Tuesday September 26,2017
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MIS ENCUENTROS
CON MARIA




Autora: Maria Susana Ratero

Parte 2

Partes: [ 1 ] [ 2 ]


»58.-María y la Morada de Jesús

»57.-Con María y la Viña en mi Alma

»56.-María y los sembradores
del Alma


»55.-De paseo con María Santísima

»54.-Con María, multiplicando migas

»53.-Con María, en mi última Misa...

»52.-María Santísima,
y las lámparas del alma...


»51.-Con María, y una barca
que se aleja


»50.-Con María, sin poder
asistir a misa


»49.-Con María, bajando
la montaña


»48.-Con María y José"

»47.-Con María y un Sagrario Vacio

»46.-Con María, comprendiendo
a San Pablo


»45.-Con María, agujereando
el techo…


»44.-Con María, comenzando
la Misa…


»43.-Una carta a los abuelos
de Jesús


»42.-Con María, en la puerta
de la Misericordia


»41.-Secreto de María
secreto de mujer


»40.-María... ahora y en la
hora de nuestra muerte


»39.-María y un Seminarista
en Nazaret


»38.-María y un Río de Rosas

»37.-María Santísima y una
cunita de harina blanca


»36.-María Santísima y una
colecta diferente


»35.-María Santísima y los
sirineos del alma


»34.-María y la campana
de mi parroquia


»33.-Invitación al cumpleaños
de María Santísima


»32.-Hacia la Profecía

»31.-El primer dolor de
María y José




María y los sembradores del alma


     - Madre, hoy necesito conversar contigo acerca de la parábola del sembrador- te digo mientras transcurre una mañana en la oficina….

   Y me quedo en espera… en espera de que se haga un momento del alma en que pueda escuchar tu respuesta….
    Y el momento llega, pues siempre llegan los momentos que te pido, Madrecita, para aprender y comprender mejor las enseñanzas de tu Hijo… que yo recuerde, jamás me dejaste sin respuesta, mas bien he sido yo la que muchas veces no te he prestado atención….

   -Pues, conversemos entonces, hija mía
   - Verás, Madre- y el saber que me escuchas es gozo profundo para mi alma- hace varios domingos se ha leído en Misa la parábola del sembrador…
   - Hermosa parábola, en verdad, hija querida, espero tu alma saque de ella el mayor fruto posible  para la salvación de tu alma.
   - Es cierto lo que dices, pero…. Ayyy Madrecita!!!!   siempre hay un “pero” que lleva mi alma a la búsqueda de una explicación más, nunca acabo de entender por completo, discúlpame, Madre…
   Sonríes…. Como todo el cielo de esta mañana cálida de setiembre, sonríes y me alivias diciendo…

   - Benditos “peros” hija querida. Eso que tú ves como una torpeza de tu parte, al no entender por completo una lectura, termina siendo una gracia… gracia  para el alma que, sedienta de caminos, comienza a buscarlos. Me alegra que comiences tu búsqueda con la oración… Pues oración es este momento en que te vienes junto a mí, me preguntas y confías en que se disiparan las dudas de tu alma como se disipa el cielo de nubarrones cuando viene el viento del sur….

   Me quedo en silencio. Nunca había pensado en que mis “peros”, mis “no entiendo del todo”, sean gracia para el alma, gracia que me empuja a buscar respuestas, respuestas que siempre hallo en tu Corazón, Madre querida…
   - Dime, hijita, cuál es tu dificultad esta vez….

   Animada por tu disposición, me apresuro a comentarte:
   - Antes de la lectura de la parábola, se leyó el Salmo. Y una frase se me quedo en el alma, como buscando sitio donde estirar sus alas, donde ser luz…
   - ¿Qué frase, mi querida?

   - “Señor, visitas la tierra y la haces fértil”
   - Así es hija… Jesús habló de muchas clases de tierra: la que está a la vera del camino, la pedregosa, la que está llena de abrojos… ninguna de ellas, en el estado en que la encontró el sembrador, estaba en condiciones de dar buen fruto… Por distintos motivos, ninguna estaba preparada para recibir la semilla.

   - Entonces, Madre, cuando mi alma se halle en tales estados… ¿Qué he de hacer?... porque te aseguro, María, que mi alma no siempre es tierra fértil... tu sabes con cuanta pena te digo esto, pero si no te lo digo a ti ¿a quién? Si tú siempre para mí tienes caminos…

   - Pues, querida mía, utiliza esa frase que se quedo en espera en tu alma “Señor, visitas la tierra y la haces fértil”… deja que esta frese despliegue sus alas en tu alma…
   - ¿Cómo se hace eso, Madre?
   - Pide al Señor que visite la tierra de tu alma cuando veas que no está en óptimo estado como para que la semilla dé fruto….

   Mi corazón se queda en espera, sabiendo que abundaras en detalles para que no se pierdan las semillas que Jesus deja en mí…

   . Hijita, cuando notes que la tierra de tu alma esta tan endurecida como la tierra a la vera del camino… cuando sientas que la semilla eterna no puede penetrar en ella y por tanto, queda expuesta para que te sea arrebatada… en ese momento es cuando debes buscar auxilios eternos…
   Mientras me hablas, Maria, llega a mí  el recuerdo del suave tintinear de mi rosario… y mi alma sabe que es respuesta… El rosario… que, como lluvia serena y fresca, va removiendo las durezas del alma para que pueda germinar la semilla…

   Y en este silencioso diálogo te vuelvo a preguntar:
   -¿Y qué hago cuando sienta mi alma como terreno pedregoso?, con poca profundidad de la tierra como para que la semilla resista en las tempestades del alma… ¿Y cuando la sienta inundada de abrojos? Tan llena de cosas que no hay sitio para la semilla y termina ahogada entre tanta  prisa y quehaceres…

   Y el tintinear suave del rosario se torna música para el alma….
     - Hija, cuando sientas tu alma en tales estados, aférrate al Santo Rosario, que te permitirá mover tanta piedra del alma, y también te dará la gracia de limpiar el terreno de abrojos innecesarios…
  Antes de terminar este dialogo amoroso de Madre e hija, me tienes un consejo más…

   - Hija, nunca dejes de pedir al Señor que visite toda tierra donde ha de ser sembrada la Palabra de Dios…. Justamente de esa semilla quiero hablarte… No te sientas triste si ves que no eres todo lo buena sembradora que quisieras… recuerda que la semilla es de excelentísima calidad y suple muchas veces las falencias de los pequeños sembradores…  Te invito, hija, a que sigas siendo sembradora, como cada hijo mío… pues la semilla se siembra de muchas maneras, según los dones que cada uno posee… algunos siembran con su sonrisa, otros con su paciencia, otros atendiendo a los que tienen cerca con todo el amor de que son capaces… Siempre siembras, hija mía… pero recuerda que tú eliges que clase de  semilla sembrar… cada semilla tiene su fruto particular… no esperes recoger suaves rosas donde has sembrado cactus…

   Y en el silencio del alma esperas mi respuesta… mi respuesta que es suspiro profundo de quien ha descubierto caminos, mi respuesta que es alegría profunda por haber compartido este momento contigo en esta mañana de oficina...

   Como abrazo de despedida me queda un ramillete de palabras que es resumen de este momento… sembradores incansables, tierras inhóspitas… y el Rosario como lluvia fresca para el alma… que alivia los cansados brazos de los sembradores y prepara toda tierra para los mejores frutos….Gracias, Madre, Gracias… es tiempo de poner en papel este hermoso encuentro contigo, para recordarlo tal como fue, para contarle a mi hermano, que tiene las mismas preguntas que yo, para que muchos rosarios elevados al cielo, se tornen en mil lluvias frescas para tantas almas, propias y ajenas, que ansían ser buena tierra…                



Nota de la autora:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella"


María Susana Ratero

susanaratero@yahoo.com.ar

 

   

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