Sunday May 28,2017
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ANGELES DE AQUI Y DE ALLA


»  Oración al Santo Angel de la Guarda

»  Introducción


1»  Los ángeles

2»  La devoción a los Angeles

3»  Experiencias de Angeles

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3


4» Más experiencias

a»  San Juan Bosco

b»  Padre Lamy

c»  Jose María Escrivá


5» Testimonios recientes

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3

»  Parte 4

»  Parte 5

»  Parte 6


6»  Ángeles del más allá

»  Niños - Parte 1

»  Niños - Parte 2

»  Niños - Parte 3

»  Niños - Parte 4

»  Niños - Parte 5

»  Adultos - Parte 1

»  Adultos - Parte 2

»  Adultos - Parte 3


7»  Ángeles en el purgatorio

8»  Ángeles del cielo

»  Parte 1

»  Parte 2

9»  Recomendaciones prácticas

»  Parte 1

»  Parte 2

»  Parte 3


10» Oraciones

a»  Oración

b»  Oración

c»  Oración

d»  Oración

e»  Oración

f»  Oración

g»  Oración

h»  Oración


11»  Consagracion a todos los angeles

12»  Conclusión

13»  Bibliografía

 

8» Angeles del Cielo
Parte 1

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

El cielo esta poblado de ángeles. ¿Cuántos son? Innumerables.

Dice el Apocalipsis: Vi y oí la voz de muchos ángeles en rededor del trono y de los vivientes y de los ancianos; y era su número de miríadas de miríadas y de millares de millares, que decían a grandes voces: “Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la bendición” (Ap. 5,11-12).

Todos los ángeles estaban en pie delante del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes y cayeron sus rostros delante del trono y adoraron a Dios diciendo: Amén. Bendición, gloría y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos, amén” (Ap 7-11-12).

Los ángeles en el cielo adoran, aman y sirven a Dios. Pero ¿qué es el cielo?

Dice el catecismo de la Iglesia católica que el cielo es la comunión de vida y amor con la Santísima Trinidad, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados (Cat 1024).

El cielo no es un lugar concreto del universo. El cielo es la reunión de los elegidos con Jesús y María y todos los santos y ángeles en unión con el Padre y el Espíritu Santo.

Es decir, donde esté Jesús, el hombre-Dios, allí estarán, con la Trinidad y la humanidad de Jesús, todos los santos y ángeles, adorando, amando y sirviendo. Y esto sucede en cada lugar donde esté Jesús, presente en la Eucaristía.

En una palabra, el cielo en la tierra es el sagrario de nuestras iglesias, es la Eucaristía. Donde haya una hostia consagrada, allí está el cielo en la tierra y habrá millones de santos y ángeles, adorando, amando y sirviendo a su Dios.

Precisamente por esto, deberíamos aumentar en el mundo los sagrarios. Cada sagrario es un cielo en la tierra. Cada hostia consagrada es una bendición celestial para la humanidad y, en especial, para el que comulga.

Cuando en nuestra parroquia, los ministros extraordinarios de la Eucaristía llevan la comunión a los enfermos, yo pienso que es una procesión del Corpus, una procesión de ángeles y santos por las calles de la ciudad.

La casa a la que llevan la comunión al enfermo, se convierte en ese momento en un cielo, porque hay millones de santos y ángeles que acompañan a Jesús y bendicen esa familia.

¡Qué alegría y qué responsabilidad poder recibir a Jesús con todo agradecimiento y devoción!

En esos momentos, la casa debe estar bien arreglada, especialmente la habitación del enfermo, con una mesita a modo de altar un mantel blanco y una vela encendida... Hay que recibir lo más dignamente posible a nuestro Dios sacramentado.

Pero ¿tenemos la fe suficiente para recibirlo como se merece con todo nuestro amor?

Decía san Pedro Julián Eymard: Jesús creó el hermoso cielo de la Eucaristía. La Eucaristía es un hermoso cielo, porque ¿no está el cielo allí donde está Jesucristo?

Por eso, cuando comulgamos, recibimos el cielo, puesto que recibimos a Jesucristo, causa y principio de toda felicidad y gloria del paraíso celestial79.

Ahora bien, el momento más sublime del cielo es, cuando se celebra la gran fiesta de la Redención, la fiesta de la salvación de los hombres, la gran fiesta del infinito amor de un Dios que se hizo hombre, nació en Belén, murió por salvarnos y resucitó de entre los muertos.

Esta gran fiesta se celebra cada vez que se celebra la misa entre nosotros. La misa es una fiesta celestial en la que está presente todo el cielo. En la misa, de pronto, se abre el cielo y nos adentramos en el coro de adoración.

Este es el motivo por el que el prefacio termina con estas palabras: Cantamos con los coros de serafines y querubines. No estamos solos, ya que la frontera entre el cielo y la tierra se ha abierto de verdad80.

En la misa estamos asociados a los ángeles, mirando la faz de Dios. Con nuestras voces nos unimos a sus coros y las suyas se juntan con nosotros…

Si comprendiéramos a fondo lo que esto significa, la misa sería para nosotros una fuente de alegría que jamás podrá ser comparada con todas esas fiestas de la tierra, en la que no se hermanan los cielos y la tierra.

Y, al tener la certeza que estamos ante los ángeles de Dios y que ellos mismos están entre nosotros, brotará con nuestro gozo el espíritu de adoración hacia la inmensa presencia que nos envuelve81.

Por eso, decía con alegría san Juan Crisóstomo sobre la misa: Aquí está el cielo82.

San Gregorio VII Papa decía: A la voz del sacerdote, se abren los cielos y los coros de los ángeles asisten a la misa.

Lo más bajo se une a lo más alto, lo terrestre a lo celeste, las cosas visibles a las invisibles83.


79 Eymard Pedro Julián, o.c., p. 198.
80 Ratzinger Joseph, Dios y el mundo, Ed. Círculo de lectores, Barcelona, 2002, p. 390.
81 Ratzinger Joseph, De la mano de Cristo, Ed. Eunsa, Pamplona, 1998, p. 72.
82 In epist ad corintios XXXVI, 5.
83 Dialogos IV, 58; PL 77. 425 D.

 

 

   


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