Thursday March 23,2017
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Reflexiones sobre las últimas palabras de Jesús

  
DEL SINAI AL CALVARIO
Reflexiones Sobre las Últimas Palabras de Jesús.

Testimonio de Catalina
  


»  Prólogo

»  Introducción


LOS MENSAJES:

»  Primera Palabra:
"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…"

»  Segunda Palabra:
"En verdad te aseguro que hoy mismo estarás Conmigo en el Paraíso"

»  Tercera Palabra:
"Mujer, ahí tienes a tu hijo… Hijo, ahí tienes a tu Madre…"

»  Cuarta Palabra:
"Tengo Sed…"

»  Quinta Palabra:
"Señor, Señor… ¿Por qué Me Has abandonado…?"

»  Sexta Palabra:
"¡Todo está consumado…!"

»  Séptima Palabra:
"Padre… ¡En Tus manos encomiendo Mi Espíritu…!"



»  Palabras Finales de Catalina

»  Citas Bíblicas Referidas a Jesús

 

» Prólogo

Autor: Catalina Rivas | Fuente: www.LoveAndMercy.org  

Quien se sumerge en el Misterio de la Pasión del Señor, no puede evitar los sentimientos de dolor y compasión, por los terribles tratos que los hombres dieron a su Salvador.

Como hombre, Jesús experimentó los peores dolores que pueda soportar un ser humano: ultrajes, golpes, ofensas, heridas en todo su cuerpo... Fue tratado como si hubiera sido un
asesino, un enemigo de la humanidad.

Con expresiones muy impactantes, los evangelistas nos describen las circunstancias que acompañaron a Jesús en aquellos momentos fatales. Seguramente estos textos pasaron en reiteradas ocasiones bajo nuestros ojos, pero muchas veces en forma tan fugaz que no hemos podido penetrar en el mensaje profundo que contiene aquella realidad histórica.

El presente libro narra y describe algunos de los acontecimientos más relevantes de nuestra Redención. Durante dos meses, por varias horas diarias, Jesús invita a Catalina –la autora de estas páginas- a vivir, a contemplar sus últimos momentos en la cruz, y al mismo tiempo a meditar
sobre sus últimas palabras.

Aquellas "últimas palabras", que jamás perderán su fuerza, adquieren un significado particular a la luz de los acontecimientos que vive el hombre de hoy, empañado de materialismo, de violencia, de pérdida de sentido; enceguecido por su soberbia, al punto de atribuirse el derecho de manipular la vida, de sofocarla, de decidir sobre el destino de los demás…

Sin duda, vivimos en un mundo marcado por la cultura de la rivalidad y de la muerte, que promueve el hedonismo en sus expresiones más aberrantes, mientras se formulan leyes cada vez más alejadas de la fe, de los verdaderos valores. Es
como si en todo lo que el hombre hace, procurara excluir en forma sistemática y obstinada a su Creador, al grado que para muchos, hablar de Dios en la cultura de hoy, resulta un anacronismo, un atropello a la razón.

Mientras tanto, quienes creemos, estamos conscientes de que hay un gran debilitamiento en la práctica de nuestra fe, de nuestra capacidad y disposición para orar; de nuestro compromiso con Dios. La ausencia de razones para sostener la fe nos viene conduciendo a la pereza espiritual, a la
pérdida del celo por las cosas del Señor, a la confusión y a las más diversas maneras en que se manifiesta el mal.

Observando este mundo, nos damos cuenta de que necesita un freno; necesita -como dice Juan Pablo II- una nueva evangelización, que haga resplandecer con renovadas fuerzas la presencia de Dios, que reoriente al mundo hacia Cristo, nuestra Esperanza; hacia su Misericordia; invitando a todos
para que vuelvan a mirar la Cruz, para poder calmar la tormenta que el enemigo común ha desatado sobre el mundo, y para enderezar los caminos de los hombres.

Estas páginas son una invitación especial para ti, hermano sacerdote, hermano consagrado, hermano laico -que estás involucrado en la efervescencia de la actividad y del pensamiento humano- un llamado para que redescubras el significado del trabajo por los intereses de Cristo.

Hemos olvidado el valor de la cruz, del sufrimiento, de la penitencia; por esto no estamos respondiendo como debiéramos al mandato recibido, que es el de ir por todo el mundo y
predicar la Buena Nueva del Evangelio.

Cuando Jesús le habla a Catalina refiriéndose a los consagrados le dice: "Di a las almas consagradas que la cruz que llevan no es solamente para que adorne su pecho […] deben revestirse de ella, deben aprender a 'acomodarse' en ella en lugar de huir de ella […] no pueden ambicionar el Tabor sin antes pasar por el Gólgota [...] En la cruz es
donde se aprende la caridad, la humildad, la pobreza de espíritu, la templanza…
"

Pero resulta que, con la mentalidad de hoy, todo lo referido a la cruz, al sufrimiento, a la renuncia, nos parece obsoleto; huimos de todo aquello que implica penitencia o mortificación, no le vemos sentido...

Sin embargo, las palabras de Cristo en el Evangelio "¡Si quieres seguirme toma tu cruz y sígueme!" no han perdido vigencia. Si de veras estamos dispuestos a configurar nuestra vida a la Suya, entonces veremos que son muchas las vestiduras mundanas de las que tendremos que despojarnos y
liberarnos.

Cristo sigue sufriendo en los miembros de su Cuerpo místico, sufre en el anciano abandonado, en el pobre, en el enfermo, en el encarcelado, en el hambriento, en el huérfano… ¿Será que podemos aliviar este dolor? Tomar conciencia de ello es
comenzar a curar las llagas y las heridas mismas de Cristo.

La actitud pasiva es propia de aquel que está siendo domado por el enemigo. El enemigo común no molesta a quienes ya tiene sujetados, éstos de hecho niegan su existencia, niegan el infierno, creen estar libres de las tentaciones porque ya todo les parece normal; han perdido la conciencia del pecado y por ello no necesitan evangelizar; están convencidos de que su vocación consiste, en el mejor de los casos, en amar a su prójimo como a ellos mismos, pero olvidándose de cultivar su relación personal con Dios a través de la Cruz.

Ha llegado el momento de abrir los ojos a esta realidad terrible que está diezmando a nuestra Iglesia. La falta de convicciones, la ausencia de un compromiso serio, la falta de oración, son síntomas que muestran claramente que nuestro enemigo no está dormido, sino que obra incesantemente para
arrebatar almas y arrancarnos de nuestros deberes.

Este texto es un grito desesperado de Jesús a la Iglesia y a la humanidad, para que todos reconozcamos nuestra necesidad de vivir una verdadera y profunda conversión.

Los editores

   


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