Monday July 24,2017
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AQUEL
PABLO DE TARSO


San Pablo

Autor: P. Pedro García
Fuente: Evangelicemos.net

PARTE 1 de 3 »

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00. El Apóstol Pablo.
Charla Introductoria

01. El hombre que se presenta.
Formación judía y griega

02. Pablo y Esteban.
El celoso mantenedor de la Ley

03. Ante las puertas de Damasco.
La conversión de Pablo

04. Damasco-Jerusalén-Tarso. Los primeros pasos del convertido

05. La Iglesia de Antioquía. Emociones a montón

06. La primera misión.
Chipre, y adentrándose en Asia

07. Los judaizantes a la vista. Los tenemos que conocer

08. En el Concilio de Jerusalén. El triunfo de la libertad cristiana

09. Empieza la segunda misión. Por las tierras de Galacia

10. Filipos.
Se abre la puerta de Europa

11. El mundo grecorromano.
El Imperio y sus religiones

12. Algo más sobre el Imperio. Situación social y moral

13. El cristiano.
Fermento y semilla
metidos en el Imperio

14. Tesalónica y Berea.
El Evangelio por Macedonia

15. Con la Biblia en la mano.
La lección de los de Berea

16. Atenas.
Frialdad e indiferencia

17. A partir del Areópago.
Un fracaso y una lecció

18. Corinto.
Soñando en lo imposible

19. Las Cartas
magistrales de Pablo.
Doctor para siempre

20. La primera a los de Tesalónica.
Ya nadie parará la pluma

21. A ser santos llaman.
Lo primero que pidió Pablo

22. El Señor volverá.
Otra misiva a Tesalónica

23. ¡Lean, tesalonicenses!
Una súplica de Pablo

24. Entre la segunda
y tercera misión.

Dejando por ahora

25. Éfeso

26. Primera carta a Corinto. Mucha luz entre sombras

27. ¡Y Jesucristo Crucificado!... Con el escarmiento de Atenas

28. El Bautismo.
Pablo, el gran doctor

29. Una palestra de la castidad. ¡Precisamente en Corinto!

30. Olimpíadas cristianas.
A correr los valientes…

31. ¡La Iglesia!
A pensar como Pablo

32. ¡Aquí estás presente, Señor! Pablo sobre la Eucaristía

33. El Espíritu en acción.
Los carismas del Espíritu Santo

34. El himno incomparable
al Amor.
¡Ese capítulo trece!

35. La tríada gloriosa.
Con las Tres teologales

 

El himno incomparable al Amor.
¡Ese capítulo trece!


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Tenemos muy presente la última palabra que nos dirigió Pablo. Después de habernos hablado de tantos carismas, nos lanzaba el guante:

-¿Les señalo otro carisma mejor? ¿Lo quieren recoger? ¿Quieren amar mucho?...

Muy bien. Sin embargo, hoy no vamos a comenzar con Pablo, sino con una criatura de nuestros tiempos por demás querida: Teresa de Lisieux, más conocida como Santa Teresa del Niño Jesús.

Jovencita, y encerrada en un convento de clausura, quería tener todos los carismas, todos los dones, todas las vocaciones. Eso era imposible, naturalmente.

En su preocupación, tomó la Biblia, le salió San Pablo, y… dejémosle que nos lo cuente todo ella misma:

“Durante la oración abrí las epístolas de San Pablo y se me ofrecieron ante los ojos los capítulos 12 y 13 de la primera carta a los Corintios. Leí allí que no todos pueden ser apóstoles, profetas, doctores y demás…, que la Iglesia está compuesta de diferentes miembros, y que el ojo no puede ser, al mismo tiempo, la mano.

“La respuesta era clara. Yo no podía tener todos los carismas.

“Proseguí la lectura y esta frase me llenó de gozo: „Busquen con ardor los dones más perfectos; y yo les voy a mostrar el camino más excelente‟.

“Y el Apóstol explica cómo todos los otros dones, sin el Amor, no son nada…

“Comprendí que el Amor encierra todas las vocaciones, que el Amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, ¡que es eterno!...

“Entonces, en un exceso de alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, por fin he hallado mi vocación! ¡Mi vocación es el Amor!”.

Estemos seguros de que Pablo no ha encontrado un comentarista como esta muchacha, cuyas palabras son a estas horas inmortales.

Con amor, todos los carismas del Espíritu Santo son joyas valiosísimas, tanto para la Iglesia, que es su destinataria, como para quien ha recibido el carisma.

Sin el amor, del que Pablo nos quiere decir hoy algo, todo es pura palabrería y vaciedad.

Hay que ir ya a Pablo, que en la página del capítulo trece de la primera carta a los de Corinto se ha mostrado genial como nunca.

Este canto al amor es lo más sublime que se ha escrito y entonado en el mundo, y constituye a la vez una de las páginas más grandiosas de la Biblia.

Les viene a decir a los de Corinto:

-Se ven ustedes enriquecidos como ninguna otra comunidad con dones sin cuento del Espíritu Santo: ¡qué profetas, qué obradores de milagros! ¡hay que ver cómo hablan en otras lenguas!...

Los corintios podían sentirse halagados con estas palabras. Pero sigue Pablo:

-Sin embargo, están en los principios. Todos esos carismas que los engolosinan no valen para nada en comparación del que ahora les voy a mostrar: ¡el amor! El amor vale más que todos ellos juntos.

Pablo se presenta como si tuviese todos los carismas, para decir:

“Aunque yo hable las lenguas de todos los hombres y de los mismos ángeles, si no tengo amor soy como un bronce que suena o como un címbalo que aturde.

“Aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga tanta fe que sea capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

“Aunque reparta todos mis bienes en beneficencia, y aunque entregue mi cuerpo a las llamas como un mártir, si no tengo amor, no me aprovecha nada”.

Al dictar Pablo estas palabras a su secretario no hace sino dejar hablar a su corazón arrebatado. Sin ser poeta ni versificador, Pablo estalla en un verdadero himno como tantos de la Biblia, pero superior a todos ellos. Hasta literariamente es una obra maestra.

De esta introducción tan elevada sobre el Amor ─el amor a Dios en especial─, desciende ahora Pablo al comportamiento del amor fraterno, al parecer rutinario y trivial, pero con observaciones llenas de prudencia y de un valor psicológico extraordinario.

¿Cómo es el amor verdadero?... Y nos dice:

“El amor es paciente, es amable;
“el amor no es envidioso, ni busca aparentar;
“el amor no se engríe, ni actúa con bajeza;
“el amor no busca su interés, ni se irrita;
“el amor no guarda recuerdo de las ofensas, sino que las perdona;
“el amor nunca se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad.
“El amor todo lo excusa. Todo lo cree. Too lo espera. Todo lo soporta”.

¿De qué amor ha hablado Pablo hasta ahora? ¿Del amor a Dios, o del amor al hermano?

De los dos en uno solo. Porque para Pablo no hay dos amores, sino uno solamente.

Con el único amor de Dios ─el cual ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado─, amamos a Dios y amamos a los hermanos.

Después de enumerar Pablo las cualidades del amor que se tiene a los demás, se eleva en su himno a las mayores alturas.

Todos los carismas pasarán, todos desaparecerán.

La FE, ¿para qué, si lo estaremos viendo todo?...

La ESPERANZA, ¿para qué, si lo tendremos todo en la mano sin poderlo ya perder?...

No quedará sino la CARIDAD, el amor.

“Ahora tenemos tres cosas: la fe, la esperanza, el amor. De las tres, la mayor de todas es el Amor”.
¡De qué manera nos ha metido Pablo en la eternidad de Dios!

En Dios lo veremos todo.
En Dios lo tendremos todo.

Metidos en la hoguera infinita del amor de Dios, amaremos a Dios con su mismo amor;
nos amaremos todos, ángeles y hombres, con amor intensísimo, ardiente y puro;
y amaremos todas las cosas, transformadas en morada digna de los hijos de Dios.

¿Qué dijeron los Corintios al leer este himno de Pablo?
No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que la Iglesia ─leyendo y releyendo sin cesar esta página incomparable de Pablo─ ha valorado el Amor sobre todos los carismas habidos y por haber.

El sentido común de todos, hasta de los que están lejos de nosotros, coloca en los primeros puestos de la fila a Teresita ─la jovencita que no hizo nada metida en un convento de clausura─, a la Madre Teresa y a todos los que las acompañan…

¡El Amor! ¡La Caridad!...

Dios, al ser amor, actúa siempre con amor.

Y el hombre más completo y la mujer más perfecta no se encuentran entre los qué más lucen, sino entre los que más aman.

En la Iglesia tenemos la idea muy clara: la persona que más vale es la que más ama…

   


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