Tuesday November 21,2017
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PREPARACION
PARA LA MUERTE


Un buena preparacion para la muerte

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


Partes: [1/20 ] [ 21/37 ]

A. Objeto de la Obra y Advertencia Importante

B. Dedicatoria


1. RETRATO DE UN HOMBRE QUE ACABA DE MORIR
1.1 Considera que tierra eres ...
1.2 Más para ver mejor lo que ...
1.3 En esta pintura de la Muerte...

2. TODO ACABA CON LA MUERTE
2.1 Llaman los mundanos feliz...
2.2 Felipe II, rey de España...
2.3 A la felicidad de la vida ...

3. BREVEDAD DE LA VIDA
3.1 ¿Qué es nuestra vida? ...
3.2 Exclamaba el rey Exequias..
3.3 Qué gran locura es por los..

4. CERTIDUMBRE DE LA MUERTE
4.1 ¿Escrita está la sentencia...
4.2 Estamos condenados muerte..
4.3 La muerte es segura. ..

5. INCERTIDUMBRE DE LA HORA
5.1 ¿Certísimo es que todos ...
5.2 No quiere el Señor que nos ...
5.3 Dice el Señor que estemos..

6. MUERTE DEL PECADOR
6.1 Rechazan pecadores memoria
6.2 Pobre pecador moribundo ...
6.3 Dios no cesa de amenazar ...

7. SENTIMIENTOS
DE UN MORIBUNDO NO ACOSTUMBRADO A CONSIDERAR LA MEDITACION DE LA MUERTE

7.1 Imagina que estás junto ...
7.2 Cómo en el trance de la ...
7.3 Vivido sin acordarse del bien

8. MUERTE DEL JUSTO
8.1 ¿Mirada la muerte a la luz ..
8.2 En la hora de la muerte ...
8.3 Muerte, fin de los trabajos..

9. PAZ DEL JUSTO
A LA HORA DE LA MUERTE

9.1 ¿Quién podrá arrebatárselas?
9.2 Están en las manos de Dios..
9.3 ¿Cómo ha de temer la muerte

10. MEDIOS DE PREPARARSE PARA LA MUERTE
10.1 Una vez hemos de morir..
10.2 Póstrate en seguida a ...
10.3 Dispuestos a toda hora..

11. VALOR DEL TIEMPO
11.1 Emplear bien el tiempo...
11.2 Nada hay más precioso ...
11.3 Caminemos por la vía ...

12. IMPORTANCIA DE LA SALVACION
12.1 El negocio de la salvación ..
12.2 Unico negocio que tenemos.
12.3 Negocio único, negocio ...

13. VANIDAD DEL MUNDO
13.1 Aristipo, naufragó con la ...
13.2 Menester pesar los bienes...
13.3 El tiempo es breve ...

14. LA VIDA PRESENTE ES UN VIAJE A LA ETERNIDAD
14.1 Al considerar en el mundo .
14.2 Si el árbol cayere hacia ...
14.3 El hombre a casa eterna...

15. MALICIA DEL
PECADO MORTAL
15.1 Comete un pecado mortal..
15.2 No sólo ofende a Dios ...
15.3 El pecador injuria a Dios.

16. MISERICORDIA DE DIOS
16.1 Dios es bondad infinita..
16.2 Dios cuando llama . . .
16.3 Los príncipes de la tierra...

17. ABUSO DE LA DIVINA MISERICORDIA
17.1 Refiérase en la parábola...
17.2 Desprecias bondad de Dios..
17.3 Del Padre Luis de Lanuza.

18. DEL NUMERO DE
LOS PECADOS

18.1 Si Dios castigase ahora ...
18.2 Almas que se condenan.
18.3 Hijo, ¿pecaste? Ya No...

19. DEL INEFABLE BIEN DE LA GRACIA DIVINA Y DEL GRAN MAL DE LA ENEMISTAD
CON DIOS
19.1 Apartar lo precioso de lo vil
19.2 Dice Sto. Tomás de Aquino.
19.3 Infeliz estado de un alma..

20. LOCURA DEL PECADOR
20.1 Debiera haber dos cárceles.
20.2 ¡Infortunados pecadores!.
20.3 Sabio el que alcanza gracia.

 

5.3 Dice el Señor que estemos preparados


PUNTO 3

Esto es para ti. No dice el Señor que nos preparemos cuando llegue la muerte, sino que estemos preparados. En el trance de morir, en medio de aquella tempestad y confusión es casi imposible ordenar una conciencia enredada. Así nos lo muestra la razón. Y así nos lo advirtió Dios, diciendo que no vendrá entonces a perdonar, sino a vengar el desprecio que hubiéremos hecho de su gracia (Ro., 12. 19).
 
Justo castigo —dice San Agustín (5)— será el que no pueda salvarse  cuando quisiere quien cuando pudo no quiso.

 Quizá diga alguno: ¿Quién sabe? Tal vez podrá ser que entonces me convierta y me salve... Pero ¿os arrojaríais a un pozo diciendo: ¿Quién sabe?, ¿podrá ser que me arroje aquí, y que, sin embargo, quede vivo y no muera?... ¡Oh Dos mío!, ¿qué es esto? ¡Cómo nos ciega el pecado y nos hace perder hasta la razón! Los hombres, cuando se trata del cuerpo, hablan como sa­bios  y como locos si del alma se trata.

¡Oh hermano mío! ¿Quién sabe si este último punto que lees será el postrer aviso que Dios te envía? Prepa­rémonos sin demora para la muerte, a fin de que no nos halle inadvertidos.

 San Agustín (Hom., 13) dice que el Señor nos oculta la última hora de la vida con objeto de que todos los días estemos dispuestos a morir. San Pablo nos avi­sa (Fil. 2, 12) que debemos procurar la salvación no sólo temiendo, sino temblando.

 Refiere San Antonino que cierto rey de Sicilia, para manifestar a un privado el gran temor con que se sen­taba en el trono, le hizo sentar a la mesa bajo una espada qué pendía de un hilo sutilísimo sobre la cabeza, de suerte que el convidado, viéndose de tal modo, apenas pudo tomar un poco de alimento. Pues todos estamos en igual peligro, ya que en cualquier instante puede caer en nos­otros la espada de la muerte, resolviendo el negocio de la eterna salvación.

 Se trata de la eternidad. Si el árbol cayera hacia el Septentrión o hada el Mediodía, en cualquier lugar en que cayere, allí quedará (Ecl., 11, 3). Si al llegar la muerte, nos halla en gracia, ¿qué alegría no sentirá el alma, viendo que todo lo tiene seguro, que no puede ya perder a Dios, y que por siempre será feliz?...

 Mas si la muerte sorprende el ánima en pecado, ¡ qué desesperación tendrá el pecador, al decir: En error caí (Sb., 5, 6), y mi engaño eternamente quedará sin re­medio!

 Por ese temor decía el Santo P. M. Avila, apóstol de España, cuando se le anunció que iba a morir:
¡Oh, si tuviera un poco más de tiempo para prepararme a la muerte! Por eso mismo, el abad Agatón, aunque murió después de haber hecho penitencia muchos años, decía:
¿Qué será de mí? ¿Quién sabe los juicios de Dios?

 También San Arsenio tiembla en la hora de su muer­te; y como sus discípulos le preguntaran por qué temía tanto: Hijos míos—les respondió—«o es en mí nuevo ese temor; lo tuve siempre en toda mi vida. Y aún más temblaba el santo Job, diciendo: ¿Qué haré cuando Dios se levante para juzgarme, y qué le responderé cuando me interrogue?
 (5)   Lib. 3, De Lib. Arb.

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡Oh Dios mío! ¿Quién me ha amado más que Vos? ¿Y quién os ha despreciado y ofendido más que yo? ¡ Oh Sangre, oh llagas de Cristo, mi esperanza sois!
 Eterno Padre, no miréis mis pecados. Mirad las llagas de Cristo Jesús; mirad a vuestro Hijo muy amado, que muere por mí de dolor y os pide que me perdonéis.

Pésame más que de todo mal, Creador mío, de haberos injuriado. Me creasteis para que os amase, y he vivido como si hubiese sido creado para ofenderos. Por amor a Jesucristo, perdonadme y otorgadme la gracia de amaros. Si antes resistí a vuestra santa voluntad, ahora no quiero más resistir, sino hacer cuanto me ordenéis. Y pues mandáis que me resuelva a no ofenderos, hago el firme propósito de perder mil veces la vida antes que vuestra gracia.

 Me mandáis que os ame con todo mi corazón; pues de todo corazón os amo, y a nadie quiero amar, sino a Vos. Desde hoy seréis el único amado de mi alma, mi único amor. Os pido el don de la perseverancia y de  Vos lo espero. Por el amor a Jesús, haced que yo sea siempre fiel, y pueda decir con San Buenaventura: Uno solo es mí Amado; uno sólo es mí amor. No, no quiero que me sirva la vida para ofenderos, sino para llorar las ofensas que os hice y para amaros mucho.


¡Oh María. Madre mía, que rogáis por cuantos a Vos se encomiendan, rogad también a Jesús por mí!

   


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