Wednesday February 22,2017
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PREPARACION
PARA LA MUERTE


Un buena preparacion para la muerte

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


Partes: [1/20 ] [ 21/37 ]

A. Objeto de la Obra y Advertencia Importante

B. Dedicatoria


1. RETRATO DE UN HOMBRE QUE ACABA DE MORIR
1.1 Considera que tierra eres ...
1.2 Más para ver mejor lo que ...
1.3 En esta pintura de la Muerte...

2. TODO ACABA CON LA MUERTE
2.1 Llaman los mundanos feliz...
2.2 Felipe II, rey de España...
2.3 A la felicidad de la vida ...

3. BREVEDAD DE LA VIDA
3.1 ¿Qué es nuestra vida? ...
3.2 Exclamaba el rey Exequias..
3.3 Qué gran locura es por los..

4. CERTIDUMBRE DE LA MUERTE
4.1 ¿Escrita está la sentencia...
4.2 Estamos condenados muerte..
4.3 La muerte es segura. ..

5. INCERTIDUMBRE DE LA HORA
5.1 ¿Certísimo es que todos ...
5.2 No quiere el Señor que nos ...
5.3 Dice el Señor que estemos..

6. MUERTE DEL PECADOR
6.1 Rechazan pecadores memoria
6.2 Pobre pecador moribundo ...
6.3 Dios no cesa de amenazar ...

7. SENTIMIENTOS
DE UN MORIBUNDO NO ACOSTUMBRADO A CONSIDERAR LA MEDITACION DE LA MUERTE

7.1 Imagina que estás junto ...
7.2 Cómo en el trance de la ...
7.3 Vivido sin acordarse del bien

8. MUERTE DEL JUSTO
8.1 ¿Mirada la muerte a la luz ..
8.2 En la hora de la muerte ...
8.3 Muerte, fin de los trabajos..

9. PAZ DEL JUSTO
A LA HORA DE LA MUERTE

9.1 ¿Quién podrá arrebatárselas?
9.2 Están en las manos de Dios..
9.3 ¿Cómo ha de temer la muerte

10. MEDIOS DE PREPARARSE PARA LA MUERTE
10.1 Una vez hemos de morir..
10.2 Póstrate en seguida a ...
10.3 Dispuestos a toda hora..

11. VALOR DEL TIEMPO
11.1 Emplear bien el tiempo...
11.2 Nada hay más precioso ...
11.3 Caminemos por la vía ...

12. IMPORTANCIA DE LA SALVACION
12.1 El negocio de la salvación ..
12.2 Unico negocio que tenemos.
12.3 Negocio único, negocio ...

13. VANIDAD DEL MUNDO
13.1 Aristipo, naufragó con la ...
13.2 Menester pesar los bienes...
13.3 El tiempo es breve ...

14. LA VIDA PRESENTE ES UN VIAJE A LA ETERNIDAD
14.1 Al considerar en el mundo .
14.2 Si el árbol cayere hacia ...
14.3 El hombre a casa eterna...

15. MALICIA DEL
PECADO MORTAL
15.1 Comete un pecado mortal..
15.2 No sólo ofende a Dios ...
15.3 El pecador injuria a Dios.

16. MISERICORDIA DE DIOS
16.1 Dios es bondad infinita..
16.2 Dios cuando llama . . .
16.3 Los príncipes de la tierra...

17. ABUSO DE LA DIVINA MISERICORDIA
17.1 Refiérase en la parábola...
17.2 Desprecias bondad de Dios..
17.3 Del Padre Luis de Lanuza.

18. DEL NUMERO DE
LOS PECADOS

18.1 Si Dios castigase ahora ...
18.2 Almas que se condenan.
18.3 Hijo, ¿pecaste? Ya No...

19. DEL INEFABLE BIEN DE LA GRACIA DIVINA Y DEL GRAN MAL DE LA ENEMISTAD
CON DIOS
19.1 Apartar lo precioso de lo vil
19.2 Dice Sto. Tomás de Aquino.
19.3 Infeliz estado de un alma..

20. LOCURA DEL PECADOR
20.1 Debiera haber dos cárceles.
20.2 ¡Infortunados pecadores!.
20.3 Sabio el que alcanza gracia.

 

6.3 Dios no cesa de amenazar al pecador con el castigo de la mala muerte


PUNTO 3

¡Cosa digna de admiración! Dios no cesa de amenazar al pecador con el castigo de la mala muerte. «Entonces me llamarán, y no oiré (Pr., 1, 28). ¿Por ventura oirá Dios su clamor cuando viniere sobre él la angustia? (Jb.,27, 9). Me reiré en vuestra muerte y os escarneceré (Pr., 1, 26). El reír de Dios es no querer usar de su misericordia (3). «Mía es la venganza, y Yo les daré el pago a su tiempo, para que resbale su pie» (Dt., 32, 35).

 Lo mismo dice en otros lugares; y, con todo, los pe­cadores viven tranquilos y seguros, como si Dios les hu­biese prometido para la hora de la muerte el perdón y la gloria. Sabido es que, cualquiera que fuere la hora en que el pecador se convierta, Dios lo perdonará, como tiene ofrecido. Mas no ha dicho que en el trance de morir se convertirá el pecador. Antes bien, muchas veces ha repetido que quien vive en pecado, en pecado morirá (Jn., 8, 21, 24), y que si en la muerte le busca, no le encontrará (Jn.,7, 34).

Menester es, por tanto, buscar a Dios cuando es posi­ble hallarle (Is., 55, 6), porque vendrá un tiempo en que no le podremos hallar. ¡Pobres pecadores! ¡Pobres cie­gos que se contentan con la esperanza de convertirse a la hora de la muerte, cuando ya no podrán! Dice San Am­brosio: Los impíos no aprendieron a obrar bien sino cuando ya no era tiempo. Dios quiere salvarnos a todos; pero castiga a los obstinados.

 Si a cualquier infeliz que estuviese en pecado le asaltase repentino accidente que le privara de sentido,
¡qué compasión no excitaría en cuantos le vieran a punto de muerte sin recibir sacramentos ni dar muestras de con-tricción!

¡Y qué júbilo tendrían todos luego si aquel hombre volviera en sí y pidiese la absolución de sus cul­pas e hiciese actos de arrepentimiento!

 Mas ¿no es un loco el que, teniendo tiempo de hacer todo esto, sigue viviendo en pecado, o vuelve a pecar y se pone en riesgo de que le sorprenda la muerte cuando tal vez no pueda arrepentirse? Nos espanta el ver morir a alguien de repente, y con todo, muchos se exponen vo­luntariamente a morir así estando en pecado.

 Peso y balanza son los juicios del Señor (Pr., 16, 11). Nosotros no llevamos cuenta de las gracias que Dios nos da; pero Él las cuenta y mide, y cuando las ve desprecia­das en los límites que fija su justicia, abandona al peca­dor a sus pecados, y así le deja morir...
¡Desdichado del que difiere la conversión hasta el día postrero! La penitencia que se pide a un enfermo, en­ferma es, dice San Agustín (4). Y San Jerónimo decía (5) que de cien mil pecadores que vivan en pecado hasta que les llegue la muerte, apenas si uno se salvará. San Vicente Ferrer afirmaba (6) que la salvación de uno de ésos sería milagro mayor que la resurrección de un muerto.

¿Qué arrepentimiento se puede esperar en la muerte del que hubiere vivido amando el pecado, hasta aquel instante? Refiere San Belarmino que, asistiendo a un moribundo y habiéndole exhortado a que hiciera un acto de contrición, le respondió el enfermo que no sabia lo que era contrición.

Procuró San Belarmino explicárselo, pero el enfermo dijo: «Padre, no lo entiendo, ni estoy ahora capaz de esas cosas.» Y así falleció, «dando visibles señales de su condenación», como San Belarmino dejó es­crito. Justo castigo del pecador —dice San Agustín (7)— será que al morir se olvide de sí mismo el que en la vida se olvidó de Dios.

 No queráis engañaros —nos dice
el Apóstol (Ga., 6, 7)—. Dios no puede ser burlado. Parque aquello que sembra­re el hombre, eso también segará. Y asi, el que siembra en su carne segará corrupción. Seria burlarse de Dios el vivir despreciando sus leyes y alcanzar después eterna recompensa y gloria. «Pero Dios no puede ser burlado.»

Lo que en esta vida se siembra, en la otra se recoge. El que siembra acá vedados placeres carnales, no recogerá luego más que corrupción, miseria y muerte perdurables.

Cristiano mío, lo que para otros se dice, también se dice para ti, si te vieras a punto de morir, desahuciado de los médicos, privado el uso de los sentidos y agonizando ya, ¿cuánto no rogarías a Dios que te concediese un mes, una semana más de vida para arreglar la cuenta de tu conciencia?

 Pues Dios te concede ahora ese tiempo, dale mil gracias, remedia pronto el mal que has hecho y acude a todos los medios precisos para estar en gracia cuando la muerte llegue, porque entonces ya no habrá tiempo de remediarlo.
 

(3)Ridere Dei est nolle misereri. S. Greg.
(4)Senn. 37, de tem.
(5)Vix de centum millibus quorum mala vita fuit, meretur in morte a Deo indulgentiam unus. S. Hier., in epist. Euseb. de morte eiusd.
(6)Maius imiraculum est quod male víventes faciant bonum finen, quam suscitare mortuos. Serm. 1 de Nativitate Virg.
(7)Aequissime punietur peccator, ut moriens obliviscatur sui qui vivens oblitus est Dei. Serm. 10 de Sanct.

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡ Ah Dios mío! ¿Quién, sino Vos, pudiera haber tenido toda la paciencia que para conmigo habéis usado? Si no fuese infinita vuestra bondad, yo desconfiaría de alcanzar perdón. Pero mi Dios murió para perdonarme y salvar­me; y pues me ordena que tenga esperanza, en Él esperaré. Si mis pecados me espantan y condenan, vuestros merecimientos y promesas me infunden valor.

 Prometisteis la vida de la gracia a quien vuelva a vuestros brazos. Convertíos y vivid (Ez., 18, 32), Prome­tisteis abrazar al que a Vos acudiere.

Volveos a Mí y Yo
me volveré a vosotros (Zac., 1, 3). Dijisteis que no des­preciaríais al que se arrepintiera y humillase (Sal. 50, 19). Pues heme aquí, Señor; a Vos vuelvo y recurro; confiésome merecedor de mil infiernos y me arrepiento de haberos ofendido. Ofrezco firmemente no más ofenderos y amaros siempre.

 No permitáis que sea en adelante ingrato a tanta bondad. Padre Eterno, por los méritos de la obediencia de Jesucristo, que murió por obedeceros, haced que yo obedezca a vuestra voluntad hasta la muerte. Os amo, Sumo Bien mío, y por el amor que os tengo quiero obedeceros en todas las cosas. Dadme la santa perseverancia; dadme vuestro amor, y nada más os pido.


María, Madre mía, rogad por mí.

   


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