él".

De todas formas, al salir de la ciudad o casa que no os hayan recibido, sacudíos hasta el polvo de las sandalias, para que la soberbia y la dureza de aquel lugar no se peguen ni siquiera a vuestras suelas. En verdad os digo que el día del Juicio Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos dureza que esa ciudad.

Mirad, os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas. Porque ya sabéis cómo el mundo -que, en verdad, es más de lobos que de ovejas-me trata a mí, que soy el Cristo. Yo puedo defenderme con mi poder, y lo haré mientras no llegue la hora del triunfo temporal del mundo.

Pero vosotros no tenéis este poder y necesitáis mayor prudencia y sencillez. Mayor sagacidad, por tanto, para evitar, por ahora, cárceles y flagelaciones.

Verdaderamente, a pesar de vuestras abiertas declaraciones de querer dar vuestra sangre por mí, por el momento no soportáis ni siquiera una mirada irónica o iracunda. Llegará un tiempo en que seréis fuertes como héroes contra todas las persecuciones; más fuertes que héroes, con un heroísmo inconcebible para los criterios del mundo, inexplicable, que será llamado "locura". ¡No, no será locura! Será la identificación, en virtud del amor, del hombre con el Hombre-Dios, y sabréis hacer lo que Yo haga.

Para comprender este heroísmo hará falta verlo, estudiarlo y juzgarlo, desde niveles ultraterrenos, porque es una cosa sobrenatural que se escapa a todas las restricciones de la naturaleza humana. Los reyes, los reyes del espíritu serán mis héroes, eternamente reyes y héroes...

En aquella hora os arrestarán, os pondrán las manos encima, os llevarán ante los tribunales, los jefes y los reyes, para que os juzguen y condenen por ese gran pecado ante los ojos del mundo que es el ser los siervos de Dios, los ministros y tutores del Bien, los maestros de las virtudes. Por ser estas cosas os flagelarán y os castigarán de mil modos, hasta acabar con vuestra vida. Y daréis testimonio de mí a los reyes, a los jefes, a las naciones, confesando con la sangre que amáis a Cristo, el Hijo verdadero del Dios verdadero.

Cuando caigáis en sus manos, no os aflijáis por lo que tendréis que responder ni de lo que habréis de decir. En aquella hora no debéis tener ninguna pena aparte de la de la aflicción por vuestros jueces y acusadores, que Satanás desvía hasta el punto de hacerlos ciegos para la Verdad.

Las palabras que habrá que decir se os darán en ese momento. Vuestro Padre las pondrá en vuestros labios, porque en aquella hora no seréis vosotros los que habléis para convertir a la Fe y para profesar la Verdad, sino que será el Espíritu del Padre vuestro el que hablará en vosotros.

En aquella hora el hermano dará muerte al hermano, el padre al hijo, los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán. ¡No desfallezcáis ni os escandalicéis! Respondedme: ¿para vosotros es mayor delito matar a un padre, a un hermano, a un hijo, o a Dios mismo?

A Dios no se le puede matar -dice secamente Judas Iscariote.

-Es verdad. Es Espíritu inaprensible -confirma Bartolomé.

Y los demás, aunque callen, son de la misma opinión.
-Yo soy Dios, y Carne soy -dice serenamente Jesús.

-Nadie pretende matarte -replica Judas Iscariote.
-Os ruego que respondáis a mi pregunta.
-¡Es más grave matar a Dios! ¡Se entiende!

-Pues bien, el hombre dará muerte a Dios, en la Carne del Hombre Dios y en el alma de los asesinos del Hombre Dios.

Por tanto, de la misma forma que se llegará a cumplir este delito, sin el horror de sus autores, se llegará al delito de los padres, hermanos, hijos, contra hijos, hermanos, padres.

Seréis odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero quien persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra (no por vileza, sino para darle tiempo a la recién nacida Iglesia de Cristo de alcanzar la edad adulta ­superando la edad del lactante débil e inexperto-en que sea capaz de afrontar la vida y la muerte sin temer a la Muerte). Aquellos a quienes el Espíritu les aconseje huir huyan, como huí Yo cuando era pequeño.

Verdaderamente en la vida de mi Iglesia se repetirán todas las vicisitudes de mi vida de hombre. Todas. Desde el misterio de su formación en la humildad en los primeros tiempos, a las turbaciones e insidias que le vendrán de los hombres violentos, o a la necesidad de huir para seguir existiendo; desde la pobreza y el trabajo infatigable, hasta muchas otras cosas que vivo actualmente, o que sufriré mañana, hasta llegar al triunfo eterno. Aquellos a quienes, por el contrario, el Espíritu les aconseja quedarse quédense: sí, aunque caigan asesinados, vivirán y serán útiles a la Iglesia; sí, siempre está bien lo que el Espíritu de Dios aconseja.

En verdad os digo que no acabaréis, ni vosotros ni los que os sucedan, de recorrer los caminos y ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre. Porque Israel, por un tremendo pecado suyo, será dispersado, como cascarilla embestida por un torbellino, y diseminado por toda la Tierra; habrán de sucederse siglos y milenios, uno y otro y otro..., antes de que sea recogido de nuevo en la era de Arauná el Jebuseo (2 Samuel 24, 16 ̀ 25; 1 Crónicas 21, 15 30).

Cada vez que lo intente, antes de la hora señalada, será nuevamente embestido por el torbellino y dispersado, porque Israel tendrá que llorar su pecado durante tantos siglos cuantas serán las gotas que lloverán de las venas del Cordero de Dios inmolado por los pecados del mundo. Mi Iglesia -agredida por Israel en mí y en mis apóstoles y discípulos-deberá abrir sus brazos maternos, para tratar también de recoger a Israel bajo su manto, como hace una gallina con los polluelos que se dispersan. Cuando todo Israel esté bajo el manto de la Iglesia de Cristo, vendré.
Mas éstas son cosas futuras, hablemos de las inmediatas.

Tened siempre presente que el discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor; bástele, pues, al discípulo ser como su Maestro (ya de por sí inmerecido honor), y al siervo como su señor (la concesión de lo cual, ya de por sí, es bondad sobrenatural).

Si han llamado Belcebú al Señor de la casa, ¿qué llamarán a sus siervos? ¿Podrán, acaso, rebelarse los siervos cuando no se rebela su Señor, ni odia ni maldice, sino que, sereno en su justicia, continúa su obra, posponiendo el juicio para otro momento, una vez que, habiendo intentado todo para persuadirlos, haya visto su obstinación en el Mal? No. Los siervos no podrán hacer lo que no hace su Señor; antes bien, deberán imitarlo, pensando que ellos también son pecadores, mientras que Él no tenía pecado. No temáis, por tanto, a los que os llamen "demonios". Día llegará en que la verdad será sabida; entonces se verá quiénes eran los "demonios", si vosotros o ellos.

No hay nada escondido que quede sin revelar; nada secreto que no se venga a saber. Lo que ahora os digo en la sombra y en secreto, porque el mundo no es digno de conocer todas las palabras del Verbo -no es digno el mundo todavía, ni es hora de hacer extensiva la manifestación de estas cosas a los indignos-, cuando llegue la hora de que todo deba ser conocido, decidlo a la luz, gritad desde los tejados lo que Yo ahora os susurro más al alma que al oído. Entonces, en efecto, el mundo ya habrá sido bautizado por la Sangre.

Satanás encontrará ante sí un estandarte por el que el mundo, si quiere, podrá comprender los secretos de Dios; él, sin embargo, no podrá dañar sino a quien desea su mordisco y lo prefiere a mi beso. Pero ocho partes de diez del mundo no querrán comprender. Sólo las minorías tendrán voluntad de saber todo para seguir todo lo que es mi Doctrina.

No importa. Dado que no se puede separar estas dos partes santas de la masa injusta, predicad desde los tejados mi Doctrina, predicadla desde lo alto de los montes, por los mares sin confines, en las entrañas de la tierra; aunque los hombres no la escuchen, recogerán las divinas palabras los pájaros y los vientos, los peces y las olas, conservarán su eco las entrañas del suelo para decírselo a los manantiales internos, a los minerales, a los metales, y exultarán todos ellos, porque también ellos han sido creados por Dios para ser escabel de mis pies y alegría de mi corazón.

No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; temed sólo a quien puede mandar vuestra alma a la perdición y reunirla en el Ultimo Juicio con el cuerpo resucitado, para arrojarlos al fuego del Infierno. No temáis. ¿No se venden dos pájaros por un as? Y, sin embargo, si el Padre no lo permite, ni uno de ellos caerá a pesar de todas las asechanzas del hombre. No temáis, pues. El Padre os conoce. Como también conoce el número de vuestros cabellos. ¡Vosotros valéis más que muchos pájaros!

Os digo que a quien me confiese ante los hombres Yo también lo confesaré ante mi Padre, que está en los Cielos; mas a quien me niegue ante los hombres, también Yo lo negaré ante mi Padre. Confesar, aquí, significa seguir y practicar; negar significa abandonar mi camino por vileza, por ternaria concupiscencia, por mezquino cálculo, por afecto humano hacia un allegado vuestro contrario a mí. Porque estas cosas sucederán.

No creáis que haya venido a instaurar la concordia en la tierra y para la tierra. Mi paz es más alta que las paces premeditadas que tienen la finalidad de poderse uno manejar diariamente en la vida. No he venido a traer la paz, sino la espada; la espada afilada para cortar las lianas que impiden salir del fango, abriendo así los caminos a los vuelos en el mundo sobrenatural. Así pues, he venido a separar al hijo del padre, a la hija de la madre, a la nuera de la suegra. Porque Yo soy el que reina y tiene todos los derechos sobre sus súbditos. Porque ninguno es más grande que Yo en derechos sobre los afectos. Porque en mí se centran todos los amores y se subliman; soy Padre, Madre, Esposo, Hermano, Amigo: así os amo y así debo ser amado. Cuando digo: "Quiero", ningún vínculo puede resistir y la criatura es mía. Yo con mi Padre la he creado, Yo por mí mismo la salvo, Yo tengo derecho a poseerla.

Verdaderamente los enemigos del hombre, además de los demonios, son los propios hombres; enemigos del hombre nuevo, del cristiano, serán los de su propia casa, con sus quejas, amenazas o súplicas. Pues bien, quien, de ahora en adelante, ame a su padre y a su madre más que a mí no es digno de mí; quien ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; el que no toma su cruz de cada día, compleja, formada de resignación, renuncias, obediencia, heroísmos, dolores, enfermedades, lutos, de todo aquello que es manifestación de la voluntad de Dios o de una prueba del hombre... el que no la toma y con ella me sigue no es digno de mí. Quien estima más su vida terrena que la vida espiritual perderá la Vida verdadera. Quien pierda su vida terrena por amor mío la volverá a encontrar, eterna y bienaventurada.

Quien a vosotros os recibe a mí me recibe, quien me recibe a mí recibe a Aquel que me ha enviado; quien reciba a un profeta como profeta recibirá premio proporcional a la caridad ejercida con el profeta; quien reciba a un justo como justo recibirá un premio proporcional al justo.

Esto es así porque el que reconoce al profeta en el profeta es señal de que también él es profeta, es decir, muy santo porque el Espíritu de Dios lo tiene en sus brazos; y quien reconoce a un justo como justo demuestra que él mismo es justo, porque las almas semejantes se reconocen. A cada uno, pues, se le dará según justicia.

Quien dé aunque sólo sea un vaso de agua pura a uno de mis siervos, aunque fuera al más pequeño -y son siervos de Jesús todos los que lo predican con una vida santa, y pueden serlo tanto los reyes como los mendigos, tanto los que saben mucho como los que no saben nada, los ancianos o los niños, porque a todas las edades y en todas las clases se puede ser discípulo mío-, quien dé a un discípulo mío aunque sólo sea un vaso de agua en mi nombre y por ser discípulo mío, en verdad os digo que no perderá su recompensa.

He dicho. Ahora vamos a orar y luego volvemos a la casa.

A1 alba partiréis; así: Simón de Jonás con Juan, Simón Zelote con Judas Iscariote, Andrés con Mateo, Santiago de Alfeo con Tomás, Felipe con Santiago de Zebedeo, Judas mi hermano con Bartolomé. Esta semana será así. Luego daré nuevas indicaciones. Vamos a orar.

Y oran en voz alta...

   


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