Thursday March 23,2017
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TU AMIGO, EL ANGEL DE LA GUARDA


»  Oración al Santo Angel de la Guarda

»  Introducción


1»  Los ángeles

2»  Su jerarquía

3»  Sus funciones

4»  El ángel custodio

5»  El ángel consolador

6»  El ángel defensor

7»  El ángel de Dios


8»  Los santos y los ángeles:

8.1»  San Bernardo

8.2»  La Beata Ángela de Foligno

8.3»  Santa Gertrudis

8.4»  Santa Juana de Arco

8.5»  Santa Francisca Romana

8.6»  San Francisco Javier

8.7»  Santa Teresa de Jesús

8.8»  San Francisco de Sales

8.9»  Santa Margarita Mª de Alacoque

8.10»  La Beata Ana Catalina Emmerick

8.11»  San Antonio María Claret

8.12»  Santa Catalina Labouré

8.13»  San Juan Bosco

8.14»  Santa Gema Galgani

8.15»  Sor Magdalena de la Cruz

8.16»  Santa Faustina Kowalska

8.17»  La Vble. Consolata Betrone

8.18»  El Beato Padre Pío

8.19» San Escribá de Balaguer

8.20»  La Vble. Sor Mónica de Jesús

8.21»  Otros Santos y los Angeles


9»  Otros Testimonios:


9.1»  El Padre Eugenio Prevost

9.2»  Eduvigis Carboni

9.3»  Teresa Musco

9.4»  Georgette Faniel

9.5»  Vassula Ryden

9.6»  Katsuko Sasagawas

 

10» Testimonios Recientes

10.1»  Testimonio #1

10.2»  Testimonio #2

10.3»  Testimonio #3

10.4»  Testimonio #4

10.5»  Testimonio #5

10.6»  Testimonio #6

10.7»  Testimonio #7

 

11»  El arcángel San Rafael

12»  Ángeles por la calle

13»  Ángeles de Dios

14»  Ángeles en el más allá

15»  Experiencias en los umbrales de la muerte


16»  El ángel guardián

17»  El ángel amigo

18»  Pacto de amor mutuo

19»  Letanía a los ángeles


20»  Epílogo

 

13» Ángeles de Dios

Autor: P. Angel Peña O.A.R  

¿Alguna vez en tu vida has sido salvado por los ángeles de Dios de un peligro inminente?

El periodista francés Pierre Jovanovic cuenta su propia experiencia:

"Una tarde de enero de 1988 me encontraba en Fremont (USA). Yo y una amiga habíamos subido a un coche alquilado y nos dirigíamos por la autopista 101 a San Francisco.

Todo parecía completamente normal y tranquilo. El sol resplandecía y como yo no manejaba el coche, estaba observando los grandes camiones que pasaban... Cuando, de repente, sin reflexionar, me eché bruscamente a la izquierda.

Un segundo después, una bala atravesaba el parabrisas y fue a dar exactamente donde yo había estado, a la derecha.

Hablando de este caso con algunos compañeros, descubrí que no era yo solo a quien había sucedido algo parecido. Otros colegas, periodistas o fotógrafos, me contaron casos inexplicables en los que habían sido salvados de la muerte
".

Él lo atribuyó a su ángel de la guarda y, por eso, comenzó una investigación, viajando por todo el mundo para conocer todo lo que pudiera sobre este tema, escribiendo su libro "Encuesta sobre los ángeles custodios", donde cuenta interesantes testimonios, que alientan nuestra fe en su ayuda y protección.

Un amigo mío, de quien no puedo dudar en absoluto, me contaba lo que le ocurrió a él personalmente, cuando era estudiante universitario.

Un día estaba esperando al autobús en el borde de la carretera, distraído y pensando en el próximo examen, cuando sintió que alguien lo agarró bruscamente de los pelos y lo tiró hacia atrás.

En ese momento, un autobús pasó a toda velocidad por donde él había estado. Al volverse para ver quién le había empujado... no vio a nadie, estaba solo. Y pensó inmediatamente en su ángel. Desde entonces nunca se olvida de él.

Recuerdo lo que una mujer me contó.

Una noche oscura y silenciosa iba a su casa, tranquila, cuando, de repente, un coche aparcó junto a ella y salieron dos hombres que querían meterla dentro. En ese momento, apareció, doblando la esquina, otro hombre alto que trató de ayudarla y los otros dos huyeron sin pensarlo dos veces.

El joven la acompañó amablemente hasta su casa. Ella nunca se olvida de este suceso, que para ella fue una protección de Dios.

¿Fue su ángel? ¿Fue una simple coincidencia, que alguien pasó por allí en aquel momento y la ayudó decididamente?

Es posible, pero también puede ser que su ángel le inspirara a aquel joven que pasara por aquel lugar a la hora justa para ayudarla y salvarla. Nada ocurre por casualidad.

El Padre Donato Jiménez cuenta siempre con agradecimiento el caso que le ocurrió a él y a su hermano gemelo, ambos agustinos recoletos, en su viaje de regreso a Lima desde las alturas de 3,000 m. de Huaraz, en el Perú, en julio de 1990.

Escribe textualmente: “Pasada la laguna de Conococha, íbamos iniciando el descenso por la interminable carretera, cuando se nos fue echando una niebla tan espesa que nos era imposible marchar ni siquiera a la mínima velocidad.

Estábamos prácticamente envueltos en una masa blanca y tupida que no sabíamos por donde íbamos. Jamás he visto niebla tan densa. No podíamos ver la orilla ni menos el precipicio...

Se acercaba la noche y no podíamos avanzar. Debíamos quedarnos en el coche hasta la mañana siguiente con la esperanza de que la niebla desapareciese. Avanzar o quedar aparcados al filo de la carretera, era temerario.

Además, estaba el miedo a ser asaltados o muertos por terroristas, que causaban entonces una sicosis general.

Pasaron largos ratos sin hablar, rezando, particularmente, a nuestro ángel de la guarda con todo el fervor de que éramos capaces. La situación la percibimos como muy grave. No sabíamos qué hacer.

Ese día no habíamos visto a nadie por la carretera desde que salimos. De pronto, un coche nos da alcance con cierta rapidez y se pone delante de nosotros como a tres metros, y despacio, muy despacio, como adivinando nuestra situación, trata de darnos algo de reflejo con los pilotos traseros y, a obligado paso lento, va como tirando de nosotros.

No sabíamos de qué se trataba. A lentísimo paso, fuimos avanzando por varias horas hasta acercarnos a Pativilca, sobre la costa, donde ya no había niebla. Allí se detuvo el coche, que había sido nuestro ángel.

No podíamos creerlo. Llorando de emoción y agradecimiento, nos abrazamos a un señor taxista, se llamaba José, buen conocedor del trayecto, que desde Huaraz venía a Lima y, al vernos, se dijo:

Éstos no son de aquí y no conocen la carretera. Iba con sus pasajeros y, naturalmente, con ansia de llegar pronto a Lima. Pero él y los pasajeros tuvieron el gesto, la virtud y el gozo de una obra buena.

Esto lo hizo nuestro ángel de la guarda y así lo reconocimos y lo agradeceremos siempre.

En la homilía del domingo comentamos este hecho para agradecer con toda la asamblea al buen taxista y a nuestro siempre fiel ángel guardián. La deuda es decírselo a todos en gozosa y pública acción de gracias”.

¿Te acuerdas de algún caso en tu propia vida?

¿Invocaste a Dios o a tu ángel o a María nuestra Madre?

Si lo hiciste, Dios pudo ayudarte de una manera especial por medio de sus ángeles del cielo o de ángeles de la tierra, al servicio de Dios.

¿Quieres ser tú un ángel de la guarda para otros que están en necesidad?

Precisamente, la diferencia entre quienes son salvados de casos inexplicables y otros que no lo son puede estar en esto, entre quienes piden ayuda y quienes no lo hacen.

Cristo dijo bien claro: "Pedid y recibiréis" (Mt 7,7).

No recibimos muchas cosas, porque no las pedimos. El no pedir es como no dar oportunidad a Dios de que nos ayude, porque creemos en nuestra propia autosuficiencia.

Oremos y pidamos y Dios enviará sus ángeles a ayudarnos.

 

Y tú ¿invocas a Jesús, a María o a tu ángel en los peligros?

 

   


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