Wednesday October 18,2017
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MI VIDA EN
NAZARET


Mi vida en Nazaret

Autor: Guliana in Crescio
Fuente: Reina del Cielo

PARTE 1 de 4 »

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000. El silencio de María
se hace palabras

00. Presentación
de la Santísima Virgen

01. A una mamá

02. Mis rosas son las oraciones

03. Tu rosario es tu dolor

04. Os envuelvo con mi manto para daros protección y afecto

05. A todos vosotros que escucháis estas palabras,
os llevo en Mi Corazón

06. Todos mis hijos de la tierra
están en Mi Corazón

07. Para dos sacerdotes

08. Al Padre Gabriel Roschini

09. Os exhorto a hacer coronas de rosas para Mí,
en el amor a Mi Hijo

10. Al Padre Gabriel Roschini en su 50 aniversario de Sacerdote

11. Que el Cielo os reciba a todos, Yo por vosotros intercedo

12. Escuchad Mi voz

13. Recibo como rosas a vuestros pensamientos

14. A un grupo de fieles

15. Rezadme y a los Ángeles
pedidles protección

16. Rezad siempre por nuestra
santa Iglesia

17. A las mamás que han
perdido a su hijo

18. Sois todos mis hijos,
¡hijos de mi corazón!

19. Pensar en Mí es rezar

20. Para Luisito

21. Y vosotros que actuáis, sois las pequeñas luces del mundo

22. Mis apariciones ahogadas

23. Quien ama a Mi Hijo es una ventana abierta de Nuestro Cielo,
y abierta hacia el mundo

24. Jesús nació en la tierra así

25. Todo el dolor del mundo
estuvo en Mí

26. Para el Padre Gabriel

27. Al Padre Roschini

28. Oración y penitencia,
para ayudar a aquellos
que no oran ni aman

29. Para un consagrado

30. Para las Oblatas de Nazaret

31. Vuestros seres queridos
que están ya Conmigo
me llaman mamá

32. Subí al Cielo en aquel
día lejano

33. Es el tiempo de Adviento. Meditad y vivid este tiempo con la atención en el Acontecimiento

34. Vendré con vosotros cuando sigáis a Jesús

35. Para las Hermanas Salesianas de los Sagrados
Corazones

36. Para las Oblata

37. Para las Oblatas de Nazaret

38. El mundo tiene necesidad
de luz, ¡la luz es la fe!

39. Soy la Inmaculada Concepción

40. Para las Oblatas de Nazaret

41. Para un sacerdote Dominico

42. Os pido oraciones
para el mundo

43. Es más importante
el alma que la carne

44. Mamá, lo que tú me pides,
Yo lo atiendo

45. Es para las Oblatas
de Nazaret

46. Subir al Cielo es la felicidad más grande

47. Vuestros pensamientos
los ofrezco a Jesús

48. Sed luces del mundo

49. Cuanto más amor se da,
más amor se recibe

50. Jesús recibe vuestros pensamientos como
si fueran flores

51. Al subir al Reino prometido, mi cuerpo de materia
se transformó en cuerpo glorioso

52. Todas las gentes Me llamarán bienaventurada

53. ... e hizo de Mí el primer cáliz

54. Todos lo miraban, pero
no sabían lo que luego
habría de hacer

55. Immi, tú eres mi Reina

56. Quiero contaros tantas cosas, así Lo amaréis más

57. Jesús fue dado a luz por Dios

58. He vivido aquellos meses
de espera como en un sueño

 

52- Todas las gentes Me llamarán bienaventurada(Lc)


¿Quién puede deciros mejor que yo cómo era Jesús de niño y luego de joven? Yo soy su Madre, he respirado con Él y he sufrido por Él y con Él. Cuando llegó al mundo fue como un encanto: lo encontré entre mis brazos, puesto por los Arcángeles, que me lo habían presentado. Gabriel, un arcángel, no una visión, realidad, no una luz: una figura con rostro de muchacho y el cuerpo como estatua, Miguel el que defiende y protege. ¡Los hombres no creen en los Ángeles! ¡Los hombres de vuestro tiempo verán lo que sucede cuando la fe está muerta en los corazones! La única salvación es este revelarse de Jesús, que habla a través de criaturas escondidas y elegidas; y el mundo aún no cree, aún no comprende.

Cuando Jesús crecía, era un niño como los demás, era verdadero hombre y al mismo tiempo Dios, clarividente y sabio, pero no se dio a conocer como un sabio sino a los doctores; y luego partió aquel amanecer dejándome el corazón desgarrado. Sabía que lo perdería. Yo, Myriam, era una madre, una criatura humana y el dolor es dolor. Aunque luego será felicidad y gloria, el dolor es un don, un regalo de Dios, que no se comprende en la Tierra, y también Yo lo conocí, como lo conoció Jesús, en el espíritu y en la carne. No fue fácil para Él hablar, predicar, andar; ¡fue sudor y fatigas, calor, frío, cansancio!

Verdadero hombre: quiso conocer todos los matices del dolor humano. Sufría por los que no harían buen uso de su Palabra; sufría porque amaba, y el amor es entregarse, es sacrificio. Conociendo los verdaderos valores, Él no se preocupaba por las cosas materiales. Él amaba la belleza de la naturaleza, pensamiento de Dios, procedente de Dios, prueba de Dios. Él, verdadero Dios, sabía. Yo fui Madre y, a pesar de la grandeza de lo que me sucedió, me parecía casi normal, y a veces increíble. Todo lo grande que nos sucede por la voluntad de Dios, nos parece normal y a veces increíble. Por eso nos gusta estar escondidas, no queremos que nos distraigan las cosas vanas.

Cuando Jesús era pequeño, lo miraba con gozo, y con dolor; sabía, y la sombra de la Cruz oscurecía mi alegría de aquellos días de paz... No siempre sabía: era un instrumento de Dios y los instrumentos de Dios saben cuando Dios obra en ellos. Cuando Jesús fue al Templo, Yo no sabía dónde estaba y viví horas de angustia. Nuestra vida en esa casa que muchos de vosotros conocéis y que otros no creen que sea aquella casa, era simple, y era una vida grande y pequeña a la vez. Jesús me hablaba de vosotros los hombres, ¡mis hijos, sus hermanos! Immi(1), tú sabes que he venido a redimirlos y tú también conmigo, con tu dolor y tu amor. ¡La Redención!

El mundo siguió avanzando a través de los siglos, el Hijo del hombre volverá y separará el trigo de la cizaña...

Nuestra vida, nuestra historia, a menudo se cuenta como si fuera una leyenda, y no hubo ninguna romántica imaginación, es una realidad. Yo, madre, mujer y no por ello débil; José, un padre terrenal sumamente amoroso y justo; Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios. Una familia normal a los ojos del mundo.

Lo que es sagrado aparenta normal, lo sagrado está adentro, no se manifiesta con alharaca, se reconoce luego, por los hechos y por la sustancia. Lo que Jesús ¡ha dicho al mundo, está resumido en el Evangelio: pocas palabras que tienen un alcance enorme para todos los tiempos y son siempre nuevas. Él hizo muchos milagros, dijo muchas palabras, obró mucho, pero toda su obra, toda su Palabra, todos sus milagros provienen de una palabra sola: ¡Amor!

Vosotros os preguntáis muchas cosas, vosotros tenéis dudas, vosotros no entendéis el dolor; vosotros no podéis comprender, y es así porque si los hombres supieran todo, no habría verdadero mérito. El dolor se acepta, se soporta: ¡pero es dolor! Es mérito, don, puerta que cada criatura, en mayor o menor medida, debe traspasar. Y en la tierra existe también la serenidad: es la paz del espíritu en gracia. Existe la esperanza.

Íbamos hacia Nazaret, volvíamos del mercado, teníamos harina, miel, cebollas y sal...
"¡Yo llevaré la carga más pesada, Immi!"


(1) "Immi" en arameo significa "Mamá"
   


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