Thursday April 18,2024
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EL EVANGELIO
COMO ME HA SIDO REVELADO


El Evangelio como me ha sido revelado

Autor: María Valtorta

« PARTE 4 de 7 »

TERCER AÑO DE LA
VIDA PUBLICA DE JESUS

Partes: [ 1 ] [ 2 ] [ 3 ]
[ 4 ] [ 5 ] [ 6 ] [ 7 ]



313. Preparativos para salir de Nazaret, después de la visita de Simón de Alfeo con su familia. Durante el tercer año,
Jesús será el Justo

314. La cena en la casa de Nazaret. La dolorosa partida

315. El viaje hacia Yiftael y las reflexiones de Juan de Endor

316. Jesús se despide de Juan
de Endor y de Síntica

317. La oración de Jesús por la salvación de Judas Iscariote

318. En barca de Tolemaida
a Tiro

319. Partida de Tiro en la nave del cretense Nicomedes

320. Prodigios en la nave en medio de una tempestad

321. Arribo a Seleucia.
Se despiden de Nicomedes

322. Partida de Seleucia en un carro y llegada a Antioquía

323. La visita a Antigonio

324. Las pláticas de los ocho apóstoles antes de dejar Antioquía. El adiós a Juan de Endor y a Síntica

325. Los ocho apóstoles se reúnen con Jesús
cerca de Akcib

326. Un alto en Akcib

327. En los confines de Fenicia. Palabras de Jesús sobre la igualdad de los pueblos.
Parábola de la levadura

328. En Alejandrocena donde los hermanos de Hermiona

329. En el mercado de Alejandrocena. La parábola
de los obreros de la viña

330. Santiago y Juan "hijos del trueno". Hacia Akcib
con el pastor Anás

331. La fe de la mujer cananea y otras conquistas. Llegada a Akcib

332. La sufrida separación de Bartolomé, que con Felipe
vuelve a unirse al Maestro

333. Con los diez apóstoles
hacia Sicaminón

334. También Tomas y Judas Iscariote se unen de nuevo al grupo apostólico

335. La falsa amistad de Ismael ben Fabí, y el hidrópico
curado en sábado

336. En Nazaret con cuatro apóstoles. El amor de Tomás
por María Santísima

337. El sábado en Corazín. Parábola sobre los corazones imposibles de labrar. Curación
de una mujer encorvada

338. Judas Iscariote pierde el poder de milagros.
La parábola del cultivador

339. La noche pecaminosa
de Judas Iscariote

340. El enmendamiento de Judas Iscariote y el choque con los rabíes junto al sepulcro de Hil.lel

341. La mano herida de Jesús. Curación de un sordomudo en los confines sirofenicios

342. En Quedes. Los fariseos piden un signo.
La profecía de Habacuc

343. La levadura de los fariseos. El Hijo del hombre.
El primado a Simón Pedro

344. Encuentro con los discípulos en Cesárea de Filipo y explicación de la sedal de Jonás

345. Milagro en el castillo
de Cesárea Paneas

346. Primer anuncio de la Pasión y reprensión a Simón Pedro

347. En Betsaida. Profecía sobre el martirio de los Apóstoles y curación de un ciego

348. Manahén da algunas noticias acerca de Herodes Antipas, y desde Cafarnaúm va con Jesús a Nazaret. Revelación de las transfiguraciones
de la Virgen

349. La Transfiguración en el monte Tabor y el epiléptico curado al pie del monte. Un comentario para los predilectos

350. Lección a los discípulos sobre el poder de vencer
a los demonios

351. El tributo al Templo pagado con la moneda hallada
en la boca del pez

352. Un convertido de María de Magdala. Parábola para el pequeño Benjamín y lección sobre quién es grande
en el reino de los Cielos

353. La segunda multiplicación de los panes y el milagro de la multiplicación de la Palabra

354. Jesús habla sobre el Pan del Cielo en la sinagoga
de Cafarnaúm

355. El nuevo discípulo Nicolái de Antioquía y el segundo anuncio de la Pasión

356. Hacia Gadara. Las herejías de Judas Iscariote y las renuncias de Juan,
que quiere sólo amar

357. Juan y las culpas de Judas Iscariote. Los fariseos y la cuestión del divorcio

358. En Pel.la. El jovencito Yaia y la madre de Marcos de Josías

359. En la cabaña de Matías cerca de Yabés Galaad

360. El malhumor de los apóstoles y el descanso en una gruta. El encuentro
con Rosa de Jericó

361. Los dos injertos que transformarán a los apóstoles. María de Magdala advierte a Jesús de un peligro. Milagro ante la riada del Jordán

362. La misión de las "voces" en la Iglesia futura. El encuentro con la Madre y las discípulas

363. En Rama, en casa de la hermana de Tomás. Jesús habla sobre la salvación.
Apóstrofe a Jerusalén

364. En el Templo. Oración universal y parábola del hijo verdadero y los hijos bastardos

365. Judas Iscariote insidia la inocencia de Margziam. Un nuevo discípulo, hermano de leche de Jesús. En Betania, en la
casa de Lázaro, enfermo

366. Anastática entre las discípulas. Las cartas de Antioquía

367. El jueves prepascual. Preparativos en el Getsemaní

368. El jueves prepascual. En Jerusalén y en el Templo

369. El jueves prepascual. Parábola de la lepra de las casas

370. El jueves prepascual. En el convite de los pobres en el palacio de Cusa

371. El jueves prepascual. Por la noche en el palacio de Lázaro

372. El día de la Parasceve. Despertar en el palacio de Lázaro

373. El día de la Parasceve.
En el Templo

374. El día de la Parasceve. Por las calles de Jerusalén y en el barrio de Ofel

375. La cena ritual en casa de Lázaro y el banquete sacrílego en la casa de Samuel

376. Lección sobre la obra salvífica de los santos, y condena al Templo corrompido

377. Parábola del agua y del junco para María de Magdala, que ha elegido la mejor parte

378. La parábola de los pájaros, criticada por unos judíos enemigos que tienden una trampa

379. Una premonición del
apóstol Juan

380. El amor de los apóstoles, de la contemplación a la acción

381. La parábola del administrador infiel y sagaz. Hipocresía de los fariseos y conversión de un esenio

382. Un alto en casa de Nique

383. Discurso sobre la muerte junto al vado del Jordán

384. El anciano Ananías, guardián de la casita de Salomón

385. Parábola de la encrucijada y milagros cerca del pueblo
de Salomón

386. Hacia la orilla occidental
del Jordán

387. En Guilgal. El mendigo Ogla y los escribas tentadores. Los apóstoles comparados con las doce piedras del
prodigio de Josué

388. Exhortación a Judas Iscariote, que irá a Betania
con Simón Zelote.

389. Llegada a Engadí con
diez apóstoles

390. La fe de Abraham de Engadí y la parábola de la semilla
de palma

391. Curación del leproso Eliseo de Engadí

392. La hostilidad de Masada, ciudad-fortaleza

393. En la casa de campo de María de Keriot

394. Parábola de las dos voluntades y despedida de los habitantes de Keriot

395. Las dos madres infelices de Keriot. Adiós a la madre de Judas

396. En Yuttá, con los niños. La mano de Jesús obradora
de curaciones

397. Despedida de los fieles
de Yuttá

398. Palabras de despedida en Hebrón. Los delirios
de Judas Iscariote

399. Palabras de despedida en Betsur. El amor materno de Elisa

400. En Béter, en casa de Juana de Cusa, la cual habla del daño provocado por Judas Iscariote ante Claudia

401. Pedro y Bartolomé en Béter por un grave motivo.
Éxtasis de la escritora

402. Judas Iscariote se siente descubierto durante el discurso de despedida en Béter

403. Una lucha y victoria espiritual de Simón de Jonás

404. En camino hacia Emaús
de la llanura

405. Descanso en un henil y discurso a la entrada de Emaús de la llanura. El pequeño Miguel

406. En Joppe. Palabras inútiles a Judas de Keriot y diálogo sobre el alma con algunos Gentiles

407. En los campos de Nicodemo. La parábola de los dos hijos

408. Multiplicación del trigo en los campos de José de Arimatea

409. El drama familiar del Anciano Juan

410. Provocaciones de Judas Iscariote en el grupo apostólico

411. Una lección extraída de la naturaleza y espigueo milagroso para una viejecita. Cómo ayudar a quien se enmienda

412. Elogio del lirio de los valles, símbolo de María. Pedro se sacrifica por el bien de Judas

413. Llegada a Jerusalén para la fiesta de Pentecostés y disputa con los doctores del Templo

414. Invectiva contra fariseos y doctores en el convite en casa
del Anciano Elquías

415. Un alto en el camino
en Betania

416. Un mendigo samaritano en el camino de Jericó

417. Historia de Zacarías el leproso y conversión
de Zaqueo el publicano

418. Curación del discípulo José, herido en la cabeza y recogido en la casita de Salomón

419. Curaciones en un pueblecito de la Decápolis. Parábola del escultor y de las estatuas

420. Curación de un endemoniado completo. La vocación de la mujer al amor

421. El endemoniado curado, los fariseos y la blasfemia contra
el Espíritu Santo

422. El Iscariote, con sus malos humores, ocasiona la lección sobre los deberes
y los siervos inútiles

423. Partida del Iscariote, que ocasiona la lección sobre
el amor y el perdón

424. Pensamientos de gloria y martirio ante la vista de la costa mediterránea

425. En Cesárea Marítima. Romanos mundanos y parábola de los hijos con destinos distintos

426. Con las romanas en Cesárea Marítima. Profecía en Virgilio.
La joven esclava salvada

427. Bartolomé instruye
a Áurea Gala

428. Parábola de la viña y del viñador, figuras del alma y del libre albedrío

429. Con Judas Iscariote en la llanura de Esdrelón

430. El nido caído y el escriba cruel. La letra y el espíritu
de la Ley

431. Tomás prepara el encuentro de Jesús con los campesinos
de Jocanán

432. Con los campesinos
de Jocanán, cerca de Sefori

433. Llegada a Nazaret. Alabanzas a la Virgen.
Curación de Áurea

434. Trabajos manuales en Nazaret y parábola
de la madera barnizada

435. Comienzo del tercer sábado en Nazaret y llegada de Pedro con otros apóstoles

436. En el huerto de Nazaret, revelado a apóstoles y discípulas el precio de la Redención

437. Coloquio
de Jesús con su Madre

438. María Santísima con María de Alfeo en Tiberíades, donde Valeria. Encuentro con Judas Iscariote

439. María Santísima enseña a Áurea a hacer la voluntad de Dios

440. Otro sábado en Nazaret. Obstinación de José de Alfeo

441. Partida de Nazaret. Un incendio de brezos durante el viaje viene a ser el tema de una parábola

442. Judas Iscariote en Nazaret en casa de María

443. La muerte del abuelo de Margziam

444. Las dotes de Margziam. Lección sobre la caridad, sobre la salvación, sobre los méritos del Salvador

445. Dos parábolas durante una tormenta en Tiberíades. Llegada de Maria Stma., e impenitencia de Judas Iscariote

446. Llegada a Cafarnaúm en medio de un cálido recibimiento

447. En Cafarnaúm unas palabras de Jesús sobre la misericordia y el perdón no encuentran eco

448. Encuentro de barcas en el lago y parábola sugerida por Simón Pedro

449. El pequeño Alfeo desamado de su madre

450. Milagros en el arrabal cercano a Ippo y curación del leproso Juan

451. Discurso en el arrabal cercano a Ippo sobre los deberes de los cónyuges y de los hijos

452. El ex leproso Juan se hace discípulo. Parábola de los diez monumentos

453. Llegada a Ippo y discurso en pro de los pobres. Curación de un esclavo paralítico

454. María Santísima y su amor perfecto. Conflicto de Judas Iscariote con el pequeño Alfeo

455. La Iglesia es confiada a la maternidad de María. Discurso, al pie de Gamala, en pro
de unos forzados

456. Despedida de Gamala y llegada a Afeq. Advertencia a la viuda Sara y milagro en su casa

457. Discurso en Afeq, tras una disputa entre creyentes y no creyentes. Sara se hace discípula

458. Una curación espiritual en Guerguesa y lección sobre
los dones de Dios

459. El perdón a Samuel de Nazaret y lección sobre
las malas amistades

460. Fariseos en Cafarnaúm con José y Simón de Alfeo. Jesús y su Madre preparados
para el Sacrificio

461. Confabulación en casa de Cusa para elegir a Jesús rey. El griego Zenón y la carta de Síntica con la noticia de la muerte de Juan de Endor

462. Discurso y curaciones en las fuentes termales de Emaús
de Tiberíades

463. En Tariquea. Cusa, a pesar del discurso sobre la naturaleza del reino mesiánico, invita a Jesús a su casa. Conversión de una pecadora

464. En la casa de campo de Cusa, intento de elegir rey a Jesús. El testimonio
del Predilecto

465. En Betsaida para un encargo secreto a Porfiria. Apresurada partida de Cafarnaún

466. Un alto en la casa de los ancianos cónyuges Judas y Ana

467. Parábola de la distribución de las aguas. Perdón condicionado para el campesino Jacob. Advertencias a los apóstoles camino de Corazín

468. Un episodio de enmendamiento de Judas Iscariote, y otros que
ilustran su figura

469. Despidiéndose de los pocos fieles de Corazín

470. Lección a una suegra sobre los deberes del matrimonio

471. Encuentro con el levita José, llamado Bernabé, y lección
sobre Dios-Amor

472. Solicitud insidiosa de un juicio acerca de un hecho ocurrido en Yiscala

473. Curación de un niño ciego de Sidón y una lección
para las familias

474. Una visión que se pierde en un arrobo de amor

475. Abel de Belén de Galilea pide el perdón para sus enemigos

476. Lección sobre el cuidado de las almas y perdón a los dos pecadores castigados con la lepra

477. Coloquio de Jesús con su Madre en el bosque de Matatías. Los sufrimientos morales
de Jesús y María

478. Coloquio de Jesús con José y Simón de Alfeo, que van a la fiesta de los Tabernáculos

479. Con Juan al pie de la torre de Yizreel en espera de los campesinos de Jocanán

480. Parten de Yizreel tras la visita nocturna de los campesinos de Jocanán

481. Llegada a Enganním. Maquinaciones de Judas Iscariote para impedir una trama
de los fariseos

482. En camino con un pastor samaritano que ve
premiada su fe

483. Polémica de los apóstoles sobre el odio de los judíos. Los diez leprosos curados en Samaria

484. Alto obligado en las cercanías de Efraím y parábola de la granada

485. Jesús llega con los apóstoles a Betania, donde ya están algunos discípulos con Margziam

486. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Discurso sobre la naturaleza del Reino

487. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Discurso sobre la naturaleza del Cristo

488. En el Templo para la fiesta de los Tabernáculos. Partida secreta hacia Nob después
de la oración

489. En Nob. Parábola del rey no comprendido por sus súbditos. Jesús calma el viento

490. En el campo de los Galileos con los primos apóstoles y encuentro con el levita Zacarías

491. TEn el Templo el último día de la fiesta de los Tabernáculos. Sermón sobre el Agua viva

492. En Betania se evoca la memoria de Juan de Endor

493. Jesús habla cabe la fuente de En Royel, lugar en que hicieron un alto los tres Sabios

494. La mujer adúltera y la hipocresía de sus acusadores

495. Jesús instruye acerca del perdón de los pecadores, y se despide de sus discípulos en el camino de Betania

496. Un alto en la casita de Salomón. Improvisa turbación
de Judas Iscariote.

497. Simón Pedro atraviesa una hora de abatimiento

498. Exhortación a Judas Tadeo y a Santiago de Zebedeo después de una discusión
con Judas Iscariote

499. Fuga de Esebón y encuentro con un mercader de Petra

500. Reflexiones de Bartolomé y Juan después de un retiro
en el monte Nebo

501. Parábola de los hijos lejanos. Curación de dos hijos ciegos del hombre de Petra

502. Otro abatimiento en Pedro. Lección sobre las posesiones (divinas y diabólicas)

503. Los apóstoles indagan acerca del Traidor. Un saduceo y la infeliz mujer de un nigromante. Saber distinguir lo sobrenatural de lo oculto

504. Margziam preparado para la separación. Regreso a la aldea de Salomón y muerte de Ananías

505. En el Templo, una gracia obtenida con la oración incesante y la parábola del juez y la viuda

506. En el Templo, oposición al discurso que revela que Jesús
es la Luz del mundo

507. El gran debate con los judíos. Huyen del Templo con la ayuda del levita Zacarías

508. Juan será la luz de Cristo hasta el final de los tiempos. El pequeño Marcial-Manasés acogido por José de Seforí

509. El anciano sacerdote Matán acogido con los apóstoles y discípulos que han huido
del Templo

510. La curación de un ciego
de nacimiento

511. En la casa de Juan de Nob, otra alabanza a la Corredentora. Embustes de Judas Iscariote

512. Profecía ante un pueblo destruido

513. En Emaús Montana, una parábola sobre la verdadera sabiduría y una advertencia
a Israel

514. Consejos sobre la santidad a un joven indeciso. Reprensión a los habitantes de Bet-Jorón después de la curación de un romano y una judía

515. Las razones del dolor salvífico de Jesús. Elogio de la obediencia y lección sobre
la humildad

516. En Gabaón, milagro del mudito y elogio de la sabiduría como amor a Dios

517. Hacia Nob. Judas Iscariote, tras un momento polémico, reconoce su error

518. En Jerusalén, encuentro con el ciego curado y palabras que revelan a Jesús como
buen Pastor

519. Inexplicable ausencia de Judas Iscariote y alto en Betania, en casa de Lázaro

520. Conversaciones en torno a Judas Iscariote, ausente. Llegada a Tecua con el anciano Elí-Ana

521. En Tecua, Jesús se despide de los habitantes del lugar y del anciano Elí-Ana

522. Llegada a Jericó. El amor terreno de la muchedumbre y el amor sobrenatural del
convertido Zaqueo

523. En Jericó. La petición a Jesús de que juzgue a una mujer. La parábola del fariseo y el publicano tras una comparación entre pecadores y enfermos

524. En Jericó. En casa de Zaqueo con los pecadores convertidos

525. El juicio sobre Sabea
de Betlequí

526. T526 Curaciones cerca del vado de Betabara y discurso en recuerdo de Juan el Bautista

527. Desconocimiento y tentaciones en la naturaleza humana de Cristo

528. En Nob. Consuelo materno de Elisa y regreso inquietante de Judas Iscariote

529. Enseñanzas a los apóstoles mientras realizan trabajos manuales en casa de Juan de Nob

530. Otra noche de pecado de Judas Iscariote

531. En Nob, enfermos y peregrinos venidos de todas partes. Valeria y el divorcio. Curación del pequeño Leví

532. Preparativos para las Encenias. Una prostituta enviada a tentar a Jesús, que deja Nob

533. Hacia Jerusalén con
Judas Iscariote

534. Enseñanzas y curaciones en la sinagoga de los libertos romanos. Un encargo
para los gentiles

535. Judas Iscariote llamado
a informar a casa de Caifás

536. Curación de siete leprosos y llegada a Betania con los apóstoles ya reunidos. Marta y María preparadas por Jesús
a la muerte de Lázaro

537. En el Templo en la fiesta de la Dedicación, Jesús se manifiesta a los judíos, que intentan apedrearle

538. Jesús, orante en la gruta de la Natividad, contemplado por los discípulos ex pastores

539. Juan de Zebedeo se acusa de culpas inexistentes

540. La Madre confiada a Juan. Encuentro con Manahén y lección sobre el amor a los animales. Conclusión del tercer año

 

423- Partida del Iscariote, que ocasiona la lección sobre el amor y el perdón


Ya están en la otra margen.

Tienen a la derecha el monte Tabor y el pequeño Hermón; a la izquierda, los montes de Samaria; a sus espaldas, el Jordán; de frente, acabada la llanura en que se hallan, los collados ante los que se encuentra Meguiddó (si recuerdo bien este nombre, oído en una visión ya lejana, la en que Jesús se reúne con Judas de Keriot y Tomás, después de la separación causada por la necesidad de tener oculta la presencia de Síntica y Juan de Endor).

Deben haber descansado todo el día en alguna casa hospitalaria, porque ya cae de nuevo la tarde y es visible que están descansados. Hace todavía calor, pero el relente empieza a bajar y a suavizar el ardor. Y descienden las sombras violáceas del crepúsculo tras los últimos arreboles de un ocaso de fuego.

-Aquí se camina bien -observa, contento, Mateo.
-Sí. Andando tan bien, estaremos antes del galicinio en Meguiddó -le responde el Zelote.
-Y al alba habremos pasado los collados y veremos la llanura de Sarón -termina Juan.
-Y tu mar, ¿eh? -lo anima su hermano.
-Sí. Mi mar... -responde Juan sonriendo.
-Y te marcharás con el espíritu en una de tus peregrinaciones espirituales -le dice Pedro, agarrándole con fuerza un brazo con afecto rudo y benigno. Y termina:

«Enséñame también a mí la manera de extraer, a partir de la visión de las cosas, ciertos pensamientos tan... angélicos. Yo he mirado muchas veces el agua... la he amado... pero... nunca me ha servido para otra cosa sino para navegar y pescar. ¿Qué ves tú en el mar?...
-Veo agua, Simón. Como tú y como todos. De la misma forma que ahora veo campos y árboles frutales... Pero luego, además de los ojos de la cabeza, tengo como otros ojos aquí dentro y ya no veo la hierba y el agua, sino palabras de sabiduría que salen de esas cosas materiales. No soy yo quien piensa. No sería capaz de ello. Es otro quien piensa en mí.

-¿Eres acaso profeta? -pregunta un poco irónico Judas Iscariote.

-¡Oh, no! No soy profeta...
-¿Y entonces? ¿Crees que posees a Dios?
-Menos todavía...
-Entonces desvarías.

-Puede ser, porque soy muy pequeño y débil. Pero si es así, es un desvarío bien dulce y me lleva a Dios. Mi enfermedad se transforma entonces en un don, y bendigo por ello al Señor.

-¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! -ríe fragorosa y falsamente Judas.

Jesús, que ha escuchado, dice:

-No está enfermo, no es profeta. Pero el alma pura posee la sabiduría, que es la que habla en el corazón del hombre justo.

-Entonces yo no llegaré nunca, porque no he sido siempre bueno... -dice Pedro desconsolado.

-¿Y yo entonces? -le responde Mateo.  


-Amigos, pocos, demasiado pocos serían los que podrían poseer la sabiduría por ser puros desde siempre. Pero el arrepentimiento y la buena voluntad hacen al hombre, antes culpable e imperfecto, justo; entonces la conciencia recobra su virginidad en el lavacro de la humildad, de la contrición y del amor; y, virgen así de nuevo, puede emular a los puros.

-Gracias, Señor -dice Mateo, inclinándose a besar la mano del Maestro.

Un silencio. Luego Judas Iscariote exclama:

-¡Estoy cansado! No sé si voy a ser capaz de andar toda la noche.

-¡Hombre, claro! ¡Hoy has querido estar dando vueltas por ahí como un moscardón mientras nosotros dormíamos! -le responde Santiago de Zebedeo.

-Quería ver si encontraba a algunos discípulos...
-¿Y qué te apuraba? El Maestro no lo ha dicho, así que...
-Bien. Y yo lo he hecho. Y, si el Maestro me lo permite, me quedo en Meguiddó. Creo que hay allí un amigo nuestro que baja todos los años por esta época, después de la cosecha de los cereales. Querría hablarle de mi madre y...

-Haz lo que creas conveniente. Una vez terminada tu ocupación te dirigirás a Nazaret. Allí llegaremos nosotros. Avisarás así a mi Madre y a María de Alfeo de que al cabo de poco estaremos en casa.

-Yo también te digo como Mateo: "Gracias, Señor".
Jesús no responde nada y acoge el beso en la mano como ha acogido el de Mateo. No es posible ver las expresiones porque es ese momento de la noche en que la luz diurna ha desaparecido ya totalmente y todavía no hay luz estelar.

Hay tanta oscuridad, que con dificultad siguen por el camino y para eliminar todo inconveniente, Pedro y Tomás se deciden a encender unas ramas -que arden crepitando -cogidas de las matas. Pero la luz, primero ausente, ahora móvil y humeante, no permite ver bien las expresiones de los rostros. Los collados, entretanto, se aproximan. Sus oscuras prominencias se delinean con un negro más negro que el de los campos segados y blancuzcos de rastrojos en medio de la negrura de la noche, y cada vez se delinean más por la cercanía y el claror de las primeras estrellas...

-Yo te dejaría aquí, porque mi amigo está un poco fuera de Meguiddó. Estoy muy cansado...

-Bien, ve. Que el Señor vele sobre tus pasos.
-Gracias, Maestro. Adiós, amigos.
-Adiós, adiós -dicen los otros sin dar mucha importancia al saludo.

Jesús repite:

-Que el Señor vele sobre tus acciones.
Judas se marcha raudo.
-¡Mmm! Ya no parece tan cansado -observa Pedro.
-Sí. Aquí iba arrastrando las sandalias. Allí corre como una gacela... -dice Natanael.

-Tu saludo ha sido santo, Hermano. Pero, a menos que el Señor lo someta con su voluntad, no servirá la asistencia de Dios para hacerle cumplir buenos pasos y acciones justas.

-¡Judas, no porque me seas hermano estás exento de reprensión! Te reprendo, por tanto, tu acritud e intransigencia hacia tu compañero. El tiene sus culpas.

Pero tú también tienes las tuyas. Y la primera es el no saber ayudarme a formar esa alma. Lo exasperas con tus palabras. Los corazones no se vencen con la violencia.

¿Crees que tienes derecho a censurar todas sus acciones?

¿Te sientes tan perfecto como para poder hacerlo? Te recuerdo que Yo, tu Maestro, no lo hago, porque amo a esa alma informe. Es la que más piedad me produce de todas... precisamente por ser informe. ¿Crees que goza de su estado? ¿Y cómo vas a poder ser mañana maestro de espíritus, si no te ejercitas con un compañero en usar la infinita caridad que redime a los pecadores?

Judas de Alfeo agacha la cabeza ya desde las primeras palabras. Pero, al final, hinca en tierra sus rodillas y dice:

-Perdóname. Soy un pecador. Y repréndeme cuando esté en culpa, porque la corrección es amor y el único que no comprende la gracia de ser corregido por el sabio es el necio.

-Ya ves que lo hago, por tu bien. Pero con la reprensión va unido el perdón, porque sé comprender la razón de tu rigor y porque la humildad del corregido desarma al que corrige. Levántate, Judas, y no peques más -y lo tiene a su lado con Juan.

Los otros apóstoles hacen comentarios entre sí, primero bisbiseando, luego más alto por el hábito que tienen de hablar en voz alta. Y así oigo que están comparando a los dos Judas.

-¡Si hubiera sido Judas de Keriot el que hubiera oído ese reproche! ¡Habría que haber visto cómo se habría sublevado! Tu hermano es bueno -dice Tomás a Santiago.

-Pero... bueno... no se puede decir que haya hablado mal.

Ha dicho una verdad sobre Judas de Keriot. ¿Tú crees eso del amigo que va a Judea? Yo no -dice con franqueza Mateo.

-Serán... cuestiones de viñas como en el mercado de Jericó -dice Pedro recordando la escena que no puede olvidar.

Todos ríen.

-Cierto que se necesita el Maestro para compadecerlo tanto... -observa Felipe.
-¿Tanto? "Siempre", debes decir -le rebate Santiago de Zebedeo.
-Si fuera yo, yo no sería tan paciente -dice Natanael.
-Tampoco yo. La escena de ayer ha sido verdaderamente desagradable -confirma Mateo.

-Ese hombre no debe estar completamente sano de mente -dice conciliador el Zelote.

-Pero siempre sabe hacer bien sus cosas, demasiado bien incluso. Me apostaría mi barca, mis redes, la casa incluso, con la seguridad de no perder nada, a que está yendo a ver a algún fariseo mendigando protecciones... -dice Pedro.

-¡Es verdad! ¡Ismael! ¡Ismael está en Meguiddó! ¿Cómo no lo hemos pensado?!Hay que decírselo al Maestro! -exclama Tomás, dándose un manotazo en la frente.  

-Es inútil. El Maestro lo seguiría disculpando y a nosotros nos reprendería -dice el Zelote.
-De todas formas... vamos a probar. Ve tú, Santiago. Te ama, eres su pariente...

-Para Él somos todos iguales. Aquí, en nosotros, no ve parientes o amigos; ve solamente apóstoles, y es imparcial. Pero por complaceros voy -dice Santiago de Alfeo. Y acelera el paso para destacarse de los compañeros y alcanzar a Jesús.

-Pensáis que ha ido a ver a un fariseo. A uno o a otro, poco importa... Pero yo pienso que lo ha hecho por no venir a Cesárea. No va allí de buena gana... -dice Andrés.

-De un tiempo a esta parte, da la impresión de que siente repulsa por las romanas -nota Tomás.
-Y, a pesar de todo... mientras vosotros ibais a Engadí y yo a casa de Lázaro con él, estuvo todo contento de hablar con Claudia... -observa el Zelote.

-Sí... pero... Creo que precisamente entonces había hecho alguna cosa mal hecha. Y yo creo que Juana lo sabe y que llamó a Jesús por eso y... y... muchas cosas trituro aquí dentro desde que Judas se enfureció así en Betsur... -masculla Pedro.

-¿Dices que...? -pregunta curioso Mateo.
-Pues... No sé... Ideas... Veremos...
-¡No pensemos mal! El Maestro no quiere. Y no tenemos ninguna prueba de que haya hecho algo malo -dice Andrés con tono de ruego.

-¡No me querrás decir que hace bien causando dolor al Maestro, faltándole al respeto, creando malos humores...!
-¡Tranquilo, Simón! Te aseguro que está un poco loco... -dice el Zelote.

-Bien. Será así. Pero es uno que peca contra la bondad de nuestro Señor. Yo, aunque me escupiera en la cara, aunque me abofeteara, lo soportaría por ofrecérselo a Dios por su redención. Me he metido en la cabeza hacer todo tipo de sacrificio por esto, y para dominarme, me muerdo la lengua, me hinco las uñas en las palmas cuando se comporta como un loco. Pero lo que no puedo perdonar es que sea malo con nuestro Maestro. El pecado que comete contra Él es como si me lo hiciera a mí, y no lo perdono. ¡Además... si fuera de vez en cuando! ¡Qué va! ¡Está siempre detrás!

¡No consigo hacer que se me pase la rabia que me hierve dentro por alguna escena suya, y ya arma otra! Una, dos, tres... ¡Hay un límite!

Pedro habla casi gritando, y gesticulando lleno de genio.
Jesús, que va unos diez metros por delante, se vuelve -sombra blanca en la noche -y dice:

-No hay límite para el amor y el perdón. No lo hay. Ni en Dios ni en los verdaderos hijos de Dios. Mientras hay vida no hay límite. La única barrera que es obstáculo para que descienda el perdón y el amor es la resistencia impenitente del pecador. Pero, si éste se arrepiente, se le ha de perdonar siempre. Aunque pecase no una, dos, tres veces al día, sino muchas más.

Vosotros también pecáis y queréis perdón de Dios y a Él vais y decís: "¡He pecado! ¡Perdóname!". Y os es dulce el perdón, de la misma forma que a Dios le es dulce perdonar.

Y vosotros no sois dioses. Por eso, menos grave es la ofensa que un semejante vuestro os hace, que la que hace a Aquel que no es semejante de ningún otro. ¿No os parece? Y, sin embargo, Dios perdona. Haced también vosotros lo mismo. ¡Estad atentos a vosotros! Estad atentos a que vuestra intransigencia no se transforme en daño, provocando intransigencia de Dios hacia vosotros.

Ya lo he dicho, pero lo repito otra vez: Sed misericordiosos para obtener misericordia. Ninguno está tan sin pecado, que pueda ser intransigente con el pecador. Mirad vuestros pesos, antes de los que gravan el corazón ajeno; quitad primero de vuestro espíritu los vuestros, luego ocupaos de los ajenos, para mostrar a los demás no rigor que condena sino amor que enseña, y ayuda a ser liberados del mal.

Para poder decir -sin que el pecador te haga callar -, para poder decir: "Has pecado respecto a Dios y respecto al prójimo", es necesario no haber pecado, o, al menos, haber expiado el pecado. Para poder decir a quien se siente abatido por haber pecado: "Ten fe, que Dios perdona a quien se arrepiente", como siervos de este Dios que perdona a quien se arrepiente, debéis perdonar mostrando mucha misericordia.

Entonces podréis decir: "¿Ves, pecador arrepentido? Yo perdono tus culpas una y mil veces, porque soy siervo de Aquel que perdona innumerables veces a quien otras tantas veces se arrepiente de sus pecados. Piensa entonces cómo te perdona el Perfecto, si yo, sólo porque lo sirvo, sé perdonar. ¡Ten fe!". Esto debéis poder decir. Y decirlo con la acción, no con las palabras. Decir perdonando.

Por eso, si vuestro hermano peca, reprendedlo con amor y si se arrepiente, perdonadlo. Y si al cabo del día ha pecado siete veces y siete veces os dice: "Me arrepiento", otras tantas veces perdonadlo. ¿Habéis comprendido? ¿Me prometéis que lo haréis? Mientras está lejos, ¿me prometéis que tendréis compasión de él? ¿Me prometéis ayudarme a curarlo con vuestro sacrificio de conteneros cuando yerra? ¿No queréis ayudarme a salvarlo? Es un hermano vuestro de espíritu, al venir de un único Padre; de raza, al venir de un único pueblo; de misión, al ser apóstol como vosotros. Tres veces debéis amarlo pues. Si en vuestra familia tuvierais un hermano que diera dolor a vuestro padre y diera de sí motivo de críticas, ¿no trataríais de corregirlo para que vuestro padre no sufriera más y el pueblo no hablase mal de vuestra familia? ¿Y entonces? ¿No es la vuestra una más grande y santa familia cuyo Padre es Dios, cuyo Primogénito soy Yo? ¿Por qué, entonces, no queréis consolarnos al Padre y a mí, y ayudarnos a hacer bueno al pobre hermano que -creedme -no es feliz de ser así?...

Jesús, angustiadamente, suplica por el apóstol tan lleno de faltas... Y termina:

-Yo soy el gran Mendigo. Y os pido el óbolo más preciado: almas os pido. Las voy buscando. Pero vosotros me tenéis que ayudar... Saciad el hambre de mi Corazón, que busca amor y no lo encuentra sino en demasiado pocos. Porque los que no tienden a la perfección, para mí son como panes arrebatados a mi hambre espiritual. Dad almas a vuestro Maestro, afligido de ser aborrecido e incomprendido...

Los apóstoles están conmovidos... Muchas cosas quisieran decir. Y todas las palabras les parecen demasiado mezquinas... Se arriman al Maestro, todos quieren acariciarlo para hacerle sentir que lo quieren.

En fin, es el manso Andrés el que dice:

-Sí, Señor. Con paciencia y silencio y sacrificio, las armas que convierten, te daremos almas. También ésa... si Dios nos ayuda...

-Sí, Señor. Y Tú ayúdanos con tu oración.  

-Sí, amigos. Entretanto, vamos a orar juntos por el compañero que se ha marchado. "Padre nuestro que estás en el Cielo...".

La voz perfecta de Jesús dice las palabras del Pater articulándolas clara y lentamente. Los otros le hacen coro en tono bajo. Y, orando, se alejan en la noche.


   


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