Sunday October 22,2017
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LA CHICA DE LA ROSA

John X se levantó del banco, arregló su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón él conocía, pero cuya cara nunca había visto: la chica de la rosa.

Su interés en ella había comenzado 13 meses antes, en una Biblioteca de Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas en el margen. La escritura reflejaba un alma pura, de grandes valores, y capaz de grandes sacrificios. En la contraportada del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell. Con tiempo y esfuerzo, localizó su dirección en Nueva York. Él le escribió una carta para presentarse, y para invitarla a corresponderle.

Al día siguiente, John fue enviado en barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo. John le pidió una fotografía, pero ella se negó, porque sentía que una relación verdadera no se puede fundamentar en apariencias.

Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 PM en la Gran Estación Central de Nueva York.

- "Tú me conocerás"- dijo ella, -"por la rosa roja que llevaré en la solapa".
Así que a las 7:00 PM, puntual, John estaba en la estación buscándola.
Dejaré que el señor "X" les diga lo que sucedió:

- "Una joven vino hacia mí, su figura era alta y esbelta. Su cabello rubio y rizado se
encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos eran azules como flores. Sus labios y
su mentón tenían una gentil firmeza, y en su traje verde pálido lucía como la primavera
en vida. Yo comencé a caminar hacia ella, sin darme cuenta que no llevaba la rosa. Mientras me movía, una pequeña sonrisa curvó sus labios:

- "¿Buscas a alguien, marinero?"- murmuró la dama. Casi incontrolablemente di un
paso hacia ella, y entonces vi a Hollys Maynell. Estaba parada casi directamente detrás de la chica, con la rosa en la solapa. Una mujer, ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo y algo gruesa.

La chica del traje verde se iba rápidamente. Sentí como si me partieran en dos: mi deseo tan agudo de seguirla, y a la vez mi tan profundo anhelo por la mujer de corazón puro, que por correspondencia me había acompañado y apoyado durante tiempos difíciles. Y ahí estaba ella; tenía un aspecto amigable y sereno.

No puedo negar que me sentí de pronto decepcionado. Pero enseguida comprendí que ese sentimiento respondía sólo a la pasión y la fantasía. Contradecía todo lo que, precisamente, con la ayuda de Miss Maynell, había descubierto sobre el amor verdadero. Fue por eso que di el paso, y la saludé con auténtico entusiasmo. Es cierto, esto no sería romance, pero sería algo preciado, algo quizás mejor que el romance, una amistad por la que había y debía estar siempre agradecido.

- "Soy el Teniente John X, y usted debe ser la Srta. Maynell, ¿la puedo llevar a cenar?"
- "Muchas gracias"-, dijo la mujer, -"pero usted busca a mi hija. Es la joven con el vestido verde, que se acaba de ir. Me entregó su rosa, y me dijo que si usted me invitaba a cenar, se la entregase para que usted se la lleve. Lo está esperando en el restaurante de enfrente."
Aquel encuentro ocurrió al fin de la Segunda Guerra Mundial, hace más de 50 años. John y Maynell son ya muy ancianos, pero los años sólo han aumentado aquel amor probado, que resultó ser verdadero.

 
     
   


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