Wednesday February 22,2017
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MEDITACIONES

Jesus Meditando


»Padre Nuestro


»¿Los jóvenes de este Siglo ¿Son educados?

»Ahora lo Entiendo

»El secuestro no
es castigo de Dios

»Mi hermosa Niña de Galilea

»Benedicto XVI, a corazón abierto

»¿Es malo desear la muerte?

»¿Realmente existe el demonio?

»El actor de la película La Pasión atribuye su papel a Medjugorje

»¿Existe Dios?

»Carta de un Sacerdote

»María y los Santos.
¿Qué dijeron los santos acerca de la Virgen María?

»El culto a la santa muerte

»La liberación no es lo que prometía

»Un acto de amor al prójimo.
¡Dios nunca olvida!

»Una marca inborrable en mi vida

»¡Gracias por ser sacerdote!

»La Fiesta de la Misericordia

»Obediencia / Desobediencia

»María, Reina de Misericordia

»María libra del infierno a sus devotos

»¡Oh Dulce Virgen María!

»María alivia a los suyos las penas del purgatorio y les saca de ellas

»¿Y por qué faltar a misa el domingo es pecado?

»15 Razones del por qué el yoga es sumamente peligroso

»Por qué el Yoga, en la filosofía y en la práctica, es incompatible con el Cristianismo

»La Virgen derrama lágrimas en Ucrania

»Nuestro ángel de la guarda

»El corazón y la ciencia

»La soledad compañera
de la vida

»María, Causa de nuestra alegría

»El Poder olvidar, don de Dios

»María ha subido al cielo
en cuerpo y alma

»En nosotros está la lámpara maravillosa


»Una luz en la noche


»Ahora Cristo es más mío


»Entrevista con San Pedro
y San Pablo


»¿Son compatibles? Yoga y Cristianismo


»¿Estamos abiertos al Evangelio?


»Reina y Madre de sus
queridos hijos

»Los santos cuerpos incorruptos

»Cuando sufrir es bello

»Cada uno de nosotros es
un grano de trigo

»Jesús, la mejor opción en la vida

»Eucaristía y Sagrario

»En la frente... una cruz de ceniza bendecida

»Dejar que Cristo entre en corazón

»El ayuno, don total de
uno mismo a Dios

»Ante la presencia de Jesús ...un consolador recuerdo

»Que Nunca nos falte María

»La más tierna de las madres y la más poderosa de las Reinas

»La Noche Vieja

»Dios de Dios, Luz de Luz

»La Guadalupana, tu madre

»El clamor del Adviento

»Meditación ante el Santísimo Sacramento

» El Espíritu en acción, los carismas del Espíritu Santo

» Dios esta dónde le dejan entrar

» Obediente hasta la cruz

»¡Aquí estás presente, Señor!


» Vive, ama y perdona ¡ya!


»Con María, y un rosario
antes de Misa

»Reina y Madre de sus queridos hijos

»María es inmensamente
feliz en el cielo

»Madre enséñame a orar contigo
y como Tú lo hacías

»Los éxitos del Hijo son
también de su madre



»María, ahora es todo luz 



»Aceptó ser madre tuya por siempre 

»El amor más entrañable
ahí está por ti
 

»Creo en la misericordia divina

»Jesucristo Sacerdote

»María, la que más conoce y
mejor puede enseñar


»Presencia de Jesús y María
en nuestra vida


»Dulce huésped del alma

»Con María...esperado Pentecostés

»Enséñanos, María a aceptar
sin preguntar


»María te ofrece al Hijo de Dios

»No he venido a ser servida
sino a servir


»¡Gracias, por haber dicho que sí!

»El cielo es tuyo Subes o te quedas

»San José, hombre de trabajo

»Vocaciones y oración

»Cristo se deja llevar por
el Espíritu Santo


»Reír, sonreír y amar

»Tu actitud es más importante
que los hechos


»Eucaristía y compromiso de caridad

»La providencia de Dios

»Lo que Cristo quiere ser para ti

»Lo que ella sabía que su hijo cruzaba la hora más amarga

»Solemnidad del Cuerpo y
Sangre de Cristo


»Dolor, humillación y gloria
de las espinas




 
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: catholic.net

Jesucristo, Sacerdote


Nuestro corazón está herido por el pecado, nuestra mente vive dispersa en mil distracciones vanas, nuestra voluntad flaquea entre el bien y el mal, entre el egoísmo y el amor.

¿Quién nos salvará? ¿Quién nos apartará del pecado y de la muerte? Sólo Dios. Por eso necesitamos acercarnos a Él para pedir perdón.

Pero, entonces, “¿quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo?” Sólo alguien bueno, sólo alguien santo: “El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura” (Sal 24,3-4).

Sabemos quién es el que tiene las manos limpias, quién es el que tiene un corazón puro, quién puede rezar por nosotros: Jesucristo.

Jesucristo puede presentarse ante el Padre y suplicar por sus hermanos los hombres. Es el verdadero, el único, el “Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec” (Hb 5,10; 6,20). Es el auténtico “mediador entre Dios y los hombres” (1Tm 2,5), como explica el “Catecismo de la Iglesia Católica” (nn. 1544-1545).

Cristo es el único Salvador del mundo. De un modo personal, profundo, quiere ser, también, mi Salvador.

Celebrar a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos llena de alegría. El altar recibe la Sangre del Cordero. El Sacerdote que ofrece, que se ofrece como Víctima, es el Hijo de Dios e Hijo de los hombres. El Padre, desde el cielo, mira a su Hijo, el Cordero que quita el pecado del mundo, el Sumo Sacerdote que se compadece de sus hermanos.

El pecado queda borrado, el mal ha sido vencido, porque el Hijo entregó su vida para salvar a los que vivían en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Lc 1,79).

Podemos, entonces, subir al monte del Señor, acercarnos al altar de Dios, participar en el Banquete, tocar al Salvador.

Como en la Última Cena, Jesús nos dará su Cuerpo y su Sangre. Como a los Apóstoles, lavará nuestros pies, y nos pedirá que le imitemos: “Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22,27). “Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn 13,15).

Ese es nuestro Sumo Sacerdote, el Cordero que salva, el Hijo amado del Padre. A Él acudimos, cada día, con confianza: “Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado.

Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Hb 4,15-16).

 

   


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