Sunday July 23,2017
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Autor: Anonimo | Fuente: Anonima

El secuestro no es castigo de Dios


Nos hemos olvidado de Jesus

El secuestro no es castigo de Dios, es una de las mejores estrategias del demonio para llevarse almas al infierno. 


Me mandaron este enlace y quiero compartirlo con ustedes... quiza lo lean ... quiza no,.... quiza les sirva a algunos ...quiza a otros ni les interese... a mi me lleno de esperanza y por eso quiero compartirlo con ustedes:
Dios los bendiga !!  =) Darz. 


En vísperas de la celebración de la Natividad de Nuestra Señora, la Virgen María, fui con mi familia a la misa dominical a la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Polanco. Al llegar no hayamos estacionamiento y la misa estaba por comenzar.

Mis dos hijos más pequeños estaban dormidos, así que le pedí a mi esposo que bajara junto con mi hijo mayor de 11 años, mientras yo me quedaba al volante en espera de un lugar de estacionamiento. Pasaron diez minutos y nada, y me empecé a molestar por no poder asistir a misa.

Arranqué la camioneta y me decidí  a dar vueltas a la manzana mientras rezaba el rosario. Antes de comenzar le dije a Dios ¿No quieres que vaya a misa hoy? Mira que mi corazón está tan sediento de ti y mi alma necesita recibir el Santísimo Sacramento, ¿por qué me alejas de ti hoy? Y antes de seguir con mis injustos reclamos, reaccioné y le dije, esta bien Señor, si tu voluntad es que me quede afuera, me quedaré, pues sólo tú sabes por qué y para qué me quieres aquí. Tomé mi rosario, di gracias y ofrecí mis oraciones por diversas causas, y entre ellas pedí porque terminara el secuestro en México.

Le pedí a la Santísima Virgen que intercediera por los mexicanos para que Dios nos librara de este dolor. Muy confundida le pedí una respuesta de por qué sucedían estas cosas y a lo largo de ese rosario tuve esta inesperada respuesta de mi fe (espero que sea de la Gracia), que quiero compartir con todos ustedes:

Comencé por pedir por las personas secuestradas para que salieran con vida de su cautiverio, en especial por una amiga de la familia que se encuentra secuestrada y escuche que  no es eso lo importante. Debemos rezar por las personas secuestradas para que tengan la fortaleza de vivir el secuestro tomadas de la mano de Nuestro Señor, para que ofrezcan su dolor y angustia para el perdón de sus pecados, clamando a la misericordia divina que los acoja. Debemos rezar por las personas secuestradas para que, si mueren a manos de los secuestradores, no tengan miedo de morir, sabiendo que serán recibidas en el reino de Dios, pero lo más importante, para que no mueran enojados, ni blasfemando contra Dios, pensando que Dios les han enviado ese castigo. El secuestro, me di cuenta en ese momento, no es castigo de Dios, es una de las mejores estrategias del demonio para llevarse almas al infierno.

El demonio comienza por hacerse de las almas de los secuestradores, quienes llegan a él desde su infancia. ¿Cómo puede ser esto?, Pensé y se me permitió reflexionar sobre lo siguiente: El presente deterioro familiar consecuencia de la perdida de valores cristianos, la violencia familiar y  desintegración, afectan a los niños de forma que sólo curaría una formación completa en la fe, y lo más grave es que en este triste escenario nunca esta Dios.

Cada vez son más los padres y madres de familia que dejan a Dios de lado y no educan a sus hijos bajo el amor de Jesús y María argumentando que ese modelo es anticuado. Por otro lado, las cifras de niños sin hogar, niños de la calle, niños maltratados, niños violados en diversas formas: físicas y psicologías, niños abandonados y niños repudiados por sus propios padres cada día son más y más.

Estos niños van creciendo y al ser adolescentes experimentan vivencias aun más desviantes que los marcan para siempre para no poder amar. Así se va anidando el demonio en sus corazones, llenándolos de odio y rencor con una sola meta: matar, vengarse, cobrarse todas las que le hizo la sociedad. Desarrollan un desprecio hacia la vida.

 Comenzando  por su propia vida, andan en busca de su autodestrucción empleando drogas, alcohol, entregándose a la prostitución y todo tipo de prácticas abominables. Sobra decirles que todas y cada una estas, son herramientas del demonio que ha diseñado para lograr la corrupción y destrucción de la vida humana y al mismo tiempo, para hacerse dueño de estas almas.

Así, estos niños llenos de odio y bajo la dirección del demonio que les va poniendo en este camino de perdición, satisfacciones más altas mientras más delitos y atrocidades cometan, es por esto que el perfil delincuente no se detiene, sino que cada vez se perfecciona y aumenta su maldad, pues mientras más trasgreda, más satisfactorio  le es. Es una droga que el demonio da a cambio de lo que los papás sembraron quitando a Dios:

Tener el poder sobre los otros. El arma de  ese poder es el miedo. Todos sabemos que el demonio es el gran maestro del miedo, de la angustia, el dolor y la desesperación. Por eso es que sus seguidores y alumnos saben manejar muy bien estos sentimientos para lograr hacer de nosotros lo que quieren.

Ahora sorpréndase más, como yo cuando se me permitió ver cuál es la verdadera finalidad del secuestro. Vamos por partes:

El secuestro es, de todos los delitos, el más ruin, inhumano e injusto, casi iguala el aborto. No sólo porque  acaba con la vida del secuestrado quien se encuentra desprotegido, sin posibilidad de defenderse y que además no es culpable de nada. La  mayoría, no conocen a sus secuestradores y no hay una causa que provocara su secuestro, lo cual les hace sufrir una muerte en calidad de mártir, un delito que a los ojos de Dios y de los hombres no tiene precedente.

Por el otro lado están los familiares, a quienes los secuestradores les provocan un sufrimiento indecible, prolongado, sin causa ni explicación. Igualmente que al secuestrado, los torturan a base de miedo, desesperación y angustia, denotando en todo momento que son los que tienen el poder, que son dueños de la vida y que si así lo deciden, acaban no sólo con la existencia del secuestrado, sino también con la familia entera.

Al reflexionar sobre esto ultimo, Nuestra Madre me permitió ver con claridad  la mano de satanás.

El secuestrador, es una alma perdida. El mismo se considera ya propiedad del demonio, por eso tiene una gran capacidad del mal sin el mayor remordimiento, se ha negado a sí mismo la presencia del Espíritu Santo, en su lugar el demonio obra sin reservas.

La mayoría de ellos se hacen tatuar y ostentan imágenes demoniacas, pero lo más grave es que lo llevan muy metido en sus corazones. El secuestrador es entonces un instrumento incondicional del demonio, pero satan no se conforma sólo con el alma del delicuente, quiere más, así que va en busca del alma del secuestrado.

En los evangelios siempre se nos aconseja estar en Gracia. Todo el tiempo los sacerdotes en la celebración eucarística nos llaman a estar preparados para el momento de nuestra muerte.

Nuestro Señor Jesús se ha manifestado en diversas formas pidiendo que nos entreguemos a su Sagrado Corazón, a su Divina Misericordia para no ser presas del demonio.

La Santísima Virgen en sus diversas advocaciones siempre nos advierte de las acechanzas del demonio y que recemos el rosario, que nos convirtamos, que nos entreguemos a su Hijo, pero pocos son los que escuchan y obedecen, como consecuencia, estamos en grave riesgo de perder nuestras almas a manos del demonio en esta nueva treta: el secuestro, cuya misión es arrebatarnos nuestras almas y llevarlas al infierno. Aprendamos bien este por qué.

Cuando se secuestra a una persona, se le hace vivir un miedo inimaginable no sólo a  perder la vida sino a perderlo todo, familia y pertenencias materiales.

¿Creen ustedes que el secuestrado en sus primeros minutos de ser plagiado tenga la capacidad de unirse a Dios por lo que le está sucediendo?

¿Lo hará pasados los días, cuando ha sufrido tremendas torturas psicológicas y físicas?

¿Dada nuestra pobre formación espiritual, el secuestrado en medio de su angustia y miedo dará gracias a Dios y se preparará para ser recibido en el Corazón de Jesús o  renegará de su suerte, rechazando a Dios, culpándolo, pidiéndole explicaciones sobre su injusto sufrimiento, blasfemando se enojará con Dios porque es injusto que permita que haya tanta maldad?

¿Le pedirá a sus familiares con desesperación no sólo dinero, sino además oraciones, misas para la salvación de su alma y la de sus captores?

Actualmente sabemos que el secuestro es igual a muerte ¿nos preparamos para bien morir en paz espiritual, reforzando nuestra fe en Dios, entregándonos a su Divina Voluntad?

¿Hemos logrado ser capaces de amar a Dios por sobre todas las
cosas, de manera que si un secuestrador nos aparta de nuestras familias y nos amenaza con matarnos, no tendremos miedo porque sabemos que Dios nos espera y nos tendrá misericordia y tomará en cuenta nuestro sufrimiento y el de nuestra familia y esa gran confianza nos permite enfrentarnos sin miedo, con tranquilidad, abandonándonos a la voluntad de Dios?

La respuesta es: NO TENEMOS A DIOS. Es eso lo que busca el demonio. Nuestra gran pobreza espiritual es lo que busca, es lo que le permite y le permitirá por mucho tiempo hacernos pedazos y de paso, llevarse nuestras almas.

La mayoría de las personas secuestradas están enojadas, además de tener miedo, están muy molestas por lo que les ha tocado vivir, se sienten impotentes y pasan el tiempo de su secuestro desesperadas rogando por ser salvadas al precio que sea, no sólo en dinero.

El miedo también lo sufren por sus familiares, y quisieran protegerlos, igualmente, al precio que sea. Esta situación límite a la que llevan los secuestradores de “al precio que sea” es tierra fértil para el demonio, quien ve ahí el momento preciso para negociar, con el alma por supuesto. Pero si la persona no accede por ese lado, tiene otras opciones para robarse las almas.

Quien vive sus últimos momentos y dependiendo de la calidad espiritual de su vida, necesita minutos de calma, segundos quizá para pedir perdón o bien entregarse a Dios.

Eso se le niega al secuestrado, porque los captores con la más despiadada saña matan a sus secuestrados sin que ellos se den siquiera cuenta, así, en un segundo les matan de manera sorpresiva. Pero lo más demoníaco  y estrujante es que privan al secuestrado de recibir los sacramentos. Los teólogos dicen que una persona que fallece puede recibir los sacramentos hasta tres horas después, antes de que se presente la rigidez mortuoria.

Desgraciadamente los cadáveres de personas secuestradas a veces se hayan meses o un año después de haber sido ejecutados, y muchos, jamás son hallados. Es una realidad por la cual debemos elevar nuestras oraciones y llorar a los pies de Jesús clamando su misericordia.

Quedan todavía las almas de los familiares, esas también son presas del demonio. ¿Qué familia confiará y se acercará más a Dios por tener a uno de sus miembros secuestrado?

¿Quiénes estarán conformes con Él porque su familiar murió a manos de un secuestrador? ¿Quién podrá aceptar sin renegar, blasfemar y reclamar, la muerte de un secuestrado? Casi nadie.

La mayoría de las familias que han sido víctimas de estos empleados del demonio se alejan de Dios, porque creen equivocadamente que fue un castigo que se les aplicó de manera injusta, venido de un Dios que a su juicio, es insensible y cruel  que se llevo a su padre, madre, hijo, hija, hermana o hermano, sin escuchar sus ruegos.

Podrán pensar quizá que  Dios es justo y bueno, pero que desgraciadamente no escuchó sus oraciones y ruegos, así que,  Dios podrá seguir siendo Dios, pero que entre ellos, al menos ya no puede haber amistad ni relación, así se van separando del Señor y una alma sola y lejos de la mano de Jesús, será presa fácil en algún momento de las tretas del demonio.

¡Cuantas almas están en riesgo de ser propiedad del demonio! ¿Y de quién es la culpa? -como siempre acostumbramos a buscar culpables- Pues muchos dirán:  “¡De Dios, porque no nos protege, no nos cuida, no nos libra del mal!”.

Para sorpresa nuestra, no es así. La culpa es nuestra. Somos responsables en principio, de fallar ante Dios en el matrimonio, creando familias alejadas de Dios, violentas, sin valores morales y religiosos, ni principios, desintegradas, creadoras de niños y jóvenes lastimados y llenos de odio que serán presas fáciles del demonio.
Somos responsables también de caer en las trampas del demonio como la promiscuidad, la unión libre, la maternidad soltera, el aborto y la homosexualidad, que según dicen son formas de vida moderna que debe exigir el ser humano como consecuencia de que tiene el derecho de vivir en libertad haciendo lo que le haga más feliz.

¿De ser cierto, porque a negado  Dios darnos esas “libertades”?

Cuando vemos adultos llevar ese comportamiento, al final de sus vidas deberían ser sumamente felices, ¿por qué entonces acaban destrozados, llenos de miedo y soledad, por qué muchos acaban suicidándose o regresando a los brazos de Jesús pidiendo misericordia y piedad?

¿Por qué muchos están inmersos en las ya mencionadas trampas demoníacas de la delincuencia, la prostitución, la drogadicción y el secuestro? Y lo peor, esas formas de vida afectan también a los niños y adolescentes y son formadoras de seres insensibles a la vida y blancos fáciles del demonio.

Somos responsables de lo que nos pasa también por poner a Dios al último, por preferir siempre al demonio en nuestras vidas en diversas formas.

Cuando en el cine exhiben una película satánica, las salas están a reventar, pero si exhiben una vida de santos o con valores religiosos, las salas están desiertas. Si alguien habla de una posesión satánica, todos creen y buscan conocer todos los detalles, pero si se les habla de las advocaciones de la Santísima Virgen o de las vidas de Santos o de los mensajes del Sagrado Corazón, entonces todos dudan y se alejan.

Todos los niños han leido y visto las aventuras de Harry Potter, pero pocos son los que conocen la vida de Santo Domingo Savio y del mismo Jesús.

Los lugares de sanación por brujos, chamanes, adivinos y demás tienen cada día más demanda, pero las adoraciones al Santísimo pocos las visitan.

Así que nuestra pobreza espiritual va en aumento, ¿qué armas podemos emplear cuando el demonio nos pone presos y demanda nuestras almas?

¿Cómo nos defenderemos de satán si lo invitamos día a día a nuestras vidas?

No conocemos las armas que nos da Dios para salvarnos, no creemos en su Divina Misericordia ni en la Gloria, por eso nos llenamos de miedo y desesperación cuando nos amenazan con quitarnos la vida, que absurdo parece, pero nos rendimos a los pies del demonio en la hora de nuestra muerte, negando la existencia de Dios, porque si creyéramos en Él nada nos haría temer, el único miedo nuestro sería perder la Gloria de Dios.

Si supiéramos lo que valemos, comprenderíamos por qué el demonio anda desesperado urdiendo trampas para llevarse nuestras almas y acabar con los seres humanos, y si realmente lo supiéramos, jamás, nunca caeríamos en sus redes.

Después de saber lo que les he escrito, se me hizo un nudo en la garganta muy doloroso que me impedía hasta respirar y comencé a llorar sin poder dejar de sentir un gran dolor.

¿Qué podemos hacer?

Pregunté, ¿qué podemos Madre mía? –Refiriéndome a la Santísima Virgen-.

Rezar por la conversión de los secuestradores, asaltantes, narcotraficantes, rateros, abortistas etc. Rezar por todos ellos todos los días y a cada momento porque sus almas se conviertan, aunque sea en el ultimo minuto de sus vidas, para que esas almas no se vayan al infierno.

Rezar también para que las personas secuestradas tengan su corazón puesto en el Señor y no tengan miedo a nada, rezar para que se preparen a  morir, si es que Dios así lo permite, en los brazos de Jesús y de María y para que Dios tome en cuenta sus sufrimientos. Rezar también por las familias de los secuestrados, para que se aferren a Dios y nunca duden de su Infinita Misericordia y para que el Espíritu Santo obre en ellos la Gracia de aceptar siempre la Voluntad de Dios.

Rezar para que todos seamos salvados y bendecidos en todo momento y no seamos presas del demonio y sus tormentos. Si lográramos fortalecer nuestra fe en Jesús, comulgar diario, rezar el rosario diario y en familia, pedir por la salvación de la humanidad, sobre todo por los más perdidos y obrar según la palabra de Dios, el demonio estaría derrotado.

No permitamos que el mal nos extinga, en nuestras manos está la salvación. No hay que temer al secuestro, más bien tengamos temor de lo que hemos sido capaces de hacernos a nosotros mismos negando la existencia de Dios en nuestras vidas.

La vida humana es la creación más grande y valiosa que hizo Dios, por eso el demonio quiere extinguirla.

La vida humana no tiene valor en dinero, por que somos una extensión de la existencia de Dios, pretender pagar con dinero una vida humana, es como si cortáramos a Dios en millones de pedacitos equivalentes a cuantos humanos hay en la tierra y a cada pedazo le pusiéramos un precio, acto abominable, pues ha habido personas secuestradas muertas por 10  mil pesos, otras por 5 millones de pesos, en fin.

Esta es una de las más grande ofensas de satan a Dios, no permitamos esta nueva crucifixión de Jesús, no comentamos el mismo error de hace 2009 años, es mucho tiempo ya como para no darnos cuenta del valor del amor de nuestro Padre. Recemos.

Cuando terminé el rosario, mi esposo me habló por teléfono y me dijo que dónde estaba, yo le hubiera querido decir que a los pies de María, pero lo dije: “Estoy dando la vuelta a la manzana”. El me contestó que el padre estaba a la puerta de la iglesia para darme la comunión, pues como no había podido entrar a misa, él y mi hijo habían pedido la comunión para mi.

Que corta es mi fe en Dios, pues aparte de recibir este regalo que les he compartido, Jesús no se olvidó de permitirme recibirlo como cada domingo y todos los días.

Gracias Señor.


 

   


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