Tuesday September 26,2017
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PREPARACION
PARA LA MUERTE


Un buena preparacion para la muerte

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


Partes: [1/20 ] [ 21/37 ]

A. Objeto de la Obra y Advertencia Importante

B. Dedicatoria


1. RETRATO DE UN HOMBRE QUE ACABA DE MORIR
1.1 Considera que tierra eres ...
1.2 Más para ver mejor lo que ...
1.3 En esta pintura de la Muerte...

2. TODO ACABA CON LA MUERTE
2.1 Llaman los mundanos feliz...
2.2 Felipe II, rey de España...
2.3 A la felicidad de la vida ...

3. BREVEDAD DE LA VIDA
3.1 ¿Qué es nuestra vida? ...
3.2 Exclamaba el rey Exequias..
3.3 Qué gran locura es por los..

4. CERTIDUMBRE DE LA MUERTE
4.1 ¿Escrita está la sentencia...
4.2 Estamos condenados muerte..
4.3 La muerte es segura. ..

5. INCERTIDUMBRE DE LA HORA
5.1 ¿Certísimo es que todos ...
5.2 No quiere el Señor que nos ...
5.3 Dice el Señor que estemos..

6. MUERTE DEL PECADOR
6.1 Rechazan pecadores memoria
6.2 Pobre pecador moribundo ...
6.3 Dios no cesa de amenazar ...

7. SENTIMIENTOS
DE UN MORIBUNDO NO ACOSTUMBRADO A CONSIDERAR LA MEDITACION DE LA MUERTE

7.1 Imagina que estás junto ...
7.2 Cómo en el trance de la ...
7.3 Vivido sin acordarse del bien

8. MUERTE DEL JUSTO
8.1 ¿Mirada la muerte a la luz ..
8.2 En la hora de la muerte ...
8.3 Muerte, fin de los trabajos..

9. PAZ DEL JUSTO
A LA HORA DE LA MUERTE

9.1 ¿Quién podrá arrebatárselas?
9.2 Están en las manos de Dios..
9.3 ¿Cómo ha de temer la muerte

10. MEDIOS DE PREPARARSE PARA LA MUERTE
10.1 Una vez hemos de morir..
10.2 Póstrate en seguida a ...
10.3 Dispuestos a toda hora..

11. VALOR DEL TIEMPO
11.1 Emplear bien el tiempo...
11.2 Nada hay más precioso ...
11.3 Caminemos por la vía ...

12. IMPORTANCIA DE LA SALVACION
12.1 El negocio de la salvación ..
12.2 Unico negocio que tenemos.
12.3 Negocio único, negocio ...

13. VANIDAD DEL MUNDO
13.1 Aristipo, naufragó con la ...
13.2 Menester pesar los bienes...
13.3 El tiempo es breve ...

14. LA VIDA PRESENTE ES UN VIAJE A LA ETERNIDAD
14.1 Al considerar en el mundo .
14.2 Si el árbol cayere hacia ...
14.3 El hombre a casa eterna...

15. MALICIA DEL
PECADO MORTAL
15.1 Comete un pecado mortal..
15.2 No sólo ofende a Dios ...
15.3 El pecador injuria a Dios.

16. MISERICORDIA DE DIOS
16.1 Dios es bondad infinita..
16.2 Dios cuando llama . . .
16.3 Los príncipes de la tierra...

17. ABUSO DE LA DIVINA MISERICORDIA
17.1 Refiérase en la parábola...
17.2 Desprecias bondad de Dios..
17.3 Del Padre Luis de Lanuza.

18. DEL NUMERO DE
LOS PECADOS

18.1 Si Dios castigase ahora ...
18.2 Almas que se condenan.
18.3 Hijo, ¿pecaste? Ya No...

19. DEL INEFABLE BIEN DE LA GRACIA DIVINA Y DEL GRAN MAL DE LA ENEMISTAD
CON DIOS
19.1 Apartar lo precioso de lo vil
19.2 Dice Sto. Tomás de Aquino.
19.3 Infeliz estado de un alma..

20. LOCURA DEL PECADOR
20.1 Debiera haber dos cárceles.
20.2 ¡Infortunados pecadores!.
20.3 Sabio el que alcanza gracia.

 

15.3 El pecador injuria, deshonra a Dios


PUNTO  3

El pecador injuria, deshonra a Dios y, además, en cuanto es de su parte, le colma de amargura, pues no hay amargura más sensible que la de verse pagado con ingratitud por una persona amada y en extremo favorecida.

¿Y a qué se atreve el pecador?... Ofende a un Dios que le creó y le amó tanto, que dio por su amor la Sangre y la vida. Y el hombre le arroja de su corazón al come­ter un pecado mortal. Dios habita en el alma que le ama. «Si alguno me ama..., mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn., 14, 23).

 Notad la expresión haremos morada. Dios viene a esa alma y en ella fija su mansión: de suerte que no la deja, a no ser que el alma le arroje de sí. «No abandona si no es abandonado», como dice el Concilio de Trento. Y puesto que Vos sabéis, Señor, que aquel ingrato ha de arrojaros de sí, ¿por qué no le dejáis desde luego? Aban­donadle, partid antes que se os haga esa gran ofensa... No, dice el Señor; no quiero dejarle, sino esperar a que él mismo me despida.

 De suerte que, apenas el alma consiente en el pecado, dice a su Dios (Jb., 21, 14): Señor, apartaos de mí. No lo dice con palabras, sino con hechos, como advierte San Gregorio (2). Harto sabe el pecador que Dios no puede vivir con el pecado. Bien ve que si peca tiene Dios que apartarse de él. De modo que, en rigor, le dice: Ya que no podéis estar con mi pecado y habéis de alejaros de mí, idos cuando os plazca.

 Y al despedir a Dios del alma hace que en seguida en­tre el enemigo a tomar posesión de ella. Por la misma puerta por donde sale Dios entra el demonio. «Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entran dentro y moran allí» (Mt., 12, 45).

 Cuando se bautiza a un niño, el sacerdote exorciza al enemigo diciéndole: «Sal de aquí, espíritu inmundo, y da lugar al Espíritu Santo»; porque aquella alma del bautizado, al recibir la gracia, se convierte en templo de Dios (1 Co., 3, 16). Pero cuando el hombre consiente en pecar, efectúa precisamente lo contrario, diciendo a Dios, que estaba en su alma: «Sal de aquí, Señor, y da lugar al demonio.»

 De esto se lamentaba el Señor con Santa Brígida cuan­do le dijo que, al despedirle el pecador, procedía como si quitase al rey su propio trono: «Soy como un Rey arrojado de su propio reino; y en mi lugar se elige a un pésimo ladrón.»

¿Qué pena no sentiríais si recibieseis grave ofensa de alguien a quien hubieseis favorecido mucho? Pues esa misma pena causáis a Dios, que llegó hasta dar su vida por salvaros. Clama el Señor a la tierra y al Cielo para que le compadezcan por la ingratitud con que le tratan los pecadores: «Oíd, ¡oh Cielos!, y tú, ¡oh tierra!, es­cucha. ..

Hijos creé y engrandecí. ., pero ellos me despre­ciaron» (Is., 1, 2). En suma, los pecadores afligen con sus pecados al Corazón del Señor... (Is., 63, 10).

 Dios no puede sentir dolor; pero —como dice el Padre Medina;— si fuese posible que le sintiera, sólo un pecado mortal bastaría para hacerle morir, por la infinita pesa­dumbre que le causaría (3). Así, pues, afirma San Ber­nardo, «el pecado, por cuanto en sí es, da muerte a Dios».

De manera que los pecadores, al cometer un pecado mortal, hieren, por decirlo así, a su Señor, y nada omi­ten para quitarle la vida, si pudieran. Y según dice San Pablo (He., 10, 29), pisotean al Hijo de Dios, y despre­cian todo lo que Jesucristo hizo y padeció para quitar el pecado del mundo.

  1. Recede, non verbis sed moribus.
  2. Pecatum mortale, si possibile esset, destrueret ipsum Deum, eo quod causa esset tristitiae in Deo infinitae. De poenit.

AFECTOS Y SUPLICAS

¿De suerte, Redentor mío, que cuantas veces pequé os arrojé de mi alma y puse por obra todo lo que bastara para daros muerte si pudieseis morir? Oigo, Señor, que me decís: «¿Qué te hice o en qué te contristé, para que tanto me hayas contristado?...» ¿Me preguntáis, Señor, qué mal me habéis hecho?...

Me disteis el ser, y habéis muerto por mí: ¡tal es el mal que hicisteis!... ¿Qué he de responderos?... Os digo, Señor, que merezco mil veces el infierno, y que muy justamente pudierais mandar­me a él.

 Pero acordaos de aquel amor que os hizo morir por mí en la cruz; acordaos de la Sangre que por mi amor de­rramasteis, y tener compasión de mi... Mas ya entiendo, Señor: no queréis que desespere, y me decís que estáis a la puerta de mi corazón (de este corazón que os arrojó de sí) y que llamáis con vuestras inspiraciones para en­trar en él, pidiéndome que os abra... (Ap., 3, 20; Cant., 5,2).

 Sí, Jesús mío; yo me aparto del pecado; duéleme de todo corazón de haberos ofendido y os amo sobre todas las cosas. Entrad, amor mío; abierta tenéis la puerta; entrad, y no os apartéis jamás de mí. Abrasadme con vuestro amor, y no permitáis que de Vos vuelva a separar­me... No, Dios mío, nunca volvamos a separarnos.

Os abrazo y estrecho a mi corazón... Dadme Vos la santa perseverancia... (4).


¡María, Madre mía, socorredme siempre, rogad por mi a Jesús y alcanzedme que jamás pierda yo su santa gracia!


(4)   Ne permitas me separari a te.

   


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