Tuesday September 26,2017
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MIS ENCUENTROS
CON MARIA




Autora: Maria Susana Ratero

Parte 1

Partes: [ 1 ] [ 2 ]


»Introducción 

»1.-Anuncios Dolorosos

»2.-Carta de Maria
para ti Mujer

»3.-Con María en Pascua
de Resurrección

»4.-Con María acompañando
a Juan Pablo II

»5.-Con María amasando la primera Eucaristía

»6.-Con María aprendiendo
de su admirable asunción

»7.-Con María bebiendo
del río de rosas

»8.-Con María caminando
hacia Belén

»9.-Con María caminando
la cuaresma

»10.-Con María camino
de Emaús

»11.-Con María camino
del calvario

»12.-Con María el día de
los Santos inocentes

»13.-Con María el día de su presentación al templo

»14.-Con María en busca del Sagrado Corazón

»15.-Con María en domingo
de Ramos

»16.-Con María en la carreta
de mi vida

»17.-Con María en la fiesta
del Corspus

»18.-Con María en la puerta
de la Misericordia

»19.-Con María esperando
la Resurrección

»20.-Con María esperando Pentecostés

»21.-Con María levantando
el Corazón

»22.-Con María recordando
la Anunciación

»23.-Con María recordando
la Ascención

»24.-Con María y la soledad
de Jesús Sacramentado

»25.-Con María y un Rosario
antes de Misa

»26.-Con María en Caná
de Galilea

»27.-De cara al mundo

»28.-Desde las pequeñas cosas

»29.-El Angel Gabriel y la Inmaculada

»30.-El Avemaría desde
tu corazón


 

Con María en Domingo de Ramos

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¿Sabes, María…? Faltan pocos días para la Semana Santa, el próximo 4 de Abril es domingo de Ramos… por misericordia de Dios, este año he tomado mayor conciencia del sentido de estos días en mi propia vida, por un exquisito detalle de amor de mi Señor he aprendido a ver, en mi propio dolor, no una ausencia de Dios, sino una presencia real  de su amor, dándome, en cada momento difícil, la oportunidad de transitar con él mi propio camino de Salvación… por eso quiero acercarme hoy a ti, maestra del alma, para que, como mi madre que eres, me tomes de la mano y me muestres el camino hacia tu Hijo…..

- El camino hacia mi Hijo, el único camino que vale la pena transitar… Mi alma quisiera que todos anhelaran ese camino… pero… No importa, no hablaremos de eso ahora, ven, vamos a Jerusalén, que la gente ya se está acercando a Jesús y nos costará trabajo abrirnos paso entre la multitud…

Y te sigo… ¿Qué otra cosa puedo hacer? Si seguirte termina siendo siempre luz para el corazón, paz para el alma…

Tal como lo dijiste, la gran multitud que había venido para la fiesta de la Pascua se enteró de que Jesús se dirigía a Jerusalén… llegamos justo cuando Jesús estaba montando un asno para entrar a la ciudad… la gente se apretujaba por acercársele, muchos habían visto la resurrección de Lázaro y daban testimonio… nos acercamos, vimos a las mujeres de Galilea, silenciosas, que le seguían a Él por donde fuera… tú, Madre querida, te acercaste para verlo sin que él lo notara, tenías ganas de abrazarle, de cuidarle, de atenderle como cuando era pequeño… Le nombraste “Jesús, amor de mi alma”… Fue apenas un susurro en el griterío de la gente, apenas si yo, que estaba pegadita a vos, lo oí con dificultad… Pero el alma de tu Hijo te oyó, giró la cabeza y sus ojos purísimos y mansos se encontraron con los tuyos, fue una mirada larga, llena de palabras que iban de corazón a corazón, por un instante sé que estuvieron en ese lugar sólo ustedes dos… miles de ángeles inclinaron la cabeza con respeto, fue una mirada de amor profundo, de entrega sin límites a la Voluntad del Padre… una mirada de despedida… Luego Él se volvió a las gentes, el tosco animal inició su marcha triunfal, mientras el pueblo extendía sus mantos como improvisada alfombra real… las ramas de olivos, arrancadas por cientos de manos, fueron verdes pañuelos que saludaban al Mesías, claro, que en ese momento nadie pensaba que los verdes pañuelos hoy serían ramas marchitas en pocos días, que se quemarían con el fuego de la indiferencia o el abandono… al llegar a la pendiente del monte de los Olivos, comenzamos a escuchar de mil gargantas…” ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y Gloria en las Alturas!”…

Tú y yo, María, caminábamos entre las gentes, nadie te reconocía, nadie veía en ti a la mujer por cuyo SÍ hoy tenían ellos a quien aclamar…

- Mucha gente -dijiste con tristeza- mucha gente hoy, como en la multiplicación de los panes o en el sermón de la barca… mas, todos le dejarán solo en pocos días…

Señora -y sentí vergüenza por mí, ya que muchas veces yo le había saludado desde mi Monte de los Olivos y le había dejado solo después- cuánto nos ama tu Hijo, cuánto….

- Mi corazón puede sentir la angustia del suyo, hija mía, al mirarle, hace un momento, note una mirada triste, aunque no arrepentida de su decisión, angustiada, mas no por Él sino por toda esta gente, solitaria, porque su alma sabía que este bullicio es pasajero, decidida, porque mi Hijo vino para hacer la Voluntad del Padre, valiente, porque sabía que aún faltaba la lucha final y estaba determinado a vencer pues su victoria es nuestra única esperanza, una mirada en paz, con la tranquilidad profunda de la verdadera libertad que es hacer lo que debe hacerse, aquello para lo que cada ser fue concebido desde el principio de los tiempos...

Señora ¿iras a la casa donde se hospedará Él?, es que así le tendrás más cerca…

- No, yo estaré cerca, Él sabe que estoy, mas debo dejarle en libertad, Él debe cumplir su misión hasta el final… y ambas sabemos la clase de final…

¿Qué siente tu corazón ahora, Madre querida? Perdona la torpeza de la pregunta, pero… Es admirable cómo estás de pié, en silencio, sin gritos, aun en medio del dolor te mantienes serena… ¿De dónde sacas fuerzas, Señora?

- Pues del mismo por quien sufro, amiga mía, … Verás, cuando el ángel me anunció que sería la madre del Mesías, yo sentí que aceptar era como dar un gran salto al vacío, pero sabía que más vacía quedaría si me negaba… Desde ese momento hasta hoy he pasado por muchísimas circunstancias  que me han ido enseñando quién es en realidad este Hijo mío, que es mío pero no me pertenece… aprendí que ser su mamá era sólo ser un puente, que mi “sí” unía su decisión de salvar la humanidad con la humanidad misma, pero nada más… no me asistía el derecho de anteponer mis sentimientos a su misión salvadora, debía aprender el valor de la renuncia, debía aprender que, la única manera de estar junto a Él, era estar desde lejos…

Señora ¿Qué debe aprender mi alma de este día?

- Debe aprender que es fácil reconocerle y amarle cuando todo marcha bien, que no es gran mérito  aclamar su nombre cuando todos lo hacen y “queda bien”… debes recordar que, después de cada Domingo de Ramos viene el Jueves Santo, y el gallo también cantará tres veces para ti….

¿Qué hacer, entonces?

- Seguirlo siempre, aun en medio de tu propio dolor, ver que te espera detrás del sufrimiento, que no te deja sola, que está contigo, sobre todo cuando tú crees que está lejos… Recuerda siempre que él te amó tanto que padeció todo esto por ti, para que tuvieses vida eterna…

Seguimos a Jesús hasta que llegó a la ciudad, luego él fue al Templo, Maria quedó contemplándole desde lejos… Antes de entrar al recinto Jesús la miró desde lo profundo del alma, su mirada era… indescriptible, una extraña mezcla de amor, tristeza, paciencia y soledad… En pocos días todo habría terminado y, al mismo tiempo, todo habría comenzado...

- Hija querida -dijiste, mientras me abrazabas con ternura- espero que tu corazón haya aprendido, haya crecido, haya conocido de cuanto es capaz el amor de Dios... aunque, hija mía... la verdadera dimensión de ese amor no puede ser comprendida en este mundo...


 Gracias, Señora mía, por este tiempo que nos dedicas a tus hijos... gracias...

Y te fuiste... te fuiste y te quedaste al mismo tiempo... como dice la Escritura, nadie puede separarnos del amor de Cristo... y, por consiguiente, Señora mía, tampoco nadie puede separarnos de tu amor...

Amigo, amiga que lees estas líneas... ten un Domingo de Ramos acompañado de María

 

   

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