Friday May 26,2017
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GLORIAS DE MARIA

Maria Reina de los Angeles y de los Hombres

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


I- Dios te Salve, Reina y Madre de Misericordia

» 1a. De la confianza que debemos tener en la Virgen, por ser Reina de la Misericordia

» 1b. Ejemplo:
Maria la pecadora, convertida en la hora de la muerte.

» 1c. Oracion

» 2a. Que debemos tener aún mayor confianza en la Virgen María, por ser nuestra Madre

» 2b. Ejemplo:
Conversión y santa muerte de un protestante.

» 2c. Oracion

» 3a. Del grande amor que nuestra Madre nos tiene

» 3b. Ejemplo:
Santa muerte de una pastorcita.

» 3c. Oracion

» 4a. María también
es Madre de los
pecadores arrepentidos

» 4b. Ejemplo:
Ernesto, el monje bandolero

» 4c. Oracion


II- Vida y Dulzura

» II- 1a. María es vida nuestra, porque nos alcanza el perdón de los pecados

»II- 1b. Ejemplo:
Elena, convenida por rezar el rosario.

»II- 1c. Oracion

» II- 2a. La Virgen también es nuestra vida, porque nos obtiene la perseverancia.

»II- 2b. Ejemplo:
Conversión de María Egipciaca.

»II- 2c. Oracion

»II- 3a. María hace dulce la muerte a sus devotos

»II- 3b. Ejemplo:
María asiste a una pobre moribunda desamparada.

»II- 3c. Oracion


III- Esperanza Nuestra

» III-1a. María es esperanza
de todos

»III- 1b. Ejemplo:
Resucitada por la oración
del marido.

»III- 1c. Oracion

»III- 2a. María es la esperanza de los pecadores.

»III- 2b. Ejemplo:
Perdonado por intercesión
de María.

»III- 2c. Oracion


IV - A Ti clamamos los hijos de Eva

» IV- 1a. María ayuda prontamente a todos los
que la invocan

»IV- 1b. San Francisco de Sales, socorrido por rezar el «Acordaos»

»IV- 1c. Oracion

»IV- 2a. Poder de María contra las tentaciones

»IV- 2b. Ejemplo:
Amparado por la Virgen en el tribunal de Cristo.

»IV- 2c. Oracion


V- A Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas

» V- 1a. Cuan necesaria sea para salvarnos la intercesión
de nuestra Señora

»V- 1b. Ejemplo:
¡Jamás renegaré de mi Madre!

»V- 1c. Oracion

»V- 2a. Prosigue la misma materia

»V- 2b. Ejemplo:
Escritura arrebatada al demonio.

»V- 2c. Oracion


VI- Ea, pues Señora, abogada nuestra

» VI- 1a. María es nuestra abogada, y tiene poder para salvarnos a todos.

»VI- 1b. Ejemplo:
Camino del patíbulo,
salvado por María.

»VI- 1c. Oracion

»VI- 2a. María es abogada compasiva y no rehusa defender la causa de ningún desvalido

»VI- 2b. Ejemplo:
La Virgen, portera de un monasterio

»VI- 2c. Oracion

»VI- 3a. María hace las paces entre Dios y los hombres

»VI- 3b. Ejemplo:
Conversión de Benita.

»VI- 3c. Oracion


VII- Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos

» VII- 1a. María Santísima mira con gran compasión nuestras miserias para remediarlas

»VII- 1b. Ejemplo:
El demonio, disfrazado
de mona

»VII- 1c. Oracion


VIII- Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

» VIII- 1a. María libra del infierno a sus devotos.

»VIII- 1b. Ejemplo:
Diversa suerte de dos estudiantes calaveras.

»VIII- 1c. Oracion

»VIII- 2a. María alivia a los suyos las penas del purgatorio y les saca de ellas

»VIII- 2b. Ejemplo:
Alejandra se salva por el Rosario.

»VIII- 2c. Oracion

»VIII- 3a. María lleva sus siervos a la gloria.

»VIII- 3b. Ejemplo:
Tomás, monje, oye cantar
a la Virgen

»VI- 3c. Oracion


IX- ¡Oh Clemente!, ¡Oh Piadosa!

» IX- 1a. Cuan grande sea la clemencia y piedad de María.

»IX- 1b. Ejemplo:
Convertida por rezar el Avemaría.

»IX- 1c. Oracion


X- ¡Oh Dulce Virgen María!

» X- 1a. El nombre de María es dulcísimo en vida y en muerte.

»X- 1b. Ejemplo:
Arrancada de las garras
del demonio.

»X- 1c. Oracion


Oraciones,
Muy devotas de algunos santos a la Divina Madre

»De San Efrén

»De San Bernardo

»De SanGermán

»Del Abad Célense,
llamado el idiota.

»De San Metodio

»De San Juan Damasceno

»De San Andrés de Candía

»De San Ildefonso

»De San Atanasio

»De San Anselmo

»De San Pedro Damián

»De San Guillermo.
Obispo de París

»De Santo Tomas de Aquino

»De San Alfonso María
de Ligorio.

 

IV 1a. María ayuda prontamente a todos
los que la invocan


Desterrados y peregrinos, vamos caminando por este valle de lágrimas los hijos de Eva, reos de su misma culpa, condenados a la misma pena y siempre lamentando los males que sufrimos de cuerpo y alma. Feliz el que entre tantas miserias vuelva con frecuencia los ojos al consuelo del mundo, al amparo de los afligidos, a la Madre de Dios. Feliz, dice María (Prov., 8, 34), quien oye mis consejos y viene de continuo a las puertas de mi piedad solicitando mi patrocinio.

Bien nos enseña la santa Iglesia la solicitud y confianza con que hemos de acudir continuamente a nuestra amorosísima Protectora ordenando venerarla con un culto muy especial:

tantas festividades, el sábado de cada semana, tres veces al día,  y los eclesiásticos en el Oficio divino a cada hora, por sí y a nombre de los demás fieles, sin contar las novenas, oraciones, procesiones y peregrinaciones a sus imágenes y santuarios en tiempo de aflicción o calamidades. Esto es lo que la misma Señora pretende, recibiendo nuestros obsequios, aunque tan mezquinos, con el fin de consolarnos y socorrernos al ver nuestra confianza y devoción.

Dice el estímulo de amor que de María Santísima fue en los tiempos antiguos figura muy expresa aquella mujer llamada Rut, nombre que en su lengua significa la que ve y la que se apresura; porque luego que ve nuestras miserias, viene con celeridad a remediarlas, siendo tanto el deseo que tiene de hacernos bien, que no lo difiere para después; y como, por una parte, no es avara de sus beneficios, y, por otra, es Madre amorosísima, corre a dispensarnos los tesoros de su liberalidad.

¡Oh y cuan veloz corre a favorecer a todos los que la invocan de corazón! Tus dos pechos sen como dos cabritillas mellizos (Caní., 4, 5). Sobre estas palabras dice Ricardo de San Víctor que los pechos de María están prestos a dar leche de misericordia a quien se la demanda, como para correr son veloces los cabritos.

La piedad de la Virgen se derrama sobre quien la implora, aunque sólo sea rezando un Avemaría. Y no sólo corre, sino vuela, a semejanza del Señor, que para responder a quien le llama y conceder lo que se le pide, en cumplimiento de su promesa, vuela veloz.

De este modo se entiende quién es aquella Mujer insigne del Apocalipsis (12, 14), a quien dieron alas de águila, expresión que el Padre Ribera explica del amor con que siempre voló hacia Dios; pero otros dicen, más a nuestro propósito, que significa velocidad mayor que vuelo de serafín, con que acude a socorrer a todos sus hijos. Por esto dice San Lucas en su Evangelio (1,39) que cuando fue a visitar a su prima y a llenar de bendición aquella casa, iba con gran ligereza.

Por lo mismo se dice también en los Cantares (5, 14) que sus manos fueron hechas a torno; porque así como el arte de tornear es más fácil y pronto que los demás, así más pronto es María que ningún Santo en favorecer a sus devotos Según es el deseo que tiene de consolarlos, así es la prontitud con que acude luego que se siente llamar.

Por eso el salterio mariano la llama Salud de los que la invocan; y, al decir de los Santos, basta llamarla para ser uno amparado, basta invocarla para salvarse; siendo mucho mayor su voluntad de dispensarnos favores, que la nuestra de recibirlos.

Ni la muchedumbre de nuestros pecados debe hacernos desconfiar cuando nos llegamos a sus pies, porque es Madre de misericordia, y la misericordia no ha lugar cuando faltan miserables.

Al modo que una madre natural no deja de atender a la cura de un hijo tinoso, aunque le cause asco, así María no nos desecha cuando la buscamos, a pesar la fealdad de nuestros delitos. Esto significó la piadosa Señora cuando, como vio Santa Gertrudis, extendía su piadoso manto para cubrir a los que venían buscando refugio en él, o mandaba a los ángeles que los defendiesen del enemigo.

Es tanta la clemencia con que nos mira y tanto el amor que nos tiene, que no espera nuestras súplicas para socorrernos, pues (Sab., 6, 14) nos alcanza los favores divinos antes que nosotros los solicitemos. Hermosa como la luna es llamada, no sólo por la apacibilidad con que sale iluminándonos y alegrándonos, sino porque, llevada de su entrañable amor, se anticipa a nuestras súplicas y deseos.

Esta bondad proviene, dice Ricardo de San Víctor, de tener un pecho santísimo tan lleno de piedad, que de suyo difunde misericordia, sin poder oír que un alma se halle en necesidad y no correr al punto a su remedio.

Bien lo dio a conocer en aquella boda del Evangelio, estando todavía en carne mortal. Luego que advirtió el sonrojo de los esposos, por habérseles acabado el vino, sin que nadie se lo rogase, y únicamente movida de sus piadosísimas entrañas, se acercó a su Hijo querido y le pidió que hiciese el milagro y consolase a aquella familia.

No tienen vino, dijo; y el Señor, para consolar a los esposos, y mucho más dar gusto a su Madre, lo hizo benignamente. Pues si favorece así aun a los que de Ella no se valen, ¿cuánto más pronto se mostrará en socorrer a los que la llaman con devoción?

Si alguno lo pone en duda, oiga el testimonio de los Santos que dice:

¿Quién jamás acudió a María, ¡y dejó de encontrar amparo? ¿Quién, oh Virgen  Santa; recurrió a valerse de vuestro patrocinio, con el cual podéis aliviar a todo miserable y salvar a todo pecador, y le abandonasteis?

No, nunca sucedió ni sucederá que habiendo alguno acudido a Vos, le hayáis faltado. Y si esto se ha visto alguna vez, «no se hable más de vuestra misericordia», dice San Bernardo:

«Antes faltarán los cielos y la tierra, añade Blosio, que María en socorrer a los que la invoquen sinceramente, poniendo en ella su confianza.» Y aun a veces seremos oídos más pronto recurriendo a Ella que si acudiésemos al Señor.

No porque la Madre sea más poderosa que su Hijo, puesto que bien sabemos que nuestro único Salvador es Jesucristo, sino porque recurriendo al Señor, y considerándolo como Juez, a quien también pertenece castigar, puede suceder que nos falta la confianza necesaria para ser oído; pero yendo a María, que otro oficio no tiene más que el de la misericordia para defendernos como aboga-Ida, parece nuestra confianza mayor y más segura.

Y así, vemos que muchas cosas pedimos a Dios, y no las alcanzamos. Las pedimos a María, y las alcanzamos. ¿Por qué? No porque sea más poderosa, sino por la razón ya dicha, y también porque Dios quiere de esta manera honrar a su Madre Santísima.

Dulce es la promesa que acerca de esto oyó Santa Brígida de boca del Señor, cuando, hablando una vez a su querida Madre, le dijo así: «Pídeme cuanto quieras: nada te negaré. Y todos los que por tu medio busquen misericordia, con propósito de enmendarse, alcanzarán la gracia.»

Lo mismo oyó Santa Gertrudis otra vez en que Jesús dijo a María que Él, por su omnipotencia, le había concedido el que usase de misericordia con los pecadores, de cualquier modo que quisiese.

Repitamos todos con gran confianza: Acordaos, Señora piadosísima, que a ninguno jamás habéis desechado. Y así, perdonadme si me atrevo a decir que no quiero ser yo el primer desdichado que deje de hallar clemencia recurriendo a Vos.

   


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