Saturday November 18,2017
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EL EVANGELIO
COMO ME HA SIDO REVELADO


El Evangelio como me ha sido revelado

Autor: María Valtorta

« PARTE 2 de 7 »

PRIMER AÑO DE LA
VIDA PUBLICA DE JESUS

Partes: [ 1 ] [ 2 ] [ 3 ]
[ 4 ] [ 5 ] [ 6 ] [ 7 ]



44. Adiós a la Madre
y salida de Nazaret.
Llanto y oración de la Corredentora.

45. Predicación de Juan el Bautista y Bautismo de Jesús.
La manifestación divina.

46. Jesús tentado por Satanás en el desierto. Cómo se vencen las tentaciones.

47. El encuentro con Juan y Santiago.

48. Juan y Santiago refieren a Pedro su encuentro con el Mesías.

49. El encuentro con Pedro
y Andrés después de un
discurso en la sinagoga

50. En Betsaida, en casa de Pedro. Encuentro con Felipe
y Natanael.

51. María manda a Judas Tadeo a invitar a Jesús
a las bodas de Cana.

52. Las bodas de Caná. El Hijo, no sujeto ya a la Madre, lleva a cabo para Ella el primer milagro.

53. Los mercaderes expulsados del Templo.

54. El encuentro con Judas de Keriot y con Tomás. Simón Zelote curado de la lepra.

55. Un encargo confiado
a Tomás.

56. Simón Zelote y Judas Tadeo unidos en común destino.

57. En Nazaret con Judas Tadeo
y con otros seis discípulos.

58. Curación de un ciego en Cafarnaúm.

59. Curación de un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaúm.

60. Curación de la suegra de Simón Pedro.

61. Jesús agracia a los pobres después de exponer la parábola del caballo amado por el rey.

62. Los discípulos buscan a Jesús, que está orando en la noche.

63. El leproso curado
cerca de Corazín.

64. El paralítico curado en Cafarnaúm.

65. La pesca milagrosa
y la elección de los primeros cuatro apóstoles.

66. Judas de Keriot en
Getsemaní se hace discípulo.

67. El milagro de los puñales partidos, en la Puerta de los Peces.

68. Jesús enseña en el Templo estando con Judas Iscariote.

69. Jesús instruye a Judas Iscariote.

70. En Getsemaní con Juan de Zebedeo. Comparación entre el Predilecto y Judas de Keriot.

71. Judas Iscariote presentado
a Juan y a Simón Zelote.

72. Hacia Belén con Juan, Simón Zelote y Judas Iscariote.

73. En Belén, en casa de un campesino y en la gruta
de la Natividad.

74. En la posada de Belén y en las ruinas de la casa de Ana.

75. Jesús encuentra
a los pastores Elías y Leví.

76. En Yuttá, en casa del pastor Isaac. Sara y sus niños.

77. En Hebrón en casa de Zacarías. El encuentro con Áglae.

78. En Keriot. Muerte
del anciano Saúl.

79. Volviendo donde los pastores.

80. En el monte del ayuno
y en la peña de la tentación.

81. En el vado del Jordán con los pastores Simeón, Juan y Matías. Un plan para liberar
a Juan el Bautista.

82. En Jericó. Judas Iscariote cuenta cómo ha vendido
las joyas de Áglae.

83. Jesús sufre a causa de Judas, que es enseñanza viva para los apóstoles de todos los tiempos.

84. El encuentro con
Lázaro de Betania.

85. Antes de ir al Getsemaní, Jesús y el Zelote suben al Templo, donde está hablando Judas Iscariote.

86. El encuentro con el soldado Alejandro en la Puerta
de los Peces.

87. Con pastores y discípulos en las cercanías de Doco.
Isaac se queda en Judea.

88. Donde el pastor Jonás, en la llanura de Esdrelón.

89. Adiós a Jonás y llegada de Jesús a Nazaret.

90. La llegada a Nazaret de los discípulos con los pastores.

91. Primera lección a los discípulos en Nazaret,
en un olivar.

92. Segunda lección a los discípulos en Nazaret,
junto a la casa.

93. Tercera lección a los discípulos en Nazaret, en el huerto de la casa. Palabras de consuelo a Judas de Alfeo.

94. Curación de la Beldad de Corazín. Jesús habla en la sinagoga de Cafarnaúm.

95. Santiago de Alfeo recibido como discípulo. Jesús habla junto al banco de Mateo.

96. Jesús responde a la acusación de haber curado en sábado a la Beldad de Corazín.

97. La llamada de Mateo.

98. Encuentro con la Magdalena en el lago y lección a los discípulos cerca de Tiberíades.

99. En Tiberíades
en la casa de Cusa.

100. En Nazaret en casa del anciano y enfermo Alfeo.
No es fácil la vida del apóstol.

101. Jesús pregunta a su Madre acerca de los discípulos.

102. Encuentro con el ex pastor Jonatán y curación
de Juana de Cusa.

103. En los altos del Líbano, donde los pastores
Benjamín y Daniel.

104. Aava reconciliada con su marido. Noticias sobre
la muerte de Alfeo
y sobre el rescate de Jonás.

105. Los demás hablan bajo para no turbar su dolor.

106. Expulsión de Nazaret. Jesús consuela a su Madre. Reflexiones sobre cuatro contemplaciones.

107. Jesús y su Madre en casa
de Juana de Cusa.

108. Discurso a los vendimiadores y curación
del niño paralítico.

109. En los campos de Jocanán y en los de Doras. Muerte de Jonás.

110. En casa de Jacob en las cercanías del lago Merón.

111. Encuentro con Salomón en el vado del Jordán. Parábola sobre la conversión de los corazones.

112. De Jericó a Betania.
El encuentro con Marta,
que habla de María.

113. Regreso a Betania después de la fiesta de los Tabernáculos.

114. En el convite de José de Arimatea. Encuentro
con Gamaliel y Nicodemo.

115. Curación del niño arrollado por el caballo de Alejandro.
Jesús expulsado del Templo.

116. En Getsemaní con Jesús, los discípulos hablan de los paganos y de la "velada".
El coloquio con Nicodemo.

117. Lázaro pone a disposición de Jesús una casita en el llano
de Agua Especiosa.

118. Comienzo de vida común
en Agua Especiosa.
Discurso de apertura.

119. Los discursos en Agua Especiosa, Parte 1: Yo soy el Señor tu Dios. Jesús bautiza como Juan.

120. Los discursos en Agua Especiosa, Parte 2 : Yo soy el Señor tu Dios. Jesús bautiza como Juan.

121. Los discursos en Agua Especiosa: No profieras en vano mi Nombre. La visita de Manahén.

122. Los discursos en Agua Especiosa: Honra a tu padre
y a tu madre. Curación de un deficiente mental.

123. Los discursos en Agua Especiosa: No fornicarás. La afrenta de cinco hombres notables.

124. Se da alojamiento a la "velada" en la casita de Agua Especiosa.

125. Los discursos en Agua Especiosa: Santifica las fiestas. El niño de las piernas fracturadas.

126. Los discursos en Agua Especiosa: No matarás.
Muerte de Doras.

127. Los discursos en Agua Especiosa: No tentarás al Señor tu Dios. Testimonio
de Juan el Bautista.

128. Los discursos en Agua Especiosa: No desearás la mujer del prójimo. El joven lujurioso.

129. La curación, en Agua Especiosa, de un romano endemoniado.

130. Los discursos en Agua Especiosa: No dirás falsos testimonios. El pequeño Asrael.

131. Los discursos en Agua Especiosa: No robes y no desees los bienes ajenos. El pecado de Herodes.

132. Discurso de conclusión, en Agua Especiosa, antes de la fiesta de la Purificación.

133. El trabajo oculto de Andrés. Una carta a Jesús de su Madre. Jesús debe dejar Agua Especiosa.

134. La curación de Jerusa
en Doco.

135. Llegada a Betania. La Magdalena escucha
el discurso de Jesús.

136. En la fiesta de las Encenias, en casa de Lázaro, se hace memoria del nacimiento de Jesús.

137. Jesús regresa a Agua Especiosa, pero debe
abandonar el lugar.

138. Despedida del encargado de Agua Especiosa, y del arquisinagogo Timoneo, que se hace discípulo.

139. En los montes de las cercanías de Emaús. El carácter de Judas Iscariote y las cualidades de los buenos.

140. En Emaús, en casa del arquisinagogo Cleofás. Un caso de incesto. Fin del primer año.

 

 

139- En los montes de las cercanías de Emaús. El carácter de Judas Iscariote
y las cualidades de los buenos


Jesús se encuentra con los suyos en un lugar muy montañoso. El camino es incómodo y escabroso y a los más ancianos se les hace muy duro; sin embargo, los jóvenes se muestran muy contentos en torno a Jesús y suben ágiles, conversando entre sí.

El pensamiento de volver a Galilea tiene alborozados a los dos primos, los dos hijos de Zebedeo, y a Andrés, y su alegría es tal, que conquista también al Iscariote, que desde hace un tiempo se encuentra en las mejores disposiciones de espíritu. Se limita a decir:
-Bueno, Maestro, pero, para Pascua, cuando se va al Templo... ¿vas a volver a Keriot? Mi madre sigue esperando a que vayas. Me lo ha hecho saber. E igualmente mis paisanos...

-Por supuesto. Ahora, aunque quisiéramos, la estación está demasiado desapacible como para meterse por esos caminos intransitables. Daos cuenta de lo fatigoso que resulta incluso aquí; y, si no hubiese sido por esa imposición, no habría emprendido ahora el camino... Pero ya no se podía estar... -Jesús guarda silencio, pensativo.

-Y después, quiero decir por Pascua, se podrá ir? Yo quisiera enseñar tu gruta a Santiago y a Andrés - dice Juan.

-¿Te olvidas del amor de Belén hacia nosotros? - pregunta el Iscariote - 0, mejor dicho, hacia el Maestro.
-No. Pero iría yo con Santiago y Andrés. Jesús podría estar en Yuttá o en tu casa...
-¡Oh..., esto me satisface! ¿Lo harás así, Maestro? Ellos van a Belén, Tú estás conmigo en Keriot. Realmente conmigo solo nunca has estado... y siento grandes deseos de tenerte enteramente para mí...

-¿Estás celoso? ¿No sabes que Yo os amo a todos de la misma forma? ¿No crees que Yo estoy con todos vosotros aun cuando parezco lejano?

-Sé que nos quieres. Si no nos quisieras, deberías ser mucho más severo, conmigo al menos. Creo que tu espíritu nos asiste continuamente. Pero no somos del todo espíritu; está también el hombre, con sus amores de hombre, sus deseos, sus añoranzas. Jesús mío, yo sé que no soy el que más te hace feliz, pero creo que Tú sabes lo vivo que está en mí el deseo de agradarte y el recuerdo amargo de todas las horas que te pierdo por mi miseria...
-No, Judas. No te pierdo. Estoy más cerca de ti que de los demás, precisamente porque conozco quién eres.

-¿Qué soy, mi Señor? Dilo. Ayúdame a entender qué soy. Yo no me entiendo. Me da la impresión de ser como una mujer turbada por deseos de concebir. Tengo apetitos santos y apetitos depravados. ¿Por qué? ¿Qué soy yo?

Jesús lo mira con una mirada indefinible. Está apenado. Pero es una tristeza embebida de piedad, de mucha piedad.
Parece un médico que constatara el estado de un enfermo y que supiera que se trata de un enfermo que no puede curarse...Pero no habla.-Dilo, Maestro mío. Tu juicio sobre el pobre Judas será siempre el menos severo de todos.

Y, además... estamos entre hermanos. No me importa que sepan de qué estoy hecho. Es más, sabiéndolo de ti, corregirán su juicio y me ayudarán. ¿No es verdad?
Los otros se sienten violentos y no saben qué decir. Miran al compañero, miran a Jesús.

Jesús pone a su lado a Judas Iscariote, en el lugar donde antes estaba su primo Santiago, y dice:

-Tú eres simplemente un desordenado. Tienes en ti todos los mejores elementos, pero no los tienes bien fijados, y el más mínimo soplo de viento los descoloca. Hace poco hemos pasado por aquella estrechura, nos han mostrado el daño que han hecho a las pobres casas de aquel pueblecito el agua, la tierra y los árboles. El agua, la tierra, los árboles son cosas útiles y benditas, ¿no es, acaso, verdad? Bueno, pues, a pesar de todo, han resultado malditas. ¿Por qué? Porque el agua del torrente no tenía un curso ordenado, sino que, incluso por indolencia del hombre, se había excavado otros lechos siguiendo su capricho, lo cual era bonito mientras no había ventiscas.

Esa agua clara que irrigaba el monte con pequeños regatos - collares de diamantes o de esmeraldas, según reflejasen la luz o la sombra de los bosques - era como una obra de joyero. Y el hombre gozaba de ello, porque las cantarinas venas de agua eran útiles para sus pequeños campos; como también eran hermosos los árboles nacidos, por avatares de los vientos, en caprichosos grupos, ora aquí, ora allá, dejando claros llenos de sol. También era hermosa la tierra esponjosa, depositada por quién sabe qué lejanos aluviones entre unas ondulaciones y otras del monte; tierra verdaderamente fértil para los cultivos. Pero ha sido suficiente que llegaran las ventiscas de hace un mes para que los caprichosos surcos del torrente se unieran y, desordenadamente, se desbordaran siguiendo otro curso, llevándose los desordenados árboles y arrastrando hacia abajo las desordenadas acumulaciones de tierra. Si las aguas hubieran sido reguladas, si los árboles hubieran
estado agrupados en bosques ordenados, si se hubiera asegurado en manera ordenada la tierra con las oportunas protecciones, entonces esos tres elementos, la madera, el agua y la tierra, que son buenos, no se habrían transformado en causas de destrucción y muerte para ese pueblecito. Tú tienes inteligencia, intrepidez, instrucción, prontitud, prestancia, tienes muchas cosas, muchas, pero están salvajemente dispuestas en ti; y tú dejas que estén así. Mira, necesitas un trabajo paciente y constante sobre ti mismo, para poner orden - que al final se traduce en una vigorosidad - en tus cualidades, de forma que, cuando llegue la ventisca de la tentación, lo bueno que tienes en ti no se transforme en un mal para ti y para los demás.

-Tienes razón, Maestro. Cada cierto tiempo sufro la acción de un viento que me altera profundamente, y entonces todo se enreda. Dices que yo podría...
-La voluntad lo es todo, Judas.

-Pero hay tentaciones que son tan punzantes... Uno se oculta, por miedo a que el mundo se las lea en el rostro».
-¡Ése es el error! Ése sería precisamente el momento de no esconderse, sino de buscar el mundo, el de los buenos, para recibir su ayuda. Además, el contacto con la paz de los buenos calma la fiebre. Y buscar también el mundo de los criticadores, porque, debido a ese orgullo que impulsa a ocultarse para que no le lean a uno su ánimo tentado, ello sería un impulso ante la debilidad moral, y no se caería.

-Tú fuiste al desierto...
-Porque podía hacerlo. Pero ¡ay de aquellos que están solos, si no son, en su soledad, multitud contra la multitud!
-¿Cómo? No comprendo.

-Multitud de virtudes contra multitud de tentaciones. Cuando la virtud es poca, hay que hacer como esta débil hiedra: agarrarse a las ramas de árboles vigorosos, para subir.

-Gracias, Maestro. Yo me agarro a ti y a los otros compañeros. Ayudadme todos. Vosotros sois todos mejores que yo.

-Ha sido mejor el ambiente sobrio y honesto en que hemos crecido, amigo. Pero ahora tú estás con nosotros, y te queremos. Verás... No es por criticar a Judea, pero, créelo, en Galilea hay, al menos en nuestros pueblos, menos riqueza y menos corrupción. Tiberíades, Magdala, otros lugares de tripudio, están cercanos; pero, nosotros vivimos con "nuestra" alma simple, tosca si quieres, pero laboriosa, santamente contenta de lo que Dios nos concede- dice Santiago de Alfeo.

-Pero ten en cuenta, Santiago, que la madre de Judas es una santa mujer. Se le ve la bondad escrita en la cara – objeta Juan.

Judas de Keriot, contento por esta alabanza, le sonríe; y su sonrisa aumenta cuando Jesús confirma:
-Es así, como has dicho, Juan; es una santa criatura.
-¡Sí! ¡Ya! Pero mi padre soñaba con hacer de mí una persona grande en el mundo, y me separó muy pronto y demasiado profundamente de mi madre...

-Pero, ¿qué es lo que tenéis que decir, que no paráis de hablar? - pregunta desde lejos Pedro - ¡Paraos! ¡Esperadnos! No le veo la gracia a ir así, sin pensar que yo tengo las piernas cortas.

Se detienen hasta que el otro grupo los alcanza.
-¡Uf! ¡Cuánto te quiero, barquita mía! Aquí se hace esfuerzos de esclavos... ¿Qué decíais?
-Hablábamos de las cualidades para ser buenos - responde Jesús.

-Y ¿a mí no me las dices, Maestro?
-Claro que sí: orden, paciencia, constancia, humildad, caridad... ¡He hablado de ellas muchas veces!
-Del orden no. ¿Qué tiene que ver con ello?
-El desorden no es nunca una buena cualidad. Se lo he explicado a tus compañeros. Ellos te lo dirán. Y lo he puesto el primero; mientras que he puesto la última a la caridad, porque son los dos extremos de la recta de la perfección. Ahora bien, como tú sabes, una recta, puesta horizontalmente, no tiene principio, como tampoco tiene fin. Ambos extremos pueden ser principio y pueden ser fin, mientras que de una espiral, o de cualquier otra figura no cerrada en sí misma, hay siempre un principio y un fin. La santidad es lineal, simple, perfecta, y no tiene sino dos extremos, como la recta.

-Es fácil hacer una recta...

-¿Tú crees? Te equivocas. En un dibujo, complicado incluso, puede pasar inadvertido algún defecto; pero en la recta enseguida se ve cualquier falta, o de inclinación o de incertidumbre. José, enseñándome el oficio, insistía mucho en que fueran derechas las tablas y con razón me decía: "¿Ves, hijo mío? En una moldura o en un trabajo de torno todavía puede pasar una leve imperfección, porque el ojo (si no es expertísimo), si observa un punto no ve el otro. Pero si una tabla no está derecha como se debe, ni siquiera el trabajo más simple, como puede ser una pobre mesa de campesinos, sale bien. Estará arqueada, hacia abajo o hacia arriba. No sirve sino para el fuego".

Podemos decir esto también respecto a las almas. Para que no suceda que no se sirva sino para el fuego infernal, es decir, para conquistar el Cielo, hay que ser perfecto como una tabla debidamente cepillada y escuadrada. Quien empieza su trabajo espiritual con desorden, comenzando por las cosas inútiles, saltando, como un ave inquieta, de esto a aquello, al final, cuando quiere reunir las partes de su trabajo, ya no puede, no encajan. Por tanto, orden.

Por tanto, caridad. Luego, manteniendo fijos en las dos mordazas estos extremos, de forma que no se escapen nunca, trabajar en todo lo restante, ya se trate de molduras o de tallas. ¿Has comprendido?

-Sí, he comprendido.
Pedro se mastica en silencio su lección y, al improviso, concluye:

-Entonces mi hermano vale más que yo. Él es verdaderamente ordenado. Paso a paso, en silencio, tranquilo. Da la impresión de que no se moviera, y, sin embargo... Yo desearía hacer muchas cosas y en poco tiempo. Y no hago nada. ¿Quién me ayuda?

-Tu buen deseo. No temas, Pedro. Tú también haces. Te haces.
-¿Y yo?
-También tú, Felipe.
-¿Y yo? Tengo la impresión de no ser realmente capaz de nada.
-No, Tomás. Tú también te trabajas. Todos, todos os trabajáis. Sois árboles silvestres, pero los injertos os van cambiando en modo lento y seguro, y Yo tengo en vosotros mi alegría.

-Eso. Estamos tristes y Tú nos consuelas. Somos débiles y Tú nos fortaleces. Somos miedosos y nos infundes valor. Para todos y para todos los casos, tienes preparado el consejo y el conforte. Maestro, Tú siempre estás preparado y siempre eres bueno, ¿cuál es el secreto?

Amigos míos, he venido para esto, sabiendo ya lo que me encontraría y lo que debía hacer. Sin sufrir ilusiones no se tienen desilusiones; por tanto, no se pierde energía, se va adelante. Recordad esto, para cuando también vosotros tengáis que trabajar al hombre animal para hacer de él el hombre espiritual.


   


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