Thursday April 27,2017
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Santisima Virgen Maria

  
IMITACION DE MARIA
Por Tomás de Kempis
  



»  Introducción

LIBRO PRIMERO
Encontrar a María

1»  Capítulo I
Cómo saludar a la gloriosa Virgen

2»  Capítulo II
El consuelo de la Virgen María

3»  Capítulo III
El recuerdo y la invocación de la Santísima Virgen María

LIBRO SEGUNDO:
Conocer a María

4»  Capítulo I
María y el misterio de la encarnación

5»  Capítulo II
María durante la infancia de Jesús

6»  Capítulo III
La pérdida y el hallazgo de Jesús

7»  Capítulo IV
Mujer, aquí tienes a tu hijo

8»  Capítulo V
La comunión de María con Jesús

9»  Capítulo VI
Oraciones a María que llora junto a la cruz

10»  Capítulo VII
María y el misterio de la resurrección

11»  Capítulo VIII
María medianera de la gracia

LIBRO TERCERO:
Amar a María

12»  Capítulo I
A Jesús con María

13»  Capítulo II
Eficacia del Ave María

14»  Capítulo III
Efectos de la devoción a María

15»  Capítulo IV
Recuerdo y devoción de María

16»  Capítulo V
Dolores y consuelos de María

17»  Capítulo VI
María nos muestra su Hijo Jesús

18»  Capítulo VII
Invocación de los santos nombres de Jesús y de la Bienaventurada Virgen

LIBRO CUARTO:
Rogar y Cantar a María

19»  Capítulo I
Oración para el amor y la alabanza de la Bienaventurada Virgen María

20»  Capítulo II
Oración ante los sufrimientos de Cristo y de su Madre

21»  Capítulo III
Oración a la Bienaventurada Virgen para obtener consuelo

22»  Capítulo IV
Oración a la Bienaventurada Virgen María cuando surge una tribulación

23»  Capítulo V
Oración a la Bienaventurada Virgen para la hora de la muerte

Capítulo VI:
Cantos a María

24»  Quién es María

25»  Tierna jovencita

26»  Poesía sobre la Bienaventurada
Virgen

27»  María prefigurada

28»  La Navidad

29»  Gema de pudor

30»  La belleza de María

31»  María nuestra salvación

32»  Mira a la Estrella

33»  Haznos dignos

34»  La Madre de la misericordia

35»  La excelencia de María

36»  Salve, Reina de los cielos

37»  "Salve, oh bellísima"

38»  "Alégrate, oh Reina del cielo"

39»  María Reina y Puerta del cielo

40»  Reina y Señora del mundo

 

 

LIBRO SEGUNDO
Conocer a María
5» Capítulo II
María durante la infancia de Jesús 


1) Te bendigo y te agradezco, Señor Jesucristo, autor de la pureza, por tu humilde presentación en el Templo de Dios donde, con víctimas y ofrendas, como uno de los hijos de Adán, fuiste presentado por tus padres y fuiste rescatado mediante cinco monedas, igual que un pobre esclavo que se compra en el mercado. Te bendigo, Santísimo Redentor del mundo, por tu humilde obediencia a la ley de Dios. Aunque estabas sin deuda de pecado, para darnos ejemplo de profunda sumisión, quisiste sujetarte a las prescripciones legales.

2) Te bendigo, además, por la inmensa humildad de tu Santísima Madre y por su espontánea sumisión a los preceptos de la ley. En efecto, aun siendo Virgen Santa en el parto y después del parto, no rehusó someterse al rito de la purificación . Ofrenda maravillosa y reparación gratísima, porque era libre y ajena a cualquier culpa.

3) ¿Qué podría ofrecerte o entregarte, mi Señor, para retribuirte todo lo que me has dado? En cambio, qué útil sería que expiase debidamente mis pecados, manchado como estoy por tantas culpas y por tantas torpezas. Por lo cual me dirijo a ti, benignísimo Señor Jesucristo, y te ruego que des satisfacción en mi lugar y que laves con tu purísima oblación todos mis pecados, para que pueda entrar en el templo limpio y purificado, a fin de alabar por siempre tu santo nombre.

4) Tú también ruega por mí, gran Madre de Dios, gloriosa Virgen María, para que me sean perdonados los pecados y se me conceda el tiempo para expiarlos, y para tener el firme propósito de merecer la ayuda de la gracia divina y por lo que me falta para agradecer a DIOS, de todos sus beneficios, súpleme tú, piadosísima Madre, ofreciéndote a ti misma con tu amadísimo Hijo en presencia de la gloria del Padre. Que tu integridad virginal excuse mi impureza, sea de la mente como del corazón; que tu caridad inflame mi tibieza; que tu humildad rebaje mi soberbia, que tu espontánea obediencia quebrante la dureza de mi perversa voluntad.

5) Ya lo he decidido: me ofrezco a mí mismo en tus manos y en las de tu amado Hijo, y cualquier cosa que yo pueda hacer, la realizaré siempre al servicio de ustedes. Ofrezco un par de tórtolas: la compunción por mis pecados y por mis negligencias y asimismo el deseo de los gozos eternos.

Ofrezco también dos pichones de paloma: el doble deseo de guardar en mi corazón la simple dupla de no devolver a nadie mal por mal, y de vencer siempre al mal con el bien. 6) Dígnate concederme todo esto, Oh buen Jesús, que hoy fuiste presentado en el Templo por tu humilde Madre Virgen, y fuiste tomado con alegría entre sus brazos por el justo y timorato Simeón.

 

   


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