Tuesday February 21,2017
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MEDITACIONES

Jesus Meditando


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»¿Los jóvenes de este Siglo ¿Son educados?

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¿Qué dijeron los santos acerca de la Virgen María?

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»La liberación no es lo que prometía

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¡Dios nunca olvida!

»Una marca inborrable en mi vida

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»María libra del infierno a sus devotos

»¡Oh Dulce Virgen María!

»María alivia a los suyos las penas del purgatorio y les saca de ellas

»¿Y por qué faltar a misa el domingo es pecado?

»15 Razones del por qué el yoga es sumamente peligroso

»Por qué el Yoga, en la filosofía y en la práctica, es incompatible con el Cristianismo

»La Virgen derrama lágrimas en Ucrania

»Nuestro ángel de la guarda

»El corazón y la ciencia

»La soledad compañera
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»María, Causa de nuestra alegría

»El Poder olvidar, don de Dios

»María ha subido al cielo
en cuerpo y alma

»En nosotros está la lámpara maravillosa


»Una luz en la noche


»Ahora Cristo es más mío


»Entrevista con San Pedro
y San Pablo


»¿Son compatibles? Yoga y Cristianismo


»¿Estamos abiertos al Evangelio?


»Reina y Madre de sus
queridos hijos

»Los santos cuerpos incorruptos

»Cuando sufrir es bello

»Cada uno de nosotros es
un grano de trigo

»Jesús, la mejor opción en la vida

»Eucaristía y Sagrario

»En la frente... una cruz de ceniza bendecida

»Dejar que Cristo entre en corazón

»El ayuno, don total de
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»Ante la presencia de Jesús ...un consolador recuerdo

»Que Nunca nos falte María

»La más tierna de las madres y la más poderosa de las Reinas

»La Noche Vieja

»Dios de Dios, Luz de Luz

»La Guadalupana, tu madre

»El clamor del Adviento

»Meditación ante el Santísimo Sacramento

» El Espíritu en acción, los carismas del Espíritu Santo

» Dios esta dónde le dejan entrar

» Obediente hasta la cruz

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» Vive, ama y perdona ¡ya!


»Con María, y un rosario
antes de Misa

»Reina y Madre de sus queridos hijos

»María es inmensamente
feliz en el cielo

»Madre enséñame a orar contigo
y como Tú lo hacías

»Los éxitos del Hijo son
también de su madre



»María, ahora es todo luz 



»Aceptó ser madre tuya por siempre 

»El amor más entrañable
ahí está por ti
 

»Creo en la misericordia divina

»Jesucristo Sacerdote

»María, la que más conoce y
mejor puede enseñar


»Presencia de Jesús y María
en nuestra vida


»Dulce huésped del alma

»Con María...esperado Pentecostés

»Enséñanos, María a aceptar
sin preguntar


»María te ofrece al Hijo de Dios

»No he venido a ser servida
sino a servir


»¡Gracias, por haber dicho que sí!

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»San José, hombre de trabajo

»Vocaciones y oración

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el Espíritu Santo


»Reír, sonreír y amar

»Tu actitud es más importante
que los hechos


»Eucaristía y compromiso de caridad

»La providencia de Dios

»Lo que Cristo quiere ser para ti

»Lo que ella sabía que su hijo cruzaba la hora más amarga

»Solemnidad del Cuerpo y
Sangre de Cristo


»Dolor, humillación y gloria
de las espinas




 
Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: catholic.net

Eucaristía y compromiso de caridad


La eucaristía tiene que ser fuente de caridad para con nuestros hermanos. Es decir, la eucaristía nos tiene que lanzar a todos a practicar la caridad con nuestros hermanos. Y esto por varios motivos.

¿Cuándo nos mandó Jesús “amaos los unos a los otros”, es decir, cuándo nos dejó su mandamiento nuevo, en qué contexto? En la Última Cena, cuando nos estaba dejando la eucaristía. Por tanto, tiene que haber una estrecha relación entre eucaristía y el compromiso de caridad.

En ese ámbito cálido del Cenáculo, mientras estaban cenando en intimidad y Jesús sacó de su corazón este hermoso regalo de la eucaristía, en ese ambiente fue cuando Jesús nos pidió amarnos. Esto quiere decir que la eucaristía nos une en fraternidad, nos congrega en una misma familia donde tiene que reinar la caridad.

Hay otro motivo de unión entre eucaristía y caridad. ¿Qué nos pide Jesús antes de poner nuestra ofrenda sobre el altar, es decir, antes de venir a la eucaristía y comulgar el Cuerpo del Señor? “Si te acuerdas allí mismo que tu hermano tiene una queja contra ti, deja allí tu ofrenda, ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y después vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24).

Esto nos habla de la seriedad y la disposición interior con las que tenemos que acercarnos a la eucaristía. Con un corazón limpio, perdonador, lleno de misericordia y caridad. Aquí entra todo el campo de las injusticias, atropellos, calumnias, maltratos, rencores, malquerencias, resquemores, odios, murmuraciones. Antes de acercarnos a la eucaristía tenemos que limpiarnos interiormente en la confesión. Asegurarnos que nuestro corazón no debe nada a nadie en todos los sentidos.

En este motivo hay algo más que llama la atención. Jesús nos dice que aún en el caso en que el otro tuviera toda la culpa del desacuerdo, soy yo quien debo emprender el proceso de reconciliación. Es decir, soy yo quien debo acercarme para ofrecerle mi perdón.

¿Por qué este motivo?

Mi ofrenda, la ofrenda que cada uno de nosotros debe presentar en cada misa (peticiones, intenciones, problemas, preocupaciones, etc.) no tendría valor a los ojos de Dios, no la escucharía Dios si es presentada con un corazón torcido, impuro, resentido, lleno de odio.

Ahora bien, si presentamos la ofrenda teniendo en el corazón esta voluntad de armonía, será aceptada por Dios como la ofrenda de Abel y no la de Caín. Éste era agricultor, y le ofrecía a Dios su ofrenda con corazón desviado y lleno de envidia y resentimiento al ver que su hermano Abel era más generoso y agradable a Dios, pues le presentaba generosamente las primicias de su ganado.

Y hay otro motivo de unión entre eucaristía y compromiso de caridad. En el discurso escatológico, es decir cuando Jesús habló de las realidades últimas de nuestra vida: muerte, juicio, infierno y cielo, habló muy claro de nuestro compromiso con los más pobres.

Jesús en la eucaristía nos dice “Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”. Y aquí, en este discurso solemne, nos pide que ese cuerpo se iguale con el prójimo más pobre, y por eso mismo es un cuerpo de Jesús necesitado que tenemos que alimentar, saciar, vestir, cuidar, respetar, socorrer, proteger, instruir, aconsejar, perdonar, limpiar, atender.

San Juan Crisóstomo tiene unas palabras impresionantes: “¿Quieres honrar el cuerpo de Cristo? No permitas que Él esté desnudo y no lo honres sólo en la Iglesia con telas de seda, para después tolerar, fuera de aquí, que ese mismo cuerpo muera de frío y de desnudez”.

Él que ha dicho “Esto es mi cuerpo”, ha dicho también “me habéis visto con hambre y no me habéis dado de comer” y “lo que no habéis hecho a uno de estos pequeños, no me lo habéis hecho a Mí”.

Te dejo unas líneas para tu reflexión: “Pasé hambre por ti, y ahora la padezco otra vez. Tuve sed por ti en la Cruz y ahora me abrasa en los labios de mis pobres, para que, por aquella o por esta sed, traerte a mí y por tu bien hacerte caritativo. Por los mil beneficios de que te he colmado, ¡dame algo!...No te digo: arréglame mi vida y sácame de la miseria, entrégame tus bienes, aun cuando yo me vea pobre por tu amor. Sólo te imploro pan y vestido y un poco de alivio para mi hambre. Estoy preso. No te ruego que me libres. Sólo quiero que, por tu propio bien, me hagas una visita. Con eso me bastará y por eso te regalaré el cielo. Yo te libré a ti de una prisión mil veces más dura. Pero me contento con que me vengas a ver de cuando en cuando. Pudiera, es verdad, darte tu corona sin nada de esto, pero quiero estarte agradecido y que vengas después de recibir tu premio confiadamente. Por eso, yo, que puedo alimentarme por mí mismo, prefiero dar vueltas a tu alrededor, pidiendo, y extender mi mano a tu puerta. Mi amor llegó a tanto que quiero que tú me alimentes. Por eso prefiero, como amigo, tu mesa; de eso me glorío y te muestro ante todo el mundo como mi bienhechor” (San Juan Crisóstomo, Homilía 15 sobre la epístola a los Romanos).

Estas palabras son muy profundas. Este cuerpo de Cristo en la eucaristía se iguala, se identifica con el cuerpo necesitado de nuestros hermanos. Y si nos acercamos con devoción y respeto al cuerpo de Cristo en la eucaristía, mucho más debemos acercarnos a ese cuerpo de Cristo que está detrás de cada uno de nuestros hermanos más necesitados.

Quiera el Señor que comprendamos y vivamos este gran compromiso de la caridad para que así la eucaristía se haga vida de nuestra vida.

 

   


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