Saturday February 25,2017
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GLORIAS DE MARIA

Maria Reina de los Angeles y de los Hombres

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


I- Dios te Salve, Reina y Madre de Misericordia

» 1a. De la confianza que debemos tener en la Virgen, por ser Reina de la Misericordia

» 1b. Ejemplo:
Maria la pecadora, convertida en la hora de la muerte.

» 1c. Oracion

» 2a. Que debemos tener aún mayor confianza en la Virgen María, por ser nuestra Madre

» 2b. Ejemplo:
Conversión y santa muerte de un protestante.

» 2c. Oracion

» 3a. Del grande amor que nuestra Madre nos tiene

» 3b. Ejemplo:
Santa muerte de una pastorcita.

» 3c. Oracion

» 4a. María también
es Madre de los
pecadores arrepentidos

» 4b. Ejemplo:
Ernesto, el monje bandolero

» 4c. Oracion


II- Vida y Dulzura

» II- 1a. María es vida nuestra, porque nos alcanza el perdón de los pecados

»II- 1b. Ejemplo:
Elena, convenida por rezar el rosario.

»II- 1c. Oracion

» II- 2a. La Virgen también es nuestra vida, porque nos obtiene la perseverancia.

»II- 2b. Ejemplo:
Conversión de María Egipciaca.

»II- 2c. Oracion

»II- 3a. María hace dulce la muerte a sus devotos

»II- 3b. Ejemplo:
María asiste a una pobre moribunda desamparada.

»II- 3c. Oracion


III- Esperanza Nuestra

» III-1a. María es esperanza
de todos

»III- 1b. Ejemplo:
Resucitada por la oración
del marido.

»III- 1c. Oracion

»III- 2a. María es la esperanza de los pecadores.

»III- 2b. Ejemplo:
Perdonado por intercesión
de María.

»III- 2c. Oracion


IV - A Ti clamamos los hijos de Eva

» IV- 1a. María ayuda prontamente a todos los
que la invocan

»IV- 1b. San Francisco de Sales, socorrido por rezar el «Acordaos»

»IV- 1c. Oracion

»IV- 2a. Poder de María contra las tentaciones

»IV- 2b. Ejemplo:
Amparado por la Virgen en el tribunal de Cristo.

»IV- 2c. Oracion


V- A Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas

» V- 1a. Cuan necesaria sea para salvarnos la intercesión
de nuestra Señora

»V- 1b. Ejemplo:
¡Jamás renegaré de mi Madre!

»V- 1c. Oracion

»V- 2a. Prosigue la misma materia

»V- 2b. Ejemplo:
Escritura arrebatada al demonio.

»V- 2c. Oracion


VI- Ea, pues Señora, abogada nuestra

» VI- 1a. María es nuestra abogada, y tiene poder para salvarnos a todos.

»VI- 1b. Ejemplo:
Camino del patíbulo,
salvado por María.

»VI- 1c. Oracion

»VI- 2a. María es abogada compasiva y no rehusa defender la causa de ningún desvalido

»VI- 2b. Ejemplo:
La Virgen, portera de un monasterio

»VI- 2c. Oracion

»VI- 3a. María hace las paces entre Dios y los hombres

»VI- 3b. Ejemplo:
Conversión de Benita.

»VI- 3c. Oracion


VII- Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos

» VII- 1a. María Santísima mira con gran compasión nuestras miserias para remediarlas

»VII- 1b. Ejemplo:
El demonio, disfrazado
de mona

»VII- 1c. Oracion


VIII- Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

» VIII- 1a. María libra del infierno a sus devotos.

»VIII- 1b. Ejemplo:
Diversa suerte de dos estudiantes calaveras.

»VIII- 1c. Oracion

»VIII- 2a. María alivia a los suyos las penas del purgatorio y les saca de ellas

»VIII- 2b. Ejemplo:
Alejandra se salva por el Rosario.

»VIII- 2c. Oracion

»VIII- 3a. María lleva sus siervos a la gloria.

»VIII- 3b. Ejemplo:
Tomás, monje, oye cantar
a la Virgen

»VI- 3c. Oracion


IX- ¡Oh Clemente!, ¡Oh Piadosa!

» IX- 1a. Cuan grande sea la clemencia y piedad de María.

»IX- 1b. Ejemplo:
Convertida por rezar el Avemaría.

»IX- 1c. Oracion


X- ¡Oh Dulce Virgen María!

» X- 1a. El nombre de María es dulcísimo en vida y en muerte.

»X- 1b. Ejemplo:
Arrancada de las garras
del demonio.

»X- 1c. Oracion


Oraciones,
Muy devotas de algunos santos a la Divina Madre

»De San Efrén

»De San Bernardo

»De SanGermán

»Del Abad Célense,
llamado el idiota.

»De San Metodio

»De San Juan Damasceno

»De San Andrés de Candía

»De San Ildefonso

»De San Atanasio

»De San Anselmo

»De San Pedro Damián

»De San Guillermo.
Obispo de París

»De Santo Tomas de Aquino

»De San Alfonso María
de Ligorio.

 

II 2a. La Virgen también es nuestra vida, porque nos obtiene la perseverancia


Es la perseverancia final don tan alto y precioso, que ningún hombre lo merece, sino que es del todo gratuito, como tiene la Iglesia declarado en el Concilio de Trento.

Con todo, San Agustín enseña que se puede alcanzar con la oración, y aun infaliblemente. Añade el Padre Suárez:

«... con tal que no cesemos de pedirlo hasta él fin»; pues, en expresión de San Roberto Belarmino, cada día se debe pedir para que cada día se pueda obtener. Ahora bien: conforme a la opinión común, y cierta para mí, como probaré en el capítulo V, si es verdad que dispensa Dios, por mano de María, todas las gracias que concede a los hombres, no habrá duda en que también alcanzaremos por su medio el don de la perseverancia, que es la gracia suprema.

Sí, la alcanzaremos pidiéndosela siempre con toda confianza. Ella misma lo promete a cuantos la sirvan con fidelidad; y la santa Iglesia, que es infalible, le pone en la boca las palabras que lo aseguran (EcclL, 24, 30): Los que se guían por Mí no pecarán; los que me dan a conocer obtendrán la vida eterna.

Para perseverar en gracia hasta la muerte necesitamos fortaleza espiritual con que resistir a los asaltos del enemigo, la cual sólo se alcanza por medio de María (Prov., 8, 14): Mía es la fortaleza. En mi mano ha puesto- el Altísimo este don, para que le dispense a mis devotos.

Por Mí reinan los reyes.
Con mi fervor rigen mis siervos sus sentidos, dominan sus pasiones y se hacen dignos de reinar  después eternamente. ¡Oh, qué esfuerzo sienten en  sí los siervos de esta gran Señora para vencer todas las tentaciones! María es aquella torre inexpugnable ceñida de escudos y defensa, donde tienen las almas fieles armas en abundancia para pelear y vencer a todos sus contrarios (Cant., 4, 4).

También se llama platano (Eccli., 24, 19), porque el plátano tiene las hojas grandes y parecidas a un escudo; esta propiedad explica bien la protección y firmeza con que María defiende a los suyos; o bien, dice el Beato Amadeo, porque así como los viajeros se guarecen de la fuerza del sol y la lluvia bajo las hojas de este árbol, así los hombres bajo el manto de María hallan refugio contra el ardor de las pasiones y la violencia de la tentación.

¡Desdichado de aquel que se aparta de tan segura defensa! ¡Desdichado del que olvida su devoción y no recurre a Ella en los peligros! ¿Qué sucedería si llegase a faltar el sol?, dice San Bernardo.

¿Qué sería entonces el mundo, sino un caos tenebroso y horrendo? Pierda el alma la devoción de María, y luego se cubrirá de tinieblas, de aquellas tinieblas donde sólo habitan fieras terribles, cuales son el pecado y el diablo (Ps., 103, 20). ¡Ay de aquellos que se ofenden de la luz de este sol, que desprecien la devoción de María!

Con sobrado motivo dudaba mucho San Francisco de Borja de la perseverancia de aquellos en quienes no veía una devoción especial a esta soberana Señora. Preguntó una vez a ciertos novicios cuáles eran los Santos de su mayor devoción, y advirtiendo que algunos de ellos no la tenían particular con la Virgen Santísima, avisó al Maestro de novicios que estuviese alerta; y fue así que, al fin, aquellos desdichados salieron de la religión.

También tenía San Germán motivo para llamar a la Santísima Virgen «Respiración y aliento de todo cristiano»; porque si el cuerpo sin respirar no puede vivir, tampoco el alma puede conservar la vida de la gracia, sino por medio de María, que nos la consigue seguramente.

Tuvo un día el Beato Alano una gravísima tentación, y por no haberse encomendado a la Virgen, poco le faltó para ser vencido y perecer; pero la Soberana Señora se le apareció, y para que otra vez fuese más advertido, le dio una bofetada y le dijo: «Si hubieses acudido a Mí, no te hubieras visto en semejante peligro.»

Al contrario, dice María: Dichoso el que oye mi voz, y va todos los días a pedir a las puertas de mi misericordia luz y socorro (Prov., 8, 34). Abundancia de luz y pronto socorro le dará María para salir de sus vicios y volver al camino de la virtud.

Inocencio III la llama hermosamente «Luna en la noche, y Aurora temprana, y Sol al mediodía». Luna, al que vive ciego en la oscuridad del pecado, iluminando su alma, para que vea su infeliz estado y el peligro en que se halla de condenarse; Aurora, al que comienza a conocer el riesgo, para ayudarle a recobrar la gracia; y Sol clarísimo, al que ya está en gracia de Dios, para que no vuelva a caer en el precipicio.

Aplican a María los Doctores sagrados aquellas palabras de la Escritura santa (Eccli., 6, 31): Sus lazos son ataduras saludables. ¿Y por qué lazos y ataduras? Porque liga a sus devotos para que no huyan y se extravíen por los campos del vicio. Añade el espejo de nuestra señora:

María descansa en la plenitud de los Santos (Eccli., 24, 16), porque vive en medio de los Santos, y los detiene para que no vuelvan atrás, y les conserva la virtud para que no descaezcan, y sujeta con su poder al diablo para que no les haga daño.

Todos sus devotos tienen dos vestidos (Prov., 31, 21); es decir, las virtudes de Cristo y las de María, como explica doctamente Cornelio a Lapide; y así vestidos viven bien y acaban bien; por lo cual exhortaba tantas veces San Felipe Neri a sus penitentes, diciéndoles: «Hijos, si queréis perseverar, sed devotos de la Virgen Santísima»; y lo mismo aseguraba San Juan Berchmans, como ya dijimos.

Es hermosa la reflexión de un piadoso abad a propósito de la parábola del hijo pródigo. Dice que si hubiera tenido madre, aunque tan díscolo, no se hubiera ido de la casa paterna, o hubiera vuelto mucho antes; dando a entender que el que tiene la dicha de ser hijo de María, o no se aparta nunca de Dios, o, si le acontece tal desgracia, vuelve pronto por medio de la Madre amantísima.

¡Oh, si amasen a esta benignísima y amorosísima Señora todos los hombres! Si luego que sintiesen la tentación corriesen a sus brazos, ¿quién caería jamás?, ¿quién se perdería? Sólo se pierde quien no la invoca. San Lorenzo Justiniano le aplica aquellas palabras de la Escritura:

Anduve sobre las olas del mar;
como si dijese: «Yo me hallo con mis siervos en medio de las tempestades, para asistirlos y librarlos de la perdición eterna.»

Cuenta el Padre Bernardino de Bustos que a un pajarillo le enseñaron a decir A ve María, y viniendo una vez a cogerle un gavilán, dijo: Ave María, y el gavilán quedó muerto.

Pues si el ave, sin entender lo que decía, se libró de la muerte, mucho más debe esperar esto una persona racional si invoca de corazón su dulce nombre cuando le asalte el enemigo de las almas.

Al sentir la tentación, dice Santo Tomás de Villanueva, no hay que discurrir ni hacer otra cosa sino acogernos al instante bajo el manto de María, como los polluelos bajo las alas de la madre cuando el milano viene.

Vos, Madre y Señora, nos defenderéis, porque no tenemos otro amparo ni otra esperanza y protección en quien, después de Dios, podamos confiar.

Concluyamos con aquellas palabras tan afectuosas de San Bernardo: «¡Oh tú, quienquiera que seas, advierte que en esta vida, más bien que andar por tierra firme, vas navegando entre peligros y borrascas!

Si quieres no quedar sumergido, mira la estrella, llama a María. En los peligros de pecar, en las tentaciones porfiadas, en las dudas, piensa que María te puede socorrer, y llámala de contado.

No falte jamás su nombre en tu corazón con la confianza, ni de tu lengua con la invocación. Si la sigues, no errarás el camino de la salud.

Si acudes a Ella, no desconfiarás. Si te tiene de su mano, no caerás. Si te protege, nada temerás. Si te guía llegarás al puerto sin trabajo. En una palabra: si María toma a su cargo defenderte, alcanzarás la bienaventuranza. Hazlo así y vivirás (Le., 10, 28).

   


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