Thursday April 24,2014
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PREPARACION
PARA LA MUERTE


Un buena preparacion para la muerte

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


Partes: [1/20 ] [ 21/37 ]

A. Objeto de la Obra y Advertencia Importante

B. Dedicatoria


1. RETRATO DE UN HOMBRE QUE ACABA DE MORIR
1.1 Considera que tierra eres ...
1.2 Más para ver mejor lo que ...
1.3 En esta pintura de la Muerte...

2. TODO ACABA CON LA MUERTE
2.1 Llaman los mundanos feliz...
2.2 Felipe II, rey de España...
2.3 A la felicidad de la vida ...

3. BREVEDAD DE LA VIDA
3.1 ¿Qué es nuestra vida? ...
3.2 Exclamaba el rey Exequias..
3.3 Qué gran locura es por los..

4. CERTIDUMBRE DE LA MUERTE
4.1 ¿Escrita está la sentencia...
4.2 Estamos condenados muerte..
4.3 La muerte es segura. ..

5. INCERTIDUMBRE DE LA HORA
5.1 ¿Certísimo es que todos ...
5.2 No quiere el Señor que nos ...
5.3 Dice el Señor que estemos..

6. MUERTE DEL PECADOR
6.1 Rechazan pecadores memoria
6.2 Pobre pecador moribundo ...
6.3 Dios no cesa de amenazar ...

7. SENTIMIENTOS
DE UN MORIBUNDO NO ACOSTUMBRADO A CONSIDERAR LA MEDITACION DE LA MUERTE

7.1 Imagina que estás junto ...
7.2 Cómo en el trance de la ...
7.3 Vivido sin acordarse del bien

8. MUERTE DEL JUSTO
8.1 ¿Mirada la muerte a la luz ..
8.2 En la hora de la muerte ...
8.3 Muerte, fin de los trabajos..

9. PAZ DEL JUSTO
A LA HORA DE LA MUERTE

9.1 ¿Quién podrá arrebatárselas?
9.2 Están en las manos de Dios..
9.3 ¿Cómo ha de temer la muerte

10. MEDIOS DE PREPARARSE PARA LA MUERTE
10.1 Una vez hemos de morir..
10.2 Póstrate en seguida a ...
10.3 Dispuestos a toda hora..

11. VALOR DEL TIEMPO
11.1 Emplear bien el tiempo...
11.2 Nada hay más precioso ...
11.3 Caminemos por la vía ...

12. IMPORTANCIA DE LA SALVACION
12.1 El negocio de la salvación ..
12.2 Unico negocio que tenemos.
12.3 Negocio único, negocio ...

13. VANIDAD DEL MUNDO
13.1 Aristipo, naufragó con la ...
13.2 Menester pesar los bienes...
13.3 El tiempo es breve ...

14. LA VIDA PRESENTE ES UN VIAJE A LA ETERNIDAD
14.1 Al considerar en el mundo .
14.2 Si el árbol cayere hacia ...
14.3 El hombre a casa eterna...

15. MALICIA DEL
PECADO MORTAL
15.1 Comete un pecado mortal..
15.2 No sólo ofende a Dios ...
15.3 El pecador injuria a Dios.

16. MISERICORDIA DE DIOS
16.1 Dios es bondad infinita..
16.2 Dios cuando llama . . .
16.3 Los príncipes de la tierra...

17. ABUSO DE LA DIVINA MISERICORDIA
17.1 Refiérase en la parábola...
17.2 Desprecias bondad de Dios..
17.3 Del Padre Luis de Lanuza.

18. DEL NUMERO DE
LOS PECADOS

18.1 Si Dios castigase ahora ...
18.2 Almas que se condenan.
18.3 Hijo, ¿pecaste? Ya No...

19. DEL INEFABLE BIEN DE LA GRACIA DIVINA Y DEL GRAN MAL DE LA ENEMISTAD
CON DIOS
19.1 Apartar lo precioso de lo vil
19.2 Dice Sto. Tomás de Aquino.
19.3 Infeliz estado de un alma..

20. LOCURA DEL PECADOR
20.1 Debiera haber dos cárceles.
20.2 ¡Infortunados pecadores!.
20.3 Sabio el que alcanza gracia.

 

13. Vanidad del mundo
13.1 ¿Qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?


Quid prodest homini si mundum universum lucretur. animae vero suae detrimentum patiatur?

¿Qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? Mt., 16, 26

PUNTO 1

En un viaje por mar, cierto antiguo filósofo, llamado Aristipo, naufragó con la nave en que iba, y él perdió cuantos bienes llevaba. Mas pudo llegar salvo a tierra, y los habitantes del país a que arribó, entre los cuales gozaba Aristipo gran fama por su ciencia, le proveyeron de tantos bienes coma había perdido.

Por lo cual escribió luego a sus amigos y compatriotas encomendándoles, con su ejemplo, que sólo atendiesen a proveerse de aquellos bienes que ni aun con los naufragios se pueden perder.

 Esto mismo nos avisan desde la otra vida nuestros deudos y amigos que llegaron a la eternidad. Adviértanos que en este mundo procuremos, ante todo, adquirir los bienes que ni aun con La muerte se pierden. Día de perdición se llama el día de la muerte, porque en él hemos de perder los honores, riquezas y placeres, todos los bienes terrenales.

Por esta razón dice San Ambrosio que no podemos llamar nuestros a tales bienes, puesto que no podemos llevarlos con nosotros a la otra vida, y que sólo las virtudes nos acompañan a la eternidad (1).

¿De qué sirve, pues
—dice Jesucristo (Mt., 16, 26)—, ganar todo el mundo, si en la hora de la muerte, perdiendo el alma, se pierde todo?... ¡ Oh! ¡A cuántos jóvenes hizo esta gran máxima encerrarse en el claustro! ¡A cuántos anacoretas condujo al desierto! ¡A cuántos mártires movió para dar la vida por Cristo!

 Con estas máximas, San Ignacio de Loyola ganó para Dios innumerables almas, singularmente la hermosísima de San Francisco Javier, que se hallaba en París, ocupado allí en mundanos pensamientos. «Piensa, Francisco —dijo un día el Santo—, piensa que el mundo es traidor, que promete y no cumple, mas aunque cumpliere lo que promete, jamás podrá satisfacer tu corazón.

Y aun suponiendo que le satisficiere, ¿cuánto durará esa ventura? ¿Podrá durar más que tu vida? Y al fin de ella, ¿llevarás tu dicha a la eternidad? ¿Hay algún poderoso que haya llevado a la otra vida ni una moneda ni un criado para su servicio? ¿Hay algún rey que tenga allí un pedazo de púrpura para engalanarse?...»

 Con estas consideraciones, San Francisco Javier se apartó del mundo, siguió a San Ignacio de Loyola y fue un gran santo.

 Vanidad de vanidades (Ecl.,
1, 2), así llamó Salomón a todos los bienes del mundo cuando por experiencia, como él mismo confesó (Ecl., 2, 10), hubo conocido todos los placeres que hay en la tierra. Sor Margarita de Santa Ana, carmelita descalza, hija del emperador Rodolfo II, decía:
«¿De qué sirven los tronos en la hora de la muerte?...»

¡Cosa admirable! Temen los Santos al pensar en su salvación eterna. Temía el Padre Séñeri, que, lleno de sobresalto, preguntaba a su confesor: «¿Qué decís, Padre; me salvaré?»

Temblaba San Andrés Avelino cuando, gimiendo, exclamaba:
¡Quién sabe si me salvaré!»

 Idéntico pensamiento afligía a San Luis Bertrán, y le movía muchas noches a levantarse del lecho, diciendo: «¡Quién sabe si me condenaré!...»

¡Y con todo, los pecadores viven condenados, y duermen, y ríen, y se regocijan!

(1)   Non nostra sunt, quae non possumus auferre nobiscum: sola virtus nos comitatur.

AFECTOS Y SÚPLICAS


¡Ah Jesús, Redentor mío! De todo corazón os agradezco que me hayáis dado a conocer mi locura y el mal que cometí apartándome de Vos, que por mí disteis la Sangre y la vida. No merecíais, en verdad, que os tratase como os he tratado.

 Si ahora llegase mi muerte, ¿qué hallaría en mí sino pecados y remordimientos de conciencia que me harían morir abrumado de angustia?

 Confieso, Salvador mío, que obré mal, que me engañé a mí mismo, trocando el Sumo Bien por los míseros placeres del mundo. Arrepiéntome con todo mi corazón, y os ruego que, por los dolores que en la cruz sufristeis, me deis a mí tan gran dolor de mis pecados, que por él llore en todo el resto de mi vida las culpas que cometí. Perdonadme, Jesús mío, que yo prometo no ofenderos más y amaros siempre.

 Harto sé que no soy digno de vuestro amor, porque le desprecié mil veces; pero sé también que amáis a quien os ama (Pr., 8, 17). Yo os amo, Señor; amadme Vos a mí. No quiero perder de nuevo vuestra amistad y gracia, y renuncio a todos los placeres y grandezas del mundo con tal que me améis...

 Oídme, Dios mío, por amor de Jesucristo, que Él os ruega no me arrojéis de vuestro corazón. A Vos del todo me ofrezco y os consagro mi vida, mis bienes, mis sentidos, mi alma, mi cuerpo, mi voluntad y mi libertad. Aceptadlo, Señor; no lo rechacéis (Sal. 50, 13), como merezco, por haber rechazado yo tantas veces vuestro amor...


Virgen Santísima, Madre mía, rogad por mí a Jesús.
En vuestra intercesión confío.

   


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