Tuesday May 30,2017
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PREPARACION
PARA LA MUERTE


Un buena preparacion para la muerte

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


Partes: [1/20 ] [ 21/37 ]

A. Objeto de la Obra y Advertencia Importante

B. Dedicatoria


1. RETRATO DE UN HOMBRE QUE ACABA DE MORIR
1.1 Considera que tierra eres ...
1.2 Más para ver mejor lo que ...
1.3 En esta pintura de la Muerte...

2. TODO ACABA CON LA MUERTE
2.1 Llaman los mundanos feliz...
2.2 Felipe II, rey de España...
2.3 A la felicidad de la vida ...

3. BREVEDAD DE LA VIDA
3.1 ¿Qué es nuestra vida? ...
3.2 Exclamaba el rey Exequias..
3.3 Qué gran locura es por los..

4. CERTIDUMBRE DE LA MUERTE
4.1 ¿Escrita está la sentencia...
4.2 Estamos condenados muerte..
4.3 La muerte es segura. ..

5. INCERTIDUMBRE DE LA HORA
5.1 ¿Certísimo es que todos ...
5.2 No quiere el Señor que nos ...
5.3 Dice el Señor que estemos..

6. MUERTE DEL PECADOR
6.1 Rechazan pecadores memoria
6.2 Pobre pecador moribundo ...
6.3 Dios no cesa de amenazar ...

7. SENTIMIENTOS
DE UN MORIBUNDO NO ACOSTUMBRADO A CONSIDERAR LA MEDITACION DE LA MUERTE

7.1 Imagina que estás junto ...
7.2 Cómo en el trance de la ...
7.3 Vivido sin acordarse del bien

8. MUERTE DEL JUSTO
8.1 ¿Mirada la muerte a la luz ..
8.2 En la hora de la muerte ...
8.3 Muerte, fin de los trabajos..

9. PAZ DEL JUSTO
A LA HORA DE LA MUERTE

9.1 ¿Quién podrá arrebatárselas?
9.2 Están en las manos de Dios..
9.3 ¿Cómo ha de temer la muerte

10. MEDIOS DE PREPARARSE PARA LA MUERTE
10.1 Una vez hemos de morir..
10.2 Póstrate en seguida a ...
10.3 Dispuestos a toda hora..

11. VALOR DEL TIEMPO
11.1 Emplear bien el tiempo...
11.2 Nada hay más precioso ...
11.3 Caminemos por la vía ...

12. IMPORTANCIA DE LA SALVACION
12.1 El negocio de la salvación ..
12.2 Unico negocio que tenemos.
12.3 Negocio único, negocio ...

13. VANIDAD DEL MUNDO
13.1 Aristipo, naufragó con la ...
13.2 Menester pesar los bienes...
13.3 El tiempo es breve ...

14. LA VIDA PRESENTE ES UN VIAJE A LA ETERNIDAD
14.1 Al considerar en el mundo .
14.2 Si el árbol cayere hacia ...
14.3 El hombre a casa eterna...

15. MALICIA DEL
PECADO MORTAL
15.1 Comete un pecado mortal..
15.2 No sólo ofende a Dios ...
15.3 El pecador injuria a Dios.

16. MISERICORDIA DE DIOS
16.1 Dios es bondad infinita..
16.2 Dios cuando llama . . .
16.3 Los príncipes de la tierra...

17. ABUSO DE LA DIVINA MISERICORDIA
17.1 Refiérase en la parábola...
17.2 Desprecias bondad de Dios..
17.3 Del Padre Luis de Lanuza.

18. DEL NUMERO DE
LOS PECADOS

18.1 Si Dios castigase ahora ...
18.2 Almas que se condenan.
18.3 Hijo, ¿pecaste? Ya No...

19. DEL INEFABLE BIEN DE LA GRACIA DIVINA Y DEL GRAN MAL DE LA ENEMISTAD
CON DIOS
19.1 Apartar lo precioso de lo vil
19.2 Dice Sto. Tomás de Aquino.
19.3 Infeliz estado de un alma..

20. LOCURA DEL PECADOR
20.1 Debiera haber dos cárceles.
20.2 ¡Infortunados pecadores!.
20.3 Sabio el que alcanza gracia.

 

15. Malicia del pecado mortal
15.1 Hijos crié y engrandecí; mas ellos
me despreciaron


Filias enutrivi et exaltavi; ipsi autem spreverunt me.
Hijos crié y engrandecí; mas ellos me despreciaron.
Is., 1. 4.

PUNTO  1

¿Qué hace quien comete un pecado mortal?... Injuria a Dios, le deshonra y, en cuanto está de su parte, le colma de amargura.

 Primeramente, el pecado mortal es una ofensa grave que se hace a Dios. La malicia de una ofensa, como dice Santo Tomás, se aprecia atendiendo a la persona que la recibe y a la persona que la hace. Una ofensa hecha a un simple particular es, sin duda, un mal; pero es mayor delito si se le hace a una persona de alta dignidad, y mu­cho más grave si se dirige al rey... ¿Y quién es Dios? Es el Rey de los reyes (Ap., 17, 14).

Dios es la Majestad infinita, respecto de la cual todos los príncipes de la tierra y todos los Santos y ángeles del Cielo son menores que un grano de arena (Is., 40, 15).

Ante la grandeza de Dios, todas las criaturas son como si no fuesen (Is., 40, 17). Eso es Dios...

 Y el hombre, ¿qué es?... Responde San Bernardo: Saco de gusanos, manjar de gusanos, que en breve le de-vorarán. El hombre es un miserable, que nada puede; un ciego, que no sabe ver nada; pobre y desnudo, que nada tiene (Ap., 3, 17). ¿Y este mísero gusanillo se atreve a injuriar a Dios?—dice el mismo San Bernardo—. Con razón, pues, afirma el Angélico Doctor (p. 3, q. 2, a. 2) que el pecado del hombre contiene una malicia casi in­finita.

Por eso, San Agustín llama, absolutamente, al pecado un mal infinito; de suerte que, aunque todos los hombres y los ángeles se ofrecieran a morir, y aun a aniquilarse, no podrían satisfacer por un solo pecado. Dios castiga el pecado mortal con las terribles penas del infierno; pero, con todo, ese castigo es, como dicen todos los teólogos, citra condignum, o sea, menor que la pena con que tal pecado debiera castigarse.

 Y, en verdad, ¿qué pena bastará para castigar como merece a un gusano que se rebela contra su Señor? Sólo Dios es Señor de todo, porque es Creador de todas las cosas (Es., 13, 9). Por eso, todas las criaturas le obe­decen. «Obedécenle los vientos y los mares» (Mt., 8, 27). El fuego, el granizo, la nieve y el hielo... ejecutan sus órdenes (Sal. 148, 8). Mas el hombre, al pecar, ¿qué hace sino decir a Dios: Señor, no quiero servirte?

 El Señor le dice: «No te vengues», y el hombre res­ponde: «Quiero vengarme.» «No tomes los bienes del prójimo», y desea apoderarse de ellos. «Abstente del pla­cer impuro», y no se resuelve a privarse de él.

El pecador dice a Dios lo que decía el impío Faraón cuando Moisés le intimó la orden divina de que diese libertad al pueblo de Israel... Aquel temerario respondió: ¿Quién es el Señor para que yo obedezca su voz?... «No conozco al Señor» (Ex., 5, 2). Pues lo mismo dice el pecador: Se­ñor, no te conozco; hacer quiero lo que me plazca.

 En suma: ante Dios mismo le pierde el respeto y se aparta de Él, que esto es propiamente el pecado mortal: la acción con que el hombre se aleja de Dios (1). Dé esto se lamenta el Señor, diciendo: Ingrato fuiste, «tú me has abandonado»; Yo jamás me hubiera apartado de ti; «tú te has vuelto atrás».

Dios declaró que aborrecía el pecado; de suerte que no puede menos de aborrecer al que lo comete (Sb., 14, 9). Y el hombre, al pecar, se atreve a declararse enemigo de Dios y a combatir frente a frente contra Él. Pues ¿qué dirías si vieses a una hormiga que quisiera pelear con un soldado?...

 Dios es aquel omnipotente Señor que con sólo querer sacó de la nada el Cielo y la tierra (2 Mac., 7, 28). Y si quisiera, a una señal suya, podría aniquilarlo todo. Y el pecador, cuando consiente en el pecado, levanta la mano contra Dios, y «con erguido cuello», es decir, con sober­bia, corre a ofender a Dios; armase de gruesa cerviz (Jb., 15, 25) (símbolo de ignorancia), y exclama: «¿Qué gran mal es el pecado que hice?... Dios es bueno y per­dona a los pecadores...» ¡Qué injuria!, ¡qué temeridad!, ¡qué ceguedad tan grande!

(1)  S. Tom., p. 1, q. 24, a.4.

AFECTOS Y  SÚPLICAS

¡ Heme aquí, Dios mío! A vuestros pies está el rebelde temerario que tantas veces en vuestra presencia se atrevió a perderos el respeto y a huir de Vos; pero ahora im­ploro vuestra piedad. Vos, Señor, dijisteis: Clama a Mí y te oiré. Reconozco que el infierno es poco castigo para mí; mas sabed, Señor, que tengo mayor dolor de haberos ofendido, ¡oh Bondad infinita!, que si hubiese perdido todos mis bienes y aun la misma vida.

 Perdonadme, Señor, y no permitáis que vuelva a ofen­deros. Me habéis esperado, a fin de que os amase y ben­dijese para siempre vuestra misericordia.

Yo os amo y bendigo, y espero que por los merecimientos de mi Se­ñor Jesucristo jamás abandonaré vuestro amor. Este amor vuestro me libró del infierno. El me librará del pecado en lo por venir.

Gracias mil os doy por estas luces y por el deseo que me dais de amaros siempre. Tomad, pues, posesión de todo mi ser, alma, cuerpo, potencias, sentidos, voluntad y libertad.

Tuyo soy, sálvame (Sal., 118, 94). Vos, que sois el único bien, lo único amable, sed mi amor. Dadme fervor vivísimo para amaros, pues ya que tanto os ofen­dí, no me puede bastar el vulgar amor, sino que deseo amaros mucho para reparar las ofensas que os hice. De Vos, que sois omnipotente, espero alcanzarlo...


 También, ¡oh María!, lo espero de vuestras oraciones, que son omnipotentes para con Dios.

   


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