Monday August 21,2017
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PREPARACION
PARA LA MUERTE


Un buena preparacion para la muerte

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


Partes: [1/20 ] [ 21/37 ]

A. Objeto de la Obra y Advertencia Importante

B. Dedicatoria


1. RETRATO DE UN HOMBRE QUE ACABA DE MORIR
1.1 Considera que tierra eres ...
1.2 Más para ver mejor lo que ...
1.3 En esta pintura de la Muerte...

2. TODO ACABA CON LA MUERTE
2.1 Llaman los mundanos feliz...
2.2 Felipe II, rey de España...
2.3 A la felicidad de la vida ...

3. BREVEDAD DE LA VIDA
3.1 ¿Qué es nuestra vida? ...
3.2 Exclamaba el rey Exequias..
3.3 Qué gran locura es por los..

4. CERTIDUMBRE DE LA MUERTE
4.1 ¿Escrita está la sentencia...
4.2 Estamos condenados muerte..
4.3 La muerte es segura. ..

5. INCERTIDUMBRE DE LA HORA
5.1 ¿Certísimo es que todos ...
5.2 No quiere el Señor que nos ...
5.3 Dice el Señor que estemos..

6. MUERTE DEL PECADOR
6.1 Rechazan pecadores memoria
6.2 Pobre pecador moribundo ...
6.3 Dios no cesa de amenazar ...

7. SENTIMIENTOS
DE UN MORIBUNDO NO ACOSTUMBRADO A CONSIDERAR LA MEDITACION DE LA MUERTE

7.1 Imagina que estás junto ...
7.2 Cómo en el trance de la ...
7.3 Vivido sin acordarse del bien

8. MUERTE DEL JUSTO
8.1 ¿Mirada la muerte a la luz ..
8.2 En la hora de la muerte ...
8.3 Muerte, fin de los trabajos..

9. PAZ DEL JUSTO
A LA HORA DE LA MUERTE

9.1 ¿Quién podrá arrebatárselas?
9.2 Están en las manos de Dios..
9.3 ¿Cómo ha de temer la muerte

10. MEDIOS DE PREPARARSE PARA LA MUERTE
10.1 Una vez hemos de morir..
10.2 Póstrate en seguida a ...
10.3 Dispuestos a toda hora..

11. VALOR DEL TIEMPO
11.1 Emplear bien el tiempo...
11.2 Nada hay más precioso ...
11.3 Caminemos por la vía ...

12. IMPORTANCIA DE LA SALVACION
12.1 El negocio de la salvación ..
12.2 Unico negocio que tenemos.
12.3 Negocio único, negocio ...

13. VANIDAD DEL MUNDO
13.1 Aristipo, naufragó con la ...
13.2 Menester pesar los bienes...
13.3 El tiempo es breve ...

14. LA VIDA PRESENTE ES UN VIAJE A LA ETERNIDAD
14.1 Al considerar en el mundo .
14.2 Si el árbol cayere hacia ...
14.3 El hombre a casa eterna...

15. MALICIA DEL
PECADO MORTAL
15.1 Comete un pecado mortal..
15.2 No sólo ofende a Dios ...
15.3 El pecador injuria a Dios.

16. MISERICORDIA DE DIOS
16.1 Dios es bondad infinita..
16.2 Dios cuando llama . . .
16.3 Los príncipes de la tierra...

17. ABUSO DE LA DIVINA MISERICORDIA
17.1 Refiérase en la parábola...
17.2 Desprecias bondad de Dios..
17.3 Del Padre Luis de Lanuza.

18. DEL NUMERO DE
LOS PECADOS

18.1 Si Dios castigase ahora ...
18.2 Almas que se condenan.
18.3 Hijo, ¿pecaste? Ya No...

19. DEL INEFABLE BIEN DE LA GRACIA DIVINA Y DEL GRAN MAL DE LA ENEMISTAD
CON DIOS
19.1 Apartar lo precioso de lo vil
19.2 Dice Sto. Tomás de Aquino.
19.3 Infeliz estado de un alma..

20. LOCURA DEL PECADOR
20.1 Debiera haber dos cárceles.
20.2 ¡Infortunados pecadores!.
20.3 Sabio el que alcanza gracia.

 

8 Muerte del Justo
8.1 Mirada la muerte a la luz de este mundo


Pretiosa In conspectu Domini mors sanctorum ejus.
Es preciosa en la presencia de Dios la muerte de sus Santos.Ps., 115, 15.

PUNTO  1

Mirada la muerte a la luz de este mundo, nos espanta e inspira temor; pero con la luz de la fe es deseable y consoladora. Horrible parece a los pecadores; mas a los justos se muestra preciosa y amable. «Preciosa —dice San Bernardo— como fin de los trabajos, corona de la victo­ria, puerta de la vida» (1).

 Y en verdad, la muerte es término de penas y trabajos. El hombre nacido de mujer, vive corto tiempo y está colmado de muchas miserias (Jb., 14, 1).

 Así es nuestra vida tan breve como llena de miserias, enfermedades, temores y pasiones. Los mundanos, de­seosos de larga vida—dice Séneca (Ep., 101)—, ¿qué otra cosa buscan sino más prolongado tormento? Seguir viviendo —exclama San Agustín (2)— es seguir padeciendo.

Porque—como dice San Ambrosio (Ser. 45)—la vida pre-senté no nos ha sido dada para reposar, sino para traba­jar, y con los trabajos merecer la vida eterna; por lo cual, con razón afirma Tertuliano que, cuando Dios abrevia la vida de alguno, acorta su tormento (3). De suene que, aunque la muerte fue impuesta al hombre por castigo del pecado, son tantas y tales las miserias de esta vida, que —como dice San Ambrosio— más parece alivio al mo­rir que no castigo (4).

 Dios llama bienaventurados a los que mueren en gra­cia, porque se les acaban los trabajos y comienzan a des­cansar. « Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. « Desde hoy —dice el Espíritu Santo (Ap., 14, 13)— que descansen de sus trabajos.»
 Los tormentos que afligen a los pecadores en la hora de la muerte no afligen a los Santos. «Las almas de los justos están en mano de Dios, y no los tocará el tormento de la muerte» (Sb., 3,1).

 No temen los Santos aquel mandato de salir de esta vida que tanto amedrenta a los mundanos, ni se afligen por dejar los bienes terrenos, porque jamás tuvieron asido a ellos el corazón. «Dios de mi corazón —repitieron siempre—; Dios mío por toda la eternidad» (Salmo, 72, 26)

 «¡Dichosos vosotros! —escribía el Apóstol a sus discípulos, despojados de sus bienes por confesar a Cristo— . Con gozo llevasteis que os robasen vuestras haciendas, conociendo que tenéis patrimonio más excelente y duradero» (He., 10, 34).

 No se afligen los Santos a dejar las honras mundanas, porque antes las aborrecieron ellos y las tuvieron, como son, por humo y vanidad, y sólo estimaron la honra de amar a Dios y ser amados de Él. No se afligen al dejar a sus padres, porque sólo en Dios los amaron, y al morir los dejan encomendados a aquel Padre celestial que los ama más que a ellos; y esperando salvarse, creen que mejor los podrán ayudar desde el Cielo que en este mundo.

En suma: todos los qué han dicho siempre en la vida Dios mío y mi todo, con mayor consuelo y ternura lo re­petirán al morir.

Quien muere amando a Dios no se inquieta por los dolores que consigo lleva la muerte; antes bien se com­place en ellos, considerando que ya se le acaba la vida y el tiempo de padecer por Dios y de darle nuevas prue­bas de amor; así, con afecto y paz, le ofrece los últimos restos del plazo de su vida y se consuela uniendo el sa­crificio de su muerte con el que Jesucristo ofreció por nosotros en la cruz a su Eterno Padre. De este modo muere dichosamente, diciendo: «En su seno dormiré y descansaré en paz» (Sal. 4, 9).

¡Oh, qué hermosa paz, morir entregándose y descan­sando en brazos de Cristo, que nos amó hasta la muerte, y que quiso morir con amargos tormentos para alcanzar­nos muerte consoladora y dulce!

  1. Pretiosa tamquam finis laborum, victoriae consummatio, vitae ianua. (Trans. Malach.)
  2. Serm.17, de Verb. Dom.
  3. Longum Deus adimit tormentum, cum vitam concedit brevem.
  4. Ut mors remedium videatur esse, non poena.

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡Oh amado Jesús mío, que para darme muerte feliz quisisteis sufrir muerte cruelísima en el Calvario! ¿Cuándo lograré veros?... La primera vez que os vea será cuando me juzguéis en el momento de expirar. ¿Qué os diré entonces?... Y Vos, ¿qué me diréis?... No quiero esperar a que llegue tal instante para pensar en ello; quiero meditarlo ahora.

 Os diré, Señor: Vos, amado Redentor mío, sois el que murió por mi... Tiempo hubo en que os ofendí y fui ingratísimo para con Vos e indigno de perdón. Mas luego, ayudado por vuestra gracia, procuré enmendarme, y en el resto de mi vida lloré mis pecados, y Vos me per­donasteis.

 Perdonadme de nuevo ahora que estoy a vuestros pies, y otorgadme Vos mismo absolución general de mis cul­pas. No merecía volver a amaros por haber despreciado vuestro amor. Mas Vos, Señor, por vuestra misericordia atrajisteis mi corazón, que si no os ha amado como mere­céis, os amó sobre todas las cosas, desasiéndose de ellas para complaceros... ¿Qué me diréis ahora?... Veo que la gloría, el contemplaros en vuestro reino, es altísimo bien de que no soy digno; mas espero que no viviré ale­jado de Vos, especialmente ahora que me habéis mostrado vuestra excelsa hermosura.

 Os busco en el Cielo, no para más gozar, sino para me­jor amaros. Ni quiero tampoco entrar en esa patria de san­tidad y verme entre aquellas, almas purísimas, manchado como estoy ahora por mis culpas. Haced que antes me purifique, pero no me apartéis para siempre de vuestra presencia... Bástame que algún día, cuando lo disponga vuestra santa voluntad, me llaméis a la gloria para que allí cante eternamente vuestras alabanzas.

 Entre tanto, amado Jesús mío, dadme vuestra bendi­ción y decidme que soy vuestro, que seréis siempre mío, que os amaré y me amaréis perdurablemente...

 Ahora, Señor, voy lejos de Vos, a las llamas purifica­doras ; pero voy gozoso, porque allí he de amaros, Reden­tor mío, mi Dios y mi todo... Gozoso voy; mas sabed que en ese tiempo en que he de estar lejos de

Vos, esa separación temporal será mi mayor pena.
 Contaré, Señor, los instantes hasta que me llaméis... Tened compasión de un alma que os ama con todas sus fuerzas y que suspira por veros para más amaros.

 Espero, Jesús mío, que así os podré hablar. Mientras tanto, os pido la gracia de vivir de tal modo que pueda deciros entonces lo que ahora he pensado. Concededme la santa perseverancia, otorgadme vuestro amor..., y auxi­liadme Vos.

¡Oh María, Madre de Dios, rogad a Jesús por mí!

   


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