Friday June 23,2017
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EL EVANGELIO
COMO ME HA SIDO REVELADO


El Evangelio como me ha sido revelado

Autor: Maria Valtorta

Biografía.
Testimonios y Comentarios

PARTE 1 de 7 »

INTRODUCCION Y VIDA OCULTA DE JESUS

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Intro de la Obra

01. Dios quiso un seno sin mancha

02. Joaquín y Ana hacen
voto al Señor

03. En la fiesta de los Tabernáculos.
Joaquín y Ana poseían
la Sabiduría

04 Ana, con una canción,
anuncia que es madre.
En su seno está el alma inmaculada de María.

05. Nacimiento
de la Virgen María.
Su virginidad en el eterno pensamiento del Padre.

06. Purificación de Ana
y ofrecimiento de María,
que es la Niña perfecta para el reino de los Cielos.

07. María niña con Ana y Joaquín. En sus labios ya está la Sabiduría del Hijo.

08. María recibida en el Templo. En su humildad, no sabía que era la Llena de Sabiduría.

09. La muerte de Joaquín y Ana fue dulce, después de una vida
de sabia fidelidad a Dios
en las pruebas.

10. Cántico de María.
Ella recordaba cuanto su
espíritu había visto en Dios.

11. María confía su voto al Sumo Sacerdote.

12. José designado para esposo de la Virgen.

13. Esponsales de la Virgen y José, que fue instruido por la Sabiduría para ser
custodio del Misterio.

14. Los Esposos llegan a Nazaret.

15. Como conclusión del
Pre-Evangelio.

16. La Anunciación.

17. La desobediencia de Eva y la obediencia de María.

18. María anuncia a José la maternidad de Isabel y confía a Dios la justificación de la suya.

19. María y José camino de Jerusalén.

20. Salida de Jerusalén.
El aspecto beatífico de María. Importancia de la oración
para María y José.

21. La llegada de María a Hebrón y su encuentro con Isabel.

22. Las jornadas en Hebrón.
Los frutos de la caridad
de María hacia Isabel.

23. Nacimiento de
Juan el Bautista.
Todo sufrimiento se aplaca
sobre el seno de María.

24. La circuncisión de Juan el Bautista.
María es Fuente de Gracia para quien acoge la Luz.

25. Presentación de Juan el Bautista en el Templo Y partida de María. La Pasión de José.

26. José pide perdón a María.
Fe, caridad y humildad para recibir a Dios.

27. El edicto de empadronamiento.
Enseñanzas sobre el amor al esposo y la confianza en Dios.

28. La llegada a Belén.

29. Nacimiento de Jesús.
La eficacia salvadora de la
divina maternidad de María.

30. El anuncio a los pastores,
que vienen a ser los primeros adoradores del Verbo
hecho Hombre.

31. Visita de Zacarías.
La santidad de José y la obediencia a los sacerdotes.

32. Presentación de Jesús
en el Templo. La virtud de Simeón y la profecía de Ana.

33. Canción de cuna de la Virgen.

34. Adoración de los Magos.
Es "evangelio de la fe"

35. Huida a Egipto. Enseñanzas sobre la última visión relacionada con la llegada de Jesús.

36. La Sagrada Familia en Egipto. Una lección para las familias.

37. Primera lección de trabajo
a Jesús, que se sujetó
a la regla de la edad.

38. María, maestra de Jesús, Judas y Santiago.

39. Preparativos para la
mayoría de edad de Jesús
y salida de Nazaret.

40. Jesús examinado en su mayoría de edad en el Templo.

41. La disputa de Jesús con los doctores en el Templo.
La angustia de la Madre y la respuesta del Hijo

42. La muerte de José.
Jesús es la paz de quien sufre
y de quien muere.

43. Como conclusión de la
vida oculta.

 

33- Canción de cuna de la Virgen.


28 de Noviembre de 1944.

Esta mañana he tenido un suave despertar. Estando aún entre las nieblas del sopor, oía una voz purísima cantar dulcemente una calma canción de cuna. Parecía, por lo lenta y arcaica que era, una pastoral navideña. Yo seguía ese motivo y esa voz, gozándome en ella cada vez más, recobrando la lucidez bajo su onda. Y la he recobrado y he comprendido. He dicho:

-¡Te saludo, María, llena de Gracia! (porque quien cantaba era Mamá).  Ella, por su parte, después de decirme:
-Yo también te saludo. ¡Ven y alégrate! -ha alzado la voz.
Y la he visto, en la casa de Belén, en la habitación que ocupa Ella, acunando a Jesús para dormirlo. En la estancia estaba el telar de María y unas labores de costura.

Parecía que María hubiera dejado el trabajo para darle la leche al Niño, cambiarle los fajos, mejor, la ropa, porque era ya un niño de algunos meses, yo diría que seis u ocho al máximo; y parecía que tuviera intención de seguir trabajando una vez que el Niño se hubiera dormido.

Caía la tarde. El ocaso, ya casi cumplido, había sembrado el cielo sereno de vedijas de oro. Había rebaños que, paciendo las últimas hierbas de un prado florido, regresaban al aprisco, y balaban alzando el morrito.

El Niño tenía dificultad en dormirse; parecía un poco inquieto, como si estuviera incómodo por los dientes o por otra de esas cositas que dan molestias a los niños pequeños.

Escribí, como pude, el canto, en la penumbra de esa hora del amanecer, sobre un pedazo de papel. Ahora lo transcribo aquí.


Nubecitas todas de oro — cuales greyes del Señor.
En el prado florecido — un rebaño mira allá.
Aun teniendo los rebaños — todos los que hay sobre la tierra tú serías el corderito — que siempre querría más...
Duerme, duerme, duerme, duerme... No llores más...  

Mil estrellas relucientes — contemplando desde el cielo. Esas tus pupilas dulces — no las hagas más llorar. Y tus ojos de zafiro — astros de mi pecho son. ¡Y tu llanto es mi dolor! — ¡Oh, no, no, no llores más!...

Duerme, duerme, duerme, duerme... No llores más...
Ángeles resplandecientes — todos los del Paraíso cual corona en torno a ti — por ver tu rostro, sonrientes. Y tú lloras, inocente — porque quieres a tu lado que te arrulle tu Mamá — Nana, nana, nana, na...

Duerme, duerme, duerme, duerme... No llores más...
Pintará el cielo de rosa — la alborada que retorna y Mamá aún no reposa — porque tú no llores más. Dirás "¡Mamá!" en despertando — "¡Hijo!" Ella te dirá; beso, amor y vida juntos — con la leche te dará...

Duerme, duerme, duerme, duerme... No llores más...
¿Cómo estar sin tu Mamá? — aunque soñaras el Cielo. ¡Ven! ¡Ven! ¡Ven! Bajo este velo — que dormir Ella te hará. Y mí pecho por almohada — y mis brazos como cuna. ¡Y no temas cosa alguna — que contigo estoy aquí!...

Duerme, duerme, duerme, duerme... No llores más...
Yo contigo estaré siempre — vida de mi corazón... Ya duerme... Como una flor — reclinada sobre el pecho... Ya duerme... ¡Chist! ¡Despacio! — Quizás ve a su Padre Santo... Su visión enjuga el llanto — de mi Jesús dulce amado...
Duerme ya, ya duerme, duerme y su llanto enjugado está...


Describir la gracia de la escena es imposible. Se trata sólo de una madre acunando a un pequeñuelo; ¡pero son esa Madre y ese Pequeñuelo! Por tanto, puede hacerse una idea de qué gracia, qué amor, qué pureza, qué Cielo hay en esta pequeña, grande, delicada escena que me regocija con su recuerdo, del cual, como confirmación, queda la melodía que repito para mis adentros, para podérsela cantar a usted; aunque yo no tengo la voz de plata purísima de María, la voz virginal de la Virgen... y pareceré un organillo que pierde aire. No importa, haré lo que pueda.

¡Qué hermosa pastoral para cantarla alrededor de la Cuna de Navidad!

La Madre, primero, estaba meciendo suavemente la cuna de madera; mas luego, viendo que Jesús todavía rebullía, se lo ha puesto junto a su cuello, sentada cerca de la ventana abierta — al lado, la cunita — y, con un vaivén ligero al ritmo de la melodía, ha repetido dos veces la nana, hasta que el pequeño Jesús ha cerrado sus ojitos, ha vuelto la cabecita apoyándola sobre el pecho materno y se ha dormido así, con la carita aplastada contra el calorcito de ese pecho, con una manita apoyada sobre un seno de su Mamá junto a su carrillito rosado, y la otra cayendo sobre el regazo materno. El velo de María daba sombra a la Criaturita santa.

Luego María se levantó con infinito cuidado y puso a su Jesús en la cunita, lo tapó con las sábanas, extendió un velo para protegerlo de las moscas y del aire, y se quedó contemplando a su Tesoro durmiente. Tenía una mano en el corazón; la otra, apoyada todavía en la cuna, preparada para mecerla si hubiera habido posibilidad de que se hubiera vuelto a despertar; y sonreía, dichosa, un poco inclinada hacia la cuna, mientras las sombras y el silencio descendían sobre la tierra e invadían la habitación virginal.

¡Qué paz! ¡Qué belleza! ¡Y yo me siento dichosa!
No es una visión grandiosa. Quizás, en el conjunto general de las otras, será considerada inútil, porque no revela nada de especial. Lo sé. Pero para mí es una auténtica gracia, y tal la considero porque hace apacible a mi espíritu; lo hace puro, amoroso, como si le hubieran recreado las manos de nuestra Madre. Somos "niños"...

¡Mejor así! Somos gratos a Jesús. Que la gente, las personas doctas y complicadas, piensen lo que quieran; que nos llamen incluso "pueriles". Nosotros no pensamos en eso, ¿verdad?  

   


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