Thursday October 19,2017
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Introducción


PRIMERA PARTE:

»  El Atéismo

Convertidos:

»  Ateos Convertidos

1»  Agustín María Schowaloff

2»  Illemo Camelli

3»  Charles de Foucauld

4»  Lecompte de Noüy

5»  Joergensen

6»  Eva Lavallière

7»  Charles Nicolle

8»  Henri Ghéon

9»  Huymans

10»  Evelyn Waugh

11»  Peter Wust

12»  Daniel Rop

13»  Leonard Cheshire

14»  Fred Copeman

15»  Adolfo Retté

16»  Takashi Nagaï

17»  Giovanni Papini

18»  Jacques Maritain

19»  Maria Meyer-Sevenich

20»  Alberto Leseu

21.1»  Paul Claudel
Parte 1

21.2»  Paul Claudel
Parte 2

22»  Martin Bormann

23»  Regina García

24»  Ignace Lepp

25.1»  Alexis Carrel
Parte 1

25.2»  Alexis Carrel
Parte 2

26»  García Morente

27.1»  Pieter van der Meer
Parte 1

27.2»  Pieter van der Meer
Parte 2

28.1»  María Benedicta Daiber
Parte 1

28.2»  María Benedicta Daiber
Parte 2

29.1»  Douglas Hyde
Parte 1

29.2»  Douglas Hyde
Parte 1

30»  Dorothy Day

31»  Svetlana Stalin

32.1»  André Frossard
Parte 1

32.2»  André Frossard
Parte 2

32.3»  André Frossard
Parte 3

33»  Sergio Peña y Lilio

34»  Sandra Elam

35.1»  Janne Haaland MatlaryParte 1

35.2»  Janne Haaland MatlaryParte 2

36»  Vladimiro Roca

37»  Narciso Yepes

38»  Leonardo Mondadori

39»  Vittorio Messori

40»  Conclusión
sobre Ateos Convertidos


SEGUNDA PARTE:

» El Judaísmo

Convertidos:

»Judíos Convertidos

41»  Hermann Cohen

42»  Teodoro de Ratisbona

43»  Alfonso María de Ratisbona

44»  Henri Bergson

45»  Edith Stein

46»  Max Jacob

47»  Raphael Simon

48»  Kenneth Simon

49»  René Schwob

50»  Jean Jacques Bernard

51.1»  Eugenio Zolli
Parte 1

51.2»  Eugenio Zolli
Parte 2

51.3»  Eugenio Zolli
Parte 3

51.4»  Eugenio Zolli
Parte 4

52.1»  Karl Stern
Parte 1

52.2»  Karl Stern
Parte 2

52.3»  Karl Stern
Parte 3

53»  Bernard Nathanson

54»  Jeri Westerson

55»  Jean Marie Lustiger

56»  Martin Barrack

57»  José Cuperstein

58»  Sor Mary of Carmel

59»  Reflexiones


TERCERA PARTE:

»  Consideraciones

60.1»  La ciencia
Parte 1

60.2»  La ciencia
Parte 2

60.3»  La ciencia
Parte 3


61.1»  ¿Existe Dios?
Parte 1

61.2»  ¿Existe Dios?
Parte 2

61.3»  ¿Existe Dios?
Parte 3

61.4»  ¿Existe Dios?
Parte 4

62»  Católicos Comprometidos

63.1»  Experiencia de Dios
Parte 1

63.2»  Experiencia de Dios
Parte 2

64»  Conclusión

65»  Bibliografía

 

 

Primera Parte

» El Atéismo

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

En esta primera parte, vamos a hablar del ateísmo, presentando algunos testimonios de ateos convertidos a nuestra fe para que podamos entender a quienes todavía siguen en ese camino y, sobre todo, para que podamos sentir un nuevo celo por compartir con ellos nuestra fe, que es un maravilloso tesoro, que Dios nos ha regalado y que no podemos ocultar y mucho menos callarlo por comodidad, temor o egoísmo personal.

Hay en la actualidad muchos hombres que se dicen ateos y que, incluso, lo dicen con cierto orgullo, como si hubieran descubierto algo que los demás, por su ignorancia, todavía no conocen.

Muchos de ellos quizás sean solamente ateos teóricos, pues, en la vida real, actúan como si Dios existiera y llevan una vida correcta de acuerdo a su conciencia.

Ellos serán juzgados benévolamente por Dios, ya que quizás por malas experiencias o por prejuicios adquiridos, se han forjado una imagen falsa de Dios.

Hablan de un Dios injusto, cruel, amigo de los ricos y olvidado de los enfermos y de los pobres, que ciertamente no existe.

Pero hay otros ateos prácticos que rechazan toda idea de Dios, de moral o de religión, y viven sin perspectiva eterna, pues creen que todo termina con la muerte.

Evidentemente, al no creer en Dios, no aceptan la idea del bien o del mal. Porque ¿quién ha dicho que esto es bueno y esto es malo? Si Dios no existe, todo está permitido, como diría Dostoievski.

Basta repasar la historia del comunismo en Rusia y en otros países para ver a dónde han llegado los gobiernos ateos con sus crueldades y sus crímenes, con sus persecuciones y sus desprecios de los derechos humanos. El hombre sin Dios, puede volverse una bestia.

Por eso, alguien ha dicho que, si Dios no existiera, habría que inventarlo.

Pero ¿realmente Dios no existe?

¿Es solo una idea de la mente?

Veamos lo que dice el filósofo italiano Federico Sciacca, en su obra El ateo, expresando en un monólogo, los sentimientos de un ateo, que en lo profundo de sí mismo no está seguro de lo que dice:

Si Dios no existe, ¿qué más busco? ¿Qué busco todavía? Busco.

Y él, él, que no existe, me sigue, me persigue. Se me ha hundido aquí, en medio de la cabeza, como un clavo. Pienso y existe el clavo; pienso y se me clava más. El pensamiento es mi martillo cruel. Dios es siempre despiadado con los ateos. Los persigue.

Déjame, Dios, no te necesito; necesito echar tu sombra para estar solo conmigo. Tú eres un espectro obstinado. Yo no tengo necesidad de ti.

¿Qué quieres, pues, espectro?... ¿Niego a éste o aquel dios? No, niego a Dios. ¿Y después? Después renace como la salamandra y toma todas las formas como el camaleón... A él se le puede matar. Lo he matado.

¡El espectro! Los espectros no se pueden matar. Él está dentro, 6 muerto, pero vivo. Yo, que le he matado, estoy muerto por él... No deja en paz ni siquiera a los muertos, los quiere resucitar...

Él está vivo, vivo, pegado como un ave de rapiña al cadáver de mi conciencia. Quisiera resucitarme a picotazos. Pero yo, antes de renacer con él, prefiero vivir muerto sin él. Es más viril.

¿0 estúpido?... En resumen, Dios está en mi ateísmo. Yo no sería ateo, si él no existiese. Es una contradicción insoluble. No la resuelvo más que obedeciéndole. No la venzo, sino creyendo en el Dios que niego, afirmando a Dios. Lo quiere mi propio ateísmo, lo exige tiránicamente.

Negar a Dios es la hipótesis prohibida, porque es afirmarle. Lo sé y me rebelo. Si tú no existieses, no te negaría. Y si existieses, ¿por qué esta tremenda tentación de la razón de negarte? Si tú no existieses, jamás yo hubiera podido pensar en ti...

Te pido paz... Tú, el amor, eres implacable como el amor verdadero y sufrido. Nada persigue más que el amor1.

Considero que el testimonio de ateos convertidos puede ser un buen argumento a favor de la existencia de Dios.

Ellos, generalmente, después de luchas y estudios, llegaron a descubrir la luz de Dios, que dio paz y alegría a sus vidas.


1 Federico Sciacca, Mi itinerario a Cristo, Ed. Taurus, Madrid, 1957 pp. 106-115
   


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