Wednesday November 22,2017
Iniciar pagina principal Quienes somos y que hacemos Mision principal del sitio en internet Como rezar el santo rosario, oraciones, etc. Base de datos de documentos recopilados Servicio de asesoria via e-mail. Calendario de eventos en el bimestre Personas para establecer contacto
 

EL GRAN MEDIO
DE LA ORACION


El gran medio de la Oracion para Adorar a Dios

Autor: San Alfonso Maria
de Ligorio

Fuente: iteadjmj.com


Capitulo II
Excelencia de la oración y su poder ante Dios


Todo lo podemos con la ayuda divina que el Señor da a aquel que humildemente se la pide. Por donde concluyamos que si somos vencidos, culpa nuestra es, por no haber rezado. Pues, como escribe san Agustín: por la oración huyen todos nuestros enemigos.

Dice San Bernardino de Sena que la oración es embajadora fiel. El rey del cielo la conoce muy bien, pues tiene por costumbre entrarse muy confiadamente en sus tabernáculos y allí no se cansa de importunarle hasta que al fin alcanza la ayuda de su gracia para nosotros, pobres necesitados, que gemimos en medio de tantos combates y de tantas miserias en este valle de lágrimas.

El profeta Isaías nos asegura que cuando el Señor oye nuestras plegarias, al punto se mueve tanto a compasión, que no nos deja llorar en demasía, pues luego nos responde concediéndonos lo que deseamos.

Así lo dice el profeta:

De ninguna manera llorarás: El Señor, apiadándose de ti, usará contigo de misericordia: al momento que oyere la voz de tu clamor, te responderá benigno.

El profeta Jeremías así se queja en nombre de Dios. ¿Por ventura he sido yo para Israel algún desierto o tierra sombría que tarda en fructificar?

Pues, ¿por qué motivo me ha dicho mi pueblo: Nosotros nos retiramos, no volveremos jamás a Ti? ¿Por qué no quieres recurrir más a mí? ¿Por ventura es para vosotros mi misericordia, tierra estéril, que no puede producir fruto alguno de gracia? ¿O es que pensáis que es tierra de mala ley, que sólo lleva frutos tardíos?

Con estas palabras nos hace comprender el Señor que no deja El nunca de oír nuestras oraciones y sin tardanza, y a la vez condena la conducta de aquellos que dejan de rezar con el pretexto de que Dios no quiere escuchar.

Generoso favor sería de parte de Dios, si solamente una vez al mes se dignase acoger nuestras plegarias. Así lo hacen los grandes de la tierra, los cuales ponen dificultades para atender. No es así el Señor, antes por el contrarío, dice el Crisóstomo, que siempre está aparejado a oír nuestras oraciones y no se dará jamás el caso de que le invoque un alma y El no oiga al punto su oración.

En otro lugar dice el mismo santo que antes que nosotros terminemos de rezar ya ha oído El nuestra petición. Lo asegura el mismo Dios con estas palabras: Aún estaban ellos rezando, y ya les había oído mi misericordia.

El santo rey David dice oportunamente que el Señor está muy junto a los que le invocan y se complace en oírlos y en salvarlos. Así habla el salmista: Pronto estará el Señor para todos los que le invocan de verdad.

Condescenderá con la voluntad de los que le temen; oirá benigno sus peticiones y los salvará. Ya antes que él se gloriaba de lo mismo el santo caudillo Moisés: No hay nación por grande que sea que tenga los dioses tan cerca de sus adoradores, como está nuestro verdadero Dios presente a todas nuestras Plegarias.

Los dioses gentiles eran sordos a las voces de los que los invocaban, porque eran simples estatuas y miserables criaturas que nada podían.

Nuestro Dios todo lo puede, y por eso no es sordo a nuestras peticiones, antes por el contrario está siempre al lado del que reza para concederle todas las gracias que él pida.

Decía el Salmista. En cualquier hora que te invoco, al instante conozco que tú eres mi Dios. Como si dijera: En esto conozco que eres mi Dios, Dios de bondad y de misericordia, en que me socorres apenas recurro a Ti.

Tan pobres somos que por nosotros mismos nada tenemos, pero con la oración podemos remediar nuestra pobreza. Si nada tenemos Dios es rico, y Dios, dice el Apóstol, es generoso con todos aquellos que le invocan. Con razón, pues, nos exhorta San Agustín a que tengamos confianza: Tratamos con un Dios que es infinito en poder y riquezas.

No le pidamos cosas ruines y mezquinas, sino cosas muy altas y grandes. Pedir a un rey poderoso un céntimo vil, sería sin duda una especie de injuria. ¿Y no lo será hacer lo mismo con nuestro Dios?

Aunque seamos pobres y miserables y muy indignos de los beneficios divinos, sin embargo, pidamos al Señor gracias muy grandes, porque así honramos a Dios, honramos su misericordia y su liberalidad, porque pedimos, apoyados en su fidelidad y en su bondad y en la promesa solemne que nos hizo de conceder todas las gracias a quien debidamente se las pidiere. Pediréis todo lo que queráis y todo se hará según vuestros deseos.

Santa María Magdalena de Pazzis, afirma que con este modo de orar se siente el Señor muy honrado. Y tanta consolación halla cuando vamos a El en busca de gracias, que no parece sino que Él mismo nos lo agradece, pues de esta manera le damos ocasión y le abrimos el camino de hacernos beneficios y de satisfacer así las ansias que tiene de hacernos bien a todos.

Estemos persuadidos de que, cuando llamamos a las puertas de Dios para pedirle gracias, nos da siempre más de lo que le pedimos. Por esto decía el apóstol Santiago: Si alguno tiene falta de sabiduría, pídasela a Dios, que a todos la da copiosamente y no zahiere a nadie. Con esto quiso decirnos que Dios no es avaro de sus bienes, como suelen serlo los hombres.

Los hombres de este mundo por muy generosos que sean, al dar limosna siempre encogen algo la mano y dan menos de lo que se les pide, porque, por muy grandes que sean sus tesoros, siempre son limitados, y así, a medida que van dando, suele ir disminuyendo su caudal.

Dios a los que rezan da copiosamente con larga y abundante mano, y más de lo que se le pide, por que infinita es su riqueza, y por mucho que dé, nunca disminuyen sus tesoros ...

Así lo decía David: Porque Tú Señor, eres suave, manso y de gran misericordia para todos los que te invocan.

Como si dijera: Las misericordias que derramáis son tan abundantes, que superan con mucho la grandeza de los bienes que os piden.

Pongamos, por tanto, sumo cuidado en rezar con gran confianza y estemos seguros de que, como decía el Crisóstomo, con la oración abriremos para dicha nuestra el arca de los tesoros divinos.

   


[Inicio] [ Blog] [Mision] [El Rosario] [Documentos] [Asesorias] [ Política de Privacidad] [Contacto ]

Copyright © 2017 Maria Luz Divina
Impulsada por: TusProductosWeb.com