Sunday August 20,2017
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CARTA DE UN NIÑO A SU MAMÁ

Querida mamá:
Soy tu hijo. ¿Recuerdas?. No he desaparecido, pues Dios me infundió un alma eterna en el momento en que fui concebido. No vi nunca la luz del día pero vivo para siempre.
Sé por qué me mataste. Eras joven, alegre y muy bonita, cuando tuviste un romance con mi papá; de esa pasión desbordada fui engendrado yo.

Nunca olvidaré los meses que me acunaste en tu vientre, ¡me sentí tan seguro y amado! Comprendo que no me desearas, pues ¡que pensarían mis abuelos! Había que blanquear al desliz matando al delator, y ese era YO.
Esa noche hablaste de mí con papá, de que me llevabas dentro, que estabas triste, te sentías mal, temerosa, pues eran jóvenes y tenían muchos sueños por realizar. Esa fue la razón que le diste a mi papá. Era tanto tu miedo a mis abuelos, y te afligía pensar en "el que dirán".

Sentí que mi papito se quedó en silencio y quiso llorar, te vio con ansia, casi con miedo: él me quería, casi estoy cierto. Iba en su vida, en su pensamiento.
Más el demonio pudrió su mente con egoísmo. Sentí morirme; escuché tantos gritos y llantos, tantos reproches que se dijeron; pues él quería verme nacido y tú no.

¡Que peleas... hasta que le arrancaste el dinero que costó mi defunción! A todo le ponen precio, hasta el asesinato de un inocente. "¡Qué caros son lo abortos!" comentaste.
Iba a ser bueno con mis papitos, no lloraría en toda la noche, me aguantaría, sería hombrecito, no lanzaría tan siquiera un grito, para evitarme cualquier reproche. Si no había lugar para mí así de chiquito, me conformaría con estar cerca. Yo dormiría en el suelo.
Sólo soñaba con ver flores o la luz del día. Iba ser bueno con mis mayores; todos mis actos serían mejores, por ver alegres a mis papitos.

¡Soñaba tanto en aquel momento, en el instante en que me tendrías! Me veía envuelto, cubierto a besos, tú siempre me arrullarías y mi papá me diría "travieso".
Yo les pregunto: ¿no me querían?

Al día siguiente muy temprano fueron dispuestos al hospital; observé por último aquella casa que iba a ser mi casa. Entramos a un cuarto impecablemente blanco y frío; yo sentí miedo y te di un abrazo. Después busqué a mi papito, pues atentaban contra mi vida, y lo vi temblando cuando pasábamos a la camilla. Una lágrima rodó por su mejilla,
¿sería que sí me quería? Estaba llorando, ¡sálvame!, ¡sálvame!, le grité, y aunque lo vi indeciso por un instante, me abandonó.

Cerraron puertas y te durmieron mamita, quedándome sólito, aislado, preso. Iba a morir lo sabía, ya no imploraba porque ninguna suplica serviría de nada. Sentí un dolor agudo aquí en el pecho, sólo un ratito, y después nada, nada.
Mi cuerpecito aún caliente quedó en un frasco. Ya estaba muerto. El doctor dijo que próximamente sería usado en experimentos. Perdí mi cuerpo, más no mi alma, que ahora descansa junto al creador y hoy, a casi un año de aquella infamia, yo los recuerdo con mucho amor; aunque soy ángel, a veces sufro al ver que a solas lloran y gimen, al acordarse de cada segundo de aquel aborto, que fue su crimen.

No justifico su crimen, pero los perdono. Perdono a papá por haber sido tan irresponsable. También perdono al que, vestido de blanco, se manchó con mi sangre. ¡Qué dolor cuando me punzó con aquella enorme aguja, y después me despedazó a sangre fría! Sé que tú nunca olvidarás el ruido de aquella aspiradora, que se tragó mi cuerpecito a pedazos. Sé que te causó un trauma, que llevas en silencio tratando de pensar que no fue nada. Sí era algo, ¡era alguien, era yo, tu hijo!

Conozco mamá, tus largas noches en vela y tus sobresaltos.
Sé que luchaste mucho en tu interior sobre tu decisión de abortarme. En el fondo me querías, pero pudo más en ti el miedo. Sé que me amabas, pues aún sueñas conmigo, y más de una vez te haz preguntado con remordimientos, si soy niña o niño; piensas como sería hoy día y que alegrías te hubiera traído...

¡Soy niño! y Diosito me nombró Miguel como el arcángel. Me parezco mucho a ti. ¡Cómo me vas a olvidar, si yo a cada momento pido a Papá Dios que borre esas pesadillas que turban tu descanso, y te dan muerte en vida!. Por eso, ¡qué alegría cuando buscaste al sacerdote que te inspiró confianza, y te reconciliaste con el Señor de la vida!.
Querida mamá, quiero verte feliz. Recuerda los consejos que te dio el sacerdote al despedirte:

- ¡Hija, Dios padre ya ha hecho su obra de amor en ti, y a su tiempo irás sanando!
Mientras te estoy escribiendo, tengo a mi lado mi amiga Lupita. La mató su mamá, porque ella decía ser demasiado joven para ocuparse con ser madre. Tampoco ella recibió nombre alguno de sus padres, pero sí de Dios, quien nos ama infinitamente. Tengo muchísimos amigos que corrieron la misma suerte. A Carlitos lo abortaron porque su madre fue violada. El odio y el dolor resultante lo descargaron sobre el pobre inocente. El se pregunta: "¿Por qué, si mi mamá no amaba al hombre que la violó, me mató a mí, que la hubiera amado siempre, y jamás me hubiera avergonzado de ella?."

Aquí en el reino del amor, sólo entendemos el lenguaje del amor. Por eso, no comprendemos esos "argumentos" acerca del aborto; por mala conformación del feto, por violación, por dificultades económicas de los padres, por no querer más hijos, que "la familia pequeña vive mejor", etc.

Me cuentan que ni las guerras ni Hitler, con sus cámaras de gas letal, han realizado tan brutal y desmedida masacre. Con los abortos se ha privado a la humanidad de brillantes poetas, sacerdotes, médicos, filósofos, músicos, pilotos, estadistas, pintores, arquitectos, santos y santas. A mí todos me dicen, que quizá hubiera sido un habilidoso cirujano o un pianista al estilo de Mozart. Cuando nos reunamos, mami, ¡ya verás qué manos tengo! Lo que más me agrada es cuando me dicen: "¡tu mamá debe ser muy hermosa!"

No llores mami. Confía en Dios hasta que nos volvamos a ver. ¡Ah!, se me olvidaba, aunque me consumo por verte, no te des prisa en venir, pues aún
tienes muchos sueños por realizar, esos que pensaste que yo te impediría. Termina tus estudios, viaja, cásate y ten muchos hijitos que serían hermanitos míos. Hazles a ellos lo que nunca pudiste hacerme a mí. Me hubiera gustado ser amamantado con la leche de tus pechos; ser acariciado por esas manos tuyas tan lindas y tan semejantes a las mías... manos de cirujano malogrado.

Quizás te preguntas dónde estoy. No te preocupes, estoy en los brazos de Jesús, que me amó hasta derramar su sangre por mí. En Él todos encontramos la Vida.
Y termino pidiéndote un favor. No para mí, comprenderás, sino para otros niños. ¡Diles a todos, que no los maten como a mí! Si conoces a una joven que quiera abortar, o a un sujeto que monta campañas a favor del aborto, o un médico asesino que se burla de Hipócrates, o una enfermera que se presta a ese crimen, extiéndeles el amor de Dios, nuestro Padre. Entonces recuérdame, y dile que no mate más. Que los niños le pertenecen a Dios. Grítales a todos que tenemos derecho a vivir como ellos, y que aunque nadie nos ame, tenemos derecho a vivir y amar.

¡Te espero con la boca aún sin estrenar, rebosante de besos, que tengo guardados solamente para ti!

 
     
   


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