Sunday August 20,2017
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SER MADRE, UN BENDITO REGALO DE DIOS

Estábamos sentados a la mesa, cuando mi hija mencionó que ella y su esposo estaban pensando en "comenzar una familia."
- Estamos haciendo una encuesta,- dijo ella en broma. - ¿Crees que debería tener un
bebé? Cambiará tu vida,- le digo cuidadosamente, manteniendo mi tono neutral.
- Yo sé, -dijo, no más fiestas los fines de semana, no más vacaciones espontáneas...
Pero eso no era lo que yo le quise decir.

Miré a mi hija, intentando decidir qué decirle. Quiero que sepa lo que ella nunca aprenderá en clases de parto. Quiero decirle que las heridas físicas por dar a luz un niño sanarán, pero que el volverse madre la dejará con una herida emocional muy profunda, por la cual ella será vulnerable para siempre.

Pienso advertirle que ella nunca leerá de nuevo un periódico sin preguntarse: "y si eso le hubiera pasado a mi niño?" Que cada accidente de aviación, cada incendio en una casa, la obsesionará. Que cuando vea fotos de niños hambrientos, se preguntará si algo podría ser peor que vivir la muerte de su niño.

Yo la miro cuidadosamente, veo sus uñas finamente pintadas, y su traje elegante, y pienso que no importa cuan sofisticada ella sea, el convertirse en madre la reducirá al nivel primitivo de una osa que protege su cachorro. Que una llamada urgente de ¡Mamá! le hará dejar caer su mejor cristal, sin vacilar por un momento.

Siento que debo advertirle que no importa cuántos años ella haya invertido en su carrera, ésta se descarrilará profesionalmente, a causa de su maternidad. Ella podrá hacer los arreglos, para dejar al niño en casa, al cuidado de una niñera, pero un día irá en camino de una reunión de negocios importante, y recordará el dulce olor de su bebé, y tendrá que usar cada gramo de su disciplina para no correr a casa, sólo para asegurarse de que su bebé está bien.

Yo quiero que mi hija sepa que las decisiones cotidianas ya no serán rutina. Que el deseo de un niño de ir al baño de hombres y no al de mujeres en un restaurante, se volverá un dilema mayor. Que justo allí, en medio del ruido de bandejas y niños gritando, los problemas de independencia e identidad de sexo, serán sopesados contra la perspectiva de que haya un abusador de niños acechando en ese baño. No importa cuan decisiva pueda ser ella en su trabajo, se criticará a sí misma constantemente, en su papel de madre.

Mirando a mi hija tan atractiva, quiero asegurarle que, en el futuro, ella perderá los kilos de más del embarazo, pero nunca se sentirá igual. Que su vida, ahora tan importante,' será de menos valor una vez que tenga un niño. Que ella renunciará a su vida, en un momento por salvar a sus hijos, pero que también empezará a desear más años, no para lograr sus propios sueños, sino para ver a sus hijos lograr los suyos.

Yo quiero que sepa que una cicatriz de cesárea o las estrías, se convertirán en insignias de honor.
La relación de mi hija con su marido cambiará, pero no de la manera que ella piensa. Deseo que pueda entender cuánto puede uno amar más a un hombre, que tiene cuidado para empolvar a su bebé, o que nunca duda para jugar con su niño. Pienso que debería saber, que se sentirá de nuevo completamente enamorada de él, por razones que ahora encontraría muy poco románticas.

Deseo que mi hija se dé cuenta de la unidad que sentirá con mujeres que a lo largo de la historia han intentado detener guerras, discriminación y borrachos al volante. Espero que entienda por que yo puedo pensar racionalmente sobre la mayoría de los problemas, pero por que me pongo como loca cuando discuto sobre la amenaza que supone una guerra nuclear, en el futuro de mis hijos.

Quisiera describir a mi hija la euforia de ver a su niño cuando aprenda a montar una bicicleta. Quisiera capturar para ella las carcajadas de un bebé, que está tocando la piel suave de un perro o un gato por primera vez. Quisiera que saboree la dicha que es tan real, que de hecho duele.

La mirada interrogativa de mi hija, me hace caer en cuenta de las lágrimas que se han formado en mis ojos.

- "Nunca te arrepentirás de ello," digo finalmente. Entonces alcanzo por sobre mesa la mano de mi hija, y la aprieto y ofrezco una oración silenciosa por ella, por mí, y por todas las mujeres que tropezaron en su camino hacia la más maravillosa de todas las profesiones: Este regalo bendito de Dios... el hecho de ser Madre.
 
     
   


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