|
EL EVANGELIO
COMO ME HA SIDO REVELADO
Autor: María Valtorta
« PARTE 3 de 7 »
SEGUNDO AÑO DE LA
VIDA PUBLICA DE JESUS
Partes:
[ 1 ]
[ 2 ]
[ 3 ]
[ 4 ]
[ 5 ]
[ 6 ]
[ 7 ]
141. Yendo hacia Arimatea con los discípulos y con
José de Emaús
142. Con los doce hacia Samaria
143. La samaritana Fotinai
144. Los samaritanos invitan a Jesús a Sicar
145. El primer día en Sicar
146. El segundo día en Sicar. Jesús se despide de los samaritanos
147. Curación de una mujer de Sicar y conversión de Fotinai
148. Jesús visita a Juan el Bautista en las cercanías de Enón
149. La visita a Juan el Bautista, motivo de instrucción
a los apóstoles
150. Jesús en Nazaret, en casa de su Madre. Ella deberá
seguir a su Hijo
151. En Caná en casa de Susana, que se hará discípula.
El oficial del rey
152. María Salomé es recibida como discípula
153. Las mujeres allegadas a los discípulos al servicio de Jesús
154. Jesús en Cesárea Marítima habla a los galeotes.
Las fatigas del apostolado
155. Curación de la niña romana en Cesárea
156. Analía, la primera de las vírgenes consagradas
157. Instrucciones a las discípulas en Nazaret
158. En el lago de Genesaret
con Juana de Cusa.
159. Discurso en Guerguesa. La respuesta sobre el ayuno a los discípulos de Juan el Bautista.
160. Encuentro con Gamaliel en el camino de Neftalí a Yiscala
161. Curación del nieto del fariseo Elí de Cafarnaúm
162. Las conversiones humanas del fariseo Elí
y de Simón de Alfeo
163. Comiendo en casa del fariseo Elí de Cafarnaúm
164. El retiro en el monte para la elección de los Apóstoles
165. Elección de los doce Apóstoles
166. Los milagros después de la elección apostólica. Simón el Zelote y Juan predican por primera vez
167. Jesús concurre con las romanas en el jardín
de Juana de Cusa
168. Aglae en casa de María,
en Nazaret
169. Primer discurso de la Montaña: la misión de los apóstoles y de los discípulos
170. Segundo discurso de la Montaña: el don de la Gracia; las bienaventuranzas
171. Tercer discurso de la Montaña: los consejos evangélicos que perfeccionan
la Ley
172. Cuarto discurso de la Montaña: el juramento, la oración, el ayuno. El anciano Ismael y Sara
173. Quinto discurso de la Montaña: el uso de las riquezas; la limosna; la confianza en Dios.
174. Sexto discurso de la Montaña: la elección entre el Bien y el Mal; el adulterio; el divorcio. La llegada importuna de
María de Magdala.
175. El leproso curado al pie del Monte. Generosidad
del escriba Juan
176. Durante el descanso sabático, el último discurso
de la Montaña:
amar la
voluntad de Dios
177. La curación del siervo
del centurión
178. Tres hombres que quieren seguir a Jesús
179. La parábola del sembrador. En Corazín con el nuevo
discípulo Elías
180. Controversia en la cocina de Pedro en Betsaida. Explicación de la parábola del sembrador. La noticia de la segunda captura de Juan el Bautista
181. La parábola del trigo
y la cizaña
182. Palabras a algunos pastores
con el huerfanito Zacarías
183. La curación de un hombre herido en casa de
María de Magdala
184. El pequeño Benjamín de Magdala y dos parábolas sobre
el Reino de los Cielos
185. La tempestad calmada.
Una lección sobre
sus preliminares
186. Los dos endemoniados de la región de los Gerasenos
187. Hacia Jerusalén
para la Pascua.
De Tariquea al monte Tabor
188. La gruta de la maga y el encuentro con Félix, llamado luego Juan
189. En Naím. Resurrección del hijo de una viuda
190. La llegada a la llanura de Esdrelón durante la puesta
del sol del viernes
191. El sábado en Esdrelón.
El pequeño Yabés.
Parábola del rico Epulón
192. Una predicción a Santiago de Alfeo. La Regada a Engannim tras un alto en Meguido
193. Llegada a Siquem tras dos días de camino
194. La revelación al pequeño Yabés durante el camino de Siquem a Berot
195. Una lección de Juan de Endor a Judas Iscariote.
Llegada a Jerusalén
196. El sábado en Getsemaní. Jesús habla de su Madre y de los amores de distintas potencias
197. En el Templo con José de Arimatea. La hora del incienso
198. El encuentro con la Madre en Betania. Yabés cambia su nombre por el de Margziam
199. Donde los leprosos de Siloán y Ben Hinnom. Pedro obtiene a Margziam
por medio de María
200. Coloquio de Áglae
con el Salvador
201. El examen de la mayoría
de edad de Margzia
202. Judas Iscariote es reprendido. Llegada de los campesinos de Jocanán
203. El Padrenuestro
204. La fe y el alma explicadas a los paganos con la parábola
de los templos
205. La parábola del hijo pródigo
206. Con dos parábolas sobre el Reino de los Cielos, termina la permanencia en Betania
207. En la gruta de
Belén la Madre evoca
el
nacimiento de Jesús
208. María Santísima ve de nuevo al pastor Elías y con Jesús va a Betsur donde Elisa
209. La fecundidad del dolor, en el discurso de Jesús junto a la casa de Elisa en Betsur
210. Las inquietudes de Judas Iscariote durante el camino
hacia Hebrón
211. Regreso a Hebrón, patria del Bautista
212. Una ola de amor a Jesús, que en Yuttá habla desde
la
casita de Isaac
213. En Keriot una profecía de Jesús y el comienzo de la predicación apostólica
214. La madre de Judas abre su corazón a María Stma., que ha llegado a Keriot
215. El posadero de Bet Yinna
y su hija lunática
216. Las infidelidades de los discípulos en la parábola
del diente de león
217. Las espigas arrancadas
un sábado
218. La llegada a Ascalón,
ciudad filistea
219. Los distintos frutos de la predicación de los apóstoles en la ciudad de Ascalón
220. Los idólatras de Magdalgad y la curación milagrosa
de la parturienta
221. Los prejuicios de los apóstoles respecto a los paganos y la parábola del hijo deforme
222. Un secreto del apóstol Juan
223. Una caravana nupcial se libra del asalto de bandidos después de un discurso de Jesús
224. En el apóstol Juan actúa el Amor. Llegada a Béter
225. El paralítico de la piscina de Betseida y la disputa sobre las obras del Hijo de Dios
226. Un signo bueno por parte de María de Magdala. Muerte del anciano Ismael
227. Un episodio incompleto
228. Margziam confiado
a Porfiria
229. Discurso a los habitantes de Betsaida sobre el gesto de caridad de Simón Pedro
230. Curación de la hemorroisa y resurrección de la hija de Jairo
231. En Cafarnaúm, Jesús y Marta hablan de la crisis que atormenta a María de Magdala
232. Curación de dos ciegos y de un mudo endemoniado
233. La parábola de la oveja perdida. María de Magdala también la oye
234. Comentario de tres episodios sobre la conversión de María de Magdala
235. Marta ha recibido de su hermana María la certidumbre de la conversión
236. La cena en casa de Simón el fariseo y la absolución
a María de Magdala
237. La petición de obreros para la mies, y la parábola del tesoro escondido en el campo. Marta todavía teme por su
hermana María
238. Llegada de María Stma. con María de Magdala a Cafarnaúm en medio de una tempestad
239. La parábola de los peces, la parábola de la perla, y del tesoro de las enseñanzas viejas y nuevas
240. En Betsaida, en la casa de Simón, con Porfiria y Margziam, el cual enseña a la Magdalena la oración de Jesús
241. Vocación de la hija de Felipe. Llegada a Magdala y parábola de la dracma perdida
242. Jesús habla sobre la Verdad al romano Crispo, el único que lo escucha de Tiberíades
243. En Caná en la casa de Susana. Las expresiones, los gestos y la voz de Jesús. Debate de los apóstoles acerca de las posesiones diabólicas
244. Juan repite un discurso de Jesús sobre la Creación y sobre los pueblos que esperan la Luz
245. Una acusación de los nazarenos a Jesús, rechazada con la parábola del
leproso curado
246. Un apólogo para los habitantes de Nazaret, los cuales permanecen incrédulos
247. María Stma. instruye a la Magdalena en orden
a la oración mental
248. En Belén de Galilea. Juicio ante un homicidio y parábola de los bosques petrificados
249. María Stma. instruye a Judas Iscariote sobre el deber preeminente de la
fidelidad a Dios
250. A los discípulos que han venido con Isaac: la parábola del lodo transformado en llama. Juan de Endor es alma víctima
251. A los pescadores siro-fenicios: la parábola del minero perseverante. Hermasteo
de Ascalón
252. El regreso de Tiro. Milagros. Parábola de la vid y el olmo
253. María Santísima devela a María de Alfeo el sentido de la maternidad espiritualizada.
La Magdalena debe
forjarse sufriendo
254. El encuentro con Síntica, esclava griega y la llegada a Cesárea Marítima
255. Despedida de las hermanas Marta y María, que parten con Síntica. Una lección
a Judas Iscariote
256. Parábola sobre la virtud de la esperanza, que sujeta la fe
y la caridad
257. Retiro de Jesús y Santiago de Alfeo en el monte Carmelo
258. Jesús revela a Santiago de Alfeo cuál será su misión
de apóstol
259. Lección sobre la Iglesia y los Sacramentos a Santiago de Alfeo, que obra un milagro
260. Dos parábolas de Pedro para los campesinos
de la llanura de Esdrelón
261. Exhortación a los campesinos de Doras,
que ahora lo son de Jocanán
262. Una hija no querida y el papel de la mujer redimida.
El Iscariote solicita
la ayuda de María
263. Curación del hombre del brazo atrofiado
264. Una jornada de Judas Iscariote en Nazaret
265. Instrucciones a los doce apóstoles al comienzo
de su ministerio
266. Los discípulos del Bautista quieren verificar que Jesús es el Mesías. Testimonio sobre el Precursor e invectiva contra las ciudades impenitentes
267. Jesús, carpintero en Corazín
268. Lección sobre la caridad con la parábola de los titos. El yugo de Jesús es ligero
269. La disputa con escribas y fariseos en Cafarnaúm. Llegada de la Madre y de los hermanos
270. Jesús recibe la noticia de que han matado a
Juan el Bautista
271. Salida para Tariquea con los apóstoles, que han regresado a Cafarnaúm
272. Reencarnación y vida eterna en el diálogo con un escriba
273. La primera multiplicación
de los panes
274. Jesús camina sobre las aguas. Su prontitud en socorrer
a quien le invoca
275. Cuatro nuevos discípulos. Jesús habla sobre las obras de misericordia corporal y espiritual
276. El hombre avaro y la parábola del rico necio. Las inquietudes y la vigilancia
en los siervos de Dios
277. En Magdala, en los jardines de María. El amor y la corrección entre hermanos
278. El perdón y la parábola del siervo inicuo. La misión confiada a setenta y dos discípulos
279. Encuentro con Lázaro en el campo de los Galileos
280. El regreso de los setenta y dos. Profecía sobre
los místicos futuros
281. En el Templo durante la fiesta de los Tabernáculos. Las condiciones para seguir a Jesús. La parábola de los talentos y la parábola del buen samaritano
282. La delación al Sanedrín respecto a Hermasteo,
Juan de Endor y Síntica
283. Síntica habla de su encuentro con la Verdad
284. La casita donada por Salomón. Cuatro apóstoles
se quedarán en Judea
285. Lázaro ofrece un refugio para Juan de Endor y Síntica. Viaje feliz hacia Jericó
sin Judas Iscariote
286. En Ramot con el mercader Alejandro Misax. Lección a Síntica sobre el recuerdo
de las almas
287. De Ramot a Gerasa con la caravana del mercader
288. Palabras a los habitantes de Gerasa y alabanza de una mujer a la Madre de Jesús
289. AEl sábado a Gerasa. Asueto de Margziam. La pregunta de Síntica sobre la salvación
de los paganos
290. El hombre de los ojos ulcerosos. El alto en la "fuente del Camellero". Más sobre el recuerdo de las almas
291. Margziam descubre por qué Jesús ora todos los días
a la hora nona
292. Insidia de escribas y fariseos en Bosrá
293. Palabras de Jesús y milagros en Bosrá, después de la irrupción de dos fariseos. El don de la fe a Alejandro Misax
294. La rica dádiva del mercader. Adiós a la Madre
y a las discípulas
295. Palabras y milagros en Arbela, ya evangelizada por Felipe de Jacob
296. Llegada a Aera bajo la lluvia. Curación de los enfermos que allí esperan
297. Con el sermón de Aera termina el segundo
gran viaje apostólico
298. La ayuda prestada a los huerfanitos María y Matías y las enseñanzas que de ella
se deducen
299. A Juana de Cusa le son confiados, para su tutela, los huerfanitos María y Matías
300. Con escribas y fariseos en casa
del resucitado de Naím
301. ola de las frentes destronadas y explicación de la parábola sobre lo no puro
302. En Magdala, antes de mandar a todos a sus respectivas familias para las Encenias
303. Jesús donde su Madre
en Nazaret
304. Con Juan de Endor, Síntica y Margziam. María es Madre
y Maestra
305. Jesús consuela a Margziam con la parábola de los pajarillos
306. También Simón Zelote está en Nazaret. Lección sobre los daños del ocio
307. Controversia en la casa de Nazaret acerca de las culpas de los nazarenos. Lección sobre la tendencia al pecado a pesar de la Redención
308. Curación del hijo de Simón de Alfeo. Margziam es el primero de los niños discípulos
309. Sacrificio de Margziam por la curación de una niña. Enmienda de Simón de Alfeo
310. Con Pedro, en Nazaret, Jesús organiza la partida
de Juan de Endor y Síntica
311. La renuncia de Margziam es ocasión de una lección sobre los sacrificios hechos por amor
312. Jesús comunica a Juan de Endor la decisión de enviarle a Antioquía. Final del segundo año
|
239- La parábola de los peces, la parábola de la perla, y del tesoro de las enseñanzas
viejas y nuevas
Están todos reunidos en la espaciosa habitación de arriba.
El violento temporal se ha resuelto en una lluvia persistente, ora leve hasta casi desaparecer, ora intensa con repentina furia. El lago, de ninguna manera, está hoy azul: amarillento con estrías de espuma en los momentos de viento y aguacero, gris plúmbico con espumas blancas en las pausas del turbión. Las colinas -todas chorreando agua, con las frondas tan cargadas de lluvia, que todavía están plegadas, algunas ramas colgando quebradas por el viento, muchas hojas arrancadas por el granizo-muestran regatillos por todas partes, aguas amarillentas que llevan al lago hojas, piedras y tierra arrancada a sus pendientes.
La luz ha quedado turbia, verdosa. En la habitación están, sentadas junto a una ventana que mira a las colinas, María con Marta y la Magdalena, y otras dos mujeres que no sé exactamente quiénes son (tengo la impresión de que ya las conocen Jesús, María y los apóstoles, porque se las ve con soltura; sin duda, más que la Magdalena, que está muy quieta, cabizbaja, entre la Virgen y Marta).
Se han vuelto a poner los vestidos que han sido secados al fuego y cepillados para quitarles el barro. No, miento, la Virgen sí se ha puesto su vestido de lana azul marino, pero la Magdalena tiene uno prestado, corto y estrecho para ella, que es alta y bien modelada. Trata de remediar la escasez del vestido envolviéndose en el manto de su hermana. La Magdalena se ha recogido la cabellera en dos gruesas trenzas más o menos anudadas a la altura de la nuca, porque para sostener ese peso no bastan, de ninguna manera, las pocas horquillas que ha podido juntar en ese momento; en efecto, después siempre he visto que ayuda a las horquillas con una cinta fina, que le hace casi de util diadema, cuyo color paja se pierde en el oro de sus cabellos.
En el otro lado de la habitación, sentados unos en taburetes y otros en los alféizares de las ventanas, están Jesús con los apóstoles y el dueño de la casa. Falta el sirviente de Marta. Pedro y los otros pescadores están estudiando el tiempo, haciendo pronósticos para el día siguiente. Jesús escucha, o responde, a unos o a otros.
-Si lo hubiera sabido, le habría dicho a mi madre que viniera. Conviene que esta mujer se sienta enseguida relajada con las compañeras -dice Santiago de Zebedeo mirando un momento hacia las mujeres.
-¡Ya! ¡Si lo hubiéramos sabido!... Pero, ¿y por qué mamá no ha venido con María? -pregunta Judas Tadeo a su hermano Santiago.
-No lo sé. Eso me pregunto también yo.
-¿No será que se siente mal?
-María lo habría dicho.
-Yo se lo pregunto -y Judas Tadeo va donde las mujeres.
Se oye la respuesta de la voz límpida de María:
-Está bien. He sido yo, que le he ahorrado la paliza de este calor. Nos hemos fugado como dos niñas, ¿no es verdad, María? María llegó ya de noche y al alba hemos salido. Sólo le he dicho a Alfeo: "Aquí está la llave. Volveré pronto. Díselo a María". Y he venido.
Volveremos juntos, Madre. Iremos todos juntos por la Galilea, en cuanto el tiempo esté bien y María tenga un vestido. Acompañaremos a las hermanas hasta el camino más seguro. Así las conocerán también Porfiria, Susana y vuestras mujeres e hijas, Felipe y Bartolomé.
Dice: «las conocerán» y ello es exquisito, es por no decir: «conocerán a María». También es fuerte, y abate todas las prevenciones y restricciones mentales de los apóstoles hacia la redimida. La impone, venciendo las resistencias de ellos, la vergüenza de ella y todo. A Marta se le ilumina el rostro, María Magdalena se ruboriza y mira suplicante, agradecida, turbada... ¿qué sé yo?... María Santísima sonríe con su delicada sonrisa.
-¿A qué lugar vamos a ir, Maestro?
-A Betsaida. Luego a Magdala, a Tiberíades, a Caná, a Nazaret. Desde allí, por Jaffa y Semerón, iremos a Belén de Galilea, luego a Sicaminón y a Cesárea...
Un acceso de llanto de la Magdalena interrumpe a Jesús. Levanta la cabeza, la mira y sigue hablando como si no hubiera sucedido nada:
-En Cesárea encontraréis vuestro carro. Se lo he ordenado al sirviente. Iréis a Betania. Nos volveremos a ver para los Tabernáculos.
(Las principales fiestas hebreas, frecuentemente mencionadas en la Obra, son: la Pascua, que se celebraba durante el plenilunio de Nisán (marzo-abril) y estaba seguida por la Pascua suplementaria, en el decimocuarto día del mes sucesivo, para aquellos que no hubieran podido celebrarla; Pentecostés o fiesta de las Semanas, cincuenta días después de la Pascua; los Tabernáculos o fiesta de las Tiendas, al final de las recolecciones de otoño; las Encenias o fiesta de las Luces o de la Purificación o de la Dedicación del Templo, el 25 de Kisléu en Noviembre-Diciembre)
Magdalena recobra la tranquilidad al cabo de poco. No responde a las preguntas de su hermana. Sale de la habitación y se retira, quizás la cocina, durante un tiempo.
-María sufre, Jesús, al oír que debe ir a ciertas ciudades. Hay que comprenderla... Lo digo más por los discípulos que por ti, Maestro -dice Marta, humilde y apurada.
-Es verdad, Marta. Pero debe suceder. Si no afronta inmediatamente el mundo, si no ahoga ese horrendo tirano del respeto humano, su heroica conversión quedará paralizada. Inmediatamente y con nosotros.
-Con nosotros nadie le dirá nada. Te lo aseguro por mí y por todos mis compañeros, Marta -promete Pedro.
-¡Pues claro! La escudaremos como a una hermana. María ha dicho que es hermana, y hermana será para nosotros confirma Judas Tadeo.
-Además... ¡somos todos pecadores y el mundo no nos ha concedido inmunidad tampoco a nosotros! Por tanto comprendemos sus luchas -dice el Zelote.
-Yo la comprendo más que todos. En los lugares donde hemos pecado es muy meritorio vivir. ¡Las personas saben quiénes somos!... Es una tortura. Pero es también justicia y gloria el resistir allí. Precisamente porque la potencia de Dios se manifiesta en nosotros con evidencia, somos medio de conversiones incluso sin hablar ̀ dice Mateo.
-Como ves, Marta, todos son comprensivos con tu hermana, todos la quieren. Y la comprenderán y la querrán cada vez más. Está llamada a ser signo indicador para muchas almas culpables y medrosas, y una gran fuerza también para los buenos. Y es que María, una vez que haya roto las últimas cadenas de su humanidad, será una llama de amor. No ha hecho otra cosa sino cambiar de dirección a la exuberancia de su sentimiento. Ha colocado a nivel sobrenatural esta poderosa facultad de amar que tiene, y en este campo hará prodigios, os lo aseguro. Ahora está todavía turbada, pero cada día que pase la veréis calmarse y fortalecerse en su nueva vida.
En casa de Simón dije: "Mucho le es perdonado porque ama mucho". En verdad os digo ahora que todo le será perdonado porque amará a su Dios con toda su fuerza, con toda su alma, con todo su pensamiento, con toda su sangre, con toda su carne, hasta el holocausto.
-¡Dichosa ella que se ha hecho merecedora de estas palabras! Quisiera merecerlas también yo -suspira Andrés.
-¿Tú? ¡Pero si ya las mereces! Ven aquí, pescador mío, que quiero narrarte una parábola que parece pensada exactamente para ti.
-Maestro, espera. Voy por María. ¡Tiene mucha sed de conocer tu doctrina! ...
Mientras Marta sale, los demás colocan los asientos en semicírculo en torno al de Jesús. Vuelven las dos hermanas y se sientan al lado de María Stma.
Jesús empieza a hablar:
-Unos pescadores salieron a mar abierto y echaron en el mar su red. Pasado un tiempo la subieron a bordo.
Trabajaban fatigosamente por orden de un patrón que les había encargado de la provisión de pescado selecto para su ciudad. Les había dicho: "De los peces malsanos o de poca calidad no os preocupéis siquiera de sacarlos a tierra.
Devolvedlos al mar. Otros pescadores los pescarán, pero, al ser pescadores de otro patrón, los llevarán a su ciudad: pues allí se consumen cosas malsanas, cosas que hacen cada vez más hórrida la ciudad de mi enemigo. Pero, en la mía, bella, luminosa, santa, no debe entrar ninguna cosa malsana".
Subida, pues, a bordo la red, los pescadores empezaron su trabajo de discernimiento. Había muchos peces y de distintos aspectos, tamaños y colores. Había peces de buen aspecto, pero llenos de espinas, con mal sabor, con un grueso vientre lleno de lodo, gusanos, hierbas pútridas que hacían peor todavía el sabor, ya de por sí malo, de la carne del pez. Había otros, por el contrario, de aspecto feo, con una cabeza que parecía la fea cara de un delincuente o de un monstruo de pesadilla; pero los pescadores sabían que su carne era exquisita. Otros, por ser insignificantes, pasaban desapercibidos. Los pescadores trabajaban y trabajaban. Ya las cestas estaban repletas de pescado exquisito. En la red quedaban los peces insignificantes.
“Bueno, vale, las cestas están repletas. Vamos a tirar todo el resto al mar" dijeron muchos de los pescadores.
Pero uno, que había hablado poco mientras los otros cantaban las magnificencias, o se burlaban, de todo pez que caía en sus manos, se quedó todavía hurgando en la red, y, entre las menudencias insignificantes, descubrió todavía dos o tres peces y los puso encima de to-dos los otros en las cestas. "¿Pero qué haces?" preguntaron los otros. "Las cestas ya están completas y bien presentadas.
Las echas a perder poniendo encima, atravesado, ese pez irrisorio. Da la impresión de que lo quieres celebrar como el mejor." "Dejadme, respondió aquél, que conozco este tipo de peces, sus cualidades y su exquisitez.
Ésta es la parábola, que termina con la bendición del patrón al pescador paciente, experto y silencioso, que ha sabido discernir entre la masa los mejores peces.
Escuchad ahora su aplicación.
El soberano de la ciudad bella, luminosa y santa, es el Señor. La ciudad es el Reino de los Cielos. Los pescadores, mis apóstoles. Los peces de la mar, la humanidad, compuesta por todo tipo de personas. Los peces buenos, los santos.
El patrón de la ciudad hórrida es Satanás. La ciudad hórrida, el Infierno. Sus pescadores son el mundo, la carne, las pasiones malas encarnadas en los siervos de Satanás, bien sean espirituales (demonios), o humanos (hombres corruptores de sus semejantes). Los peces malos, la humanidad no digna del Reino de los Cielos: los réprobos. Entre los pescadores de almas para la Ciudad de Dios habrá siempre unos que emularán la capacidad paciente del pescador que sabe buscar con perseverancia, en los estratos de la humanidad, donde sus otros compañeros, más impacientes, han separado sólo los que aparecían buenos a primera vista. Y, por desgracia, habrá también pescadores que, por ser demasiado distraídos y habladores -mientras que el trabajo de discernimiento exige atención y silencio para oír las voces de las almas y las indicaciones sobrenaturales-, no verán peces buenos, y los perderán. Y habrá otros que, por demasiada intransigencia, rechazarán a almas que si bien no son perfectas en cuanto a su aspecto exterior son excelentes en todo lo demás.
No os debe importar que uno de los peces que capturéis para mí muestre signos de pasadas luchas o presente mutilaciones producidas por muchas causas, si su espíritu no está lesionado. No debe importaros que uno de éstos, por librarse del Enemigo, se haya herido y se presente con estas heridas, si su interior da muestras de una clara voluntad de querer ser de Dios. Almas probadas, almas seguras; más que esas otras, que son como niñitos protegidos por sus pañales, su cuna y su mamá, y que duermen saciados y tranquilos, pero que en e1 futuro pueden, con la razón y la edad y las vicisitudes de la vida que van viniendo, dar dolorosas sorpresas de desviaciones morales.
Os recuerdo la parábola del hijo pródigo. Oiréis otras parábolas, pues seguiré buscando la manera de infundiros recta inteligencia en vuestra manera de distinguir las conciencias y de elegir los modos con que guiar las conciencias, que son singulares, y cada una, por tanto, tiene su modo especial de escuchar y reaccionar respecto a las tentaciones y las enseñanzas.
No creáis que sea fácil discernir espíritus. Todo lo contrario. Se necesita ojo espiritual enteramente iluminado de luz divina, intelecto penetrado de divina sabiduría infusa, posesión de las virtudes en forma heroica, en primer lugar la caridad. Se necesita capacidad de concentrarse en la meditación, porque cada alma es un texto oscuro que hay que leer y meditar. Se necesita una unión continua con Dios, olvidando todos los intereses egoístas; vivir para las almas y para Dios; superar prevenciones, resentimientos, antipatías; ser dulces como padres y férreos como guerreros (dulces para aconsejar y animar, férreos para decir: "Eso no te es lícito y no lo harás", o: "Eso se debe hacer y tú lo harás". Porque -pensadlo bien-muchas almas serán arrojadas a los estanques infernales. Pero no serán sólo almas de pecadores. También habrá almas de pescadores evangélicos: las de aquellos que hayan faltado a su ministerio, contribuyendo a la pérdida de muchos espíritus.
Llegará el día, el último de la tierra, el primero de la Jerusalén completada y eterna, en que los ángeles, como los pescadores de la parábola, separen a los justos de los malvados, para que, tras el decreto inexorable del Juez, los buenos pasen al Cielo y los malos al fuego eterno.
Entonces será manifestada la verdad acerca de los pescadores y los pescados, caerán las hipocresías y aparecerá el pueblo de Dios como es, con sus caudillos y los salvados por los caudillos. Veremos entonces que muchos de entre los más insignificantes en su aspecto exterior, o peor tratados externamente, serán esplendor del Cielo, y que los pescadores calmos y pacientes son los que más han hecho, y emitirán resplandor de gemas por el número de sus salvados.
La parábola queda, así, dicha y explicada.
-¿Y mi hermano?... ¡Oh! ¡Pero!... -Pedro lo mira, lo mira... luego mira a la Magdalena...
-No, Simón. Respecto a ella no tengo mérito. Lo ha hecho el Maestro solo -dice Andrés con franqueza.
-¿Pero entonces los otros pescadores, los de Satanás, cogen sólo los restos? -pregunta Felipe.
-Tratan de coger los mejores, los espíritus capaces de mayor prodigio de Gracia, y se sirven para ello de los propios hombres y de las tentaciones de éstos. ¡Hay muchos en el mundo que por un plato de lentejas renuncian a su primogenitura!
-Maestro, el otro día decías que muchos son los que se dejan seducir por cosas del mundo. ¿Serían también éstos de los que pescan para Satanás? -pregunta Santiago de Alfeo.
-Sí, hermano mío. En aquella parábola, el hombre se dejó seducir por el mucho dinero, que podía proporcionar mucho placer, y perdió así todos los derechos al Tesoro del Reino. En verdad os digo que de cien hombres sólo la tercera parte sabe resistir a la tentación del oro, o a otras seducciones, y de esta tercera parte sólo la mitad sabe hacerlo heroicamente.
El mundo muere asfixiado porque se carga voluntariamente de las ataduras del pecado. Vale más estar despojado de todo, que tener riquezas irrisorias e ilusorias. Sabed hacer como los joyeros sabios, que, habiendo tenido noticia de que en un lugar ha sido pescada una perla rarísima, no se preocupan de conservar en sus cofres muchas joyas modestas, sino que se liberan de todo para comprar aquella perla maravillosa.
-¿Pero entonces por qué Tú mismo estableces diferencias entre las misiones que das a las personas que te siguen, y dices que debemos considerar las misiones don de Dios? Deberíamos renunciar también a ellas, porque respecto al Reino de los Cielos no son tampoco más que migajas -dice Bartolomé.
-No migajas: son medios. Serían migajas, o, más aún, sucias briznas de paja, si vinieran a ser objetivo humano en la vida. Quienes se afanan para conseguir un puesto con miras a una ganancia humana hacen de ese puesto, aunque sea santo, una brizna de paja sucia. Mas si la misión es para vosotros obediente aceptación, gozoso deber, total holocausto, haréis de ella una perla singularísima. La misión, si se cumple sin reservas, es holocausto, martirio, gloria. Chorrea lágrimas, sudor, sangre. Pero forma una corona de eterna regalidad.
-¡No hay nada a lo que no sepas responder!
-¿Pero, me habéis entendido? ¿Comprendéis lo que digo con comparaciones sacadas de las cosas cotidianas, iluminadas -eso sí-con una luz sobrenatural que las hace ilustrativas de cosas eternas?
-Sí, Maestro.
-Acordaos, pues, del método para instruir a las turbas; porque este es uno de los secretos de los escribas y rabíes: recordar. En verdad os digo que cada uno de vosotros, instruido en la sabiduría de poseer el Reino de los Cielos, es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro aquello que necesita su familia, usando cosas viejas y nuevas (pero todas con la única finalidad de procurar el bienestar a sus propios hijos). Ya no llueve.
Dejemos tranquilas a las mujeres. Vamos donde el anciano Tobías, que está para abrir sus ojos espirituales en las auroras del más allá. Paz a vosotras, mujeres.
|
|