Monday July 24,2017
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MIS ENCUENTROS
CON MARIA




Autora: Maria Susana Ratero

Parte 2

Partes: [ 1 ] [ 2 ]


»58.-María y la Morada de Jesús

»57.-Con María y la Viña en mi Alma

»56.-María y los sembradores
del Alma


»55.-De paseo con María Santísima

»54.-Con María, multiplicando migas

»53.-Con María, en mi última Misa...

»52.-María Santísima,
y las lámparas del alma...


»51.-Con María, y una barca
que se aleja


»50.-Con María, sin poder
asistir a misa


»49.-Con María, bajando
la montaña


»48.-Con María y José"

»47.-Con María y un Sagrario Vacio

»46.-Con María, comprendiendo
a San Pablo


»45.-Con María, agujereando
el techo…


»44.-Con María, comenzando
la Misa…


»43.-Una carta a los abuelos
de Jesús


»42.-Con María, en la puerta
de la Misericordia


»41.-Secreto de María
secreto de mujer


»40.-María... ahora y en la
hora de nuestra muerte


»39.-María y un Seminarista
en Nazaret


»38.-María y un Río de Rosas

»37.-María Santísima y una
cunita de harina blanca


»36.-María Santísima y una
colecta diferente


»35.-María Santísima y los
sirineos del alma


»34.-María y la campana
de mi parroquia


»33.-Invitación al cumpleaños
de María Santísima


»32.-Hacia la Profecía

»31.-El primer dolor de
María y José




 

Con María, comenzando la Misa…


   Comienza la Misa, en mi pequeña Parroquia de Luján.
   Por un exquisito regalo tuyo, Madre, siento que el tiempo transcurre lento, mientras el sacerdote dice.

   - “La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la Comunión del Espíritu Santo, estén con todos vosotros”

   Y con el tiempo casi detenido, Madre mía, tomas el saludo del sacerdote y lo ofreces, cual traje de fiesta, para vestir mi corazón.

   Te miro sin comprender....
   - Hija, si quieres vestir tu corazón con tan magníficas galas, debes venir por ellas….

   - ¿Ir por ellas, María? Pero… ¿Cómo? Y ¿Adonde he de ir por ellas?

   Diriges la mirada hacia el pequeño recinto del confesionario, donde Cristo espera sin cansancios y con infinita misericordia…

   Te sigo y lavo mi alma en el amor profundo de Cristo, que me perdona… una vez más, desde las manos del sacerdote….

   Regreso a mi banco……

   Y, mientras vistes mi corazón con galas eternas, te suplico, María, me expliques, me ayudes a valorar tan magnifico atuendo.

   - Hija mía, la gracia de Jesucristo es el don gratuito que Dios te hace: Su vida, infundida por el Espíritu Santo en tu alma, para salvarla del pecado y santificarla
El Amor del Padre… Dios tiene sobre ti un designio de amor, que precede a todo mérito de tu parte, porque no es que tú hayas amado a Dios, sino que El te amó primero, y la prueba de ese amor es Cristo. La Comunión del Espíritu Santo, recíbela como la invitación a participar de la unidad trinitaria.

   Todo es silencio en la pequeña parroquia. Continúas:
   - ¿Comprendes, hija?
   - Ay, Madre ¡Cuánta profundidad, cuánto amor y entrega encierra este saludo! ¡Cuantas veces respondí sin pensar:” Y con tu espíritu”!
   - En verdad, hija, cada palabra de la Santa Misa encierra un profundo significado de amor. Por ello, cuando respondas durante la celebración, trata de hacerlo con tu corazón, disfrutando de cada palabra. Así descubrirás más profundos significados, nuevos caminos para el alma…

   Guardo silencio. Quiero grabar, en mi corazón, tus consejos.

   Así, con el alma vestida con galas eternas, como en la parábola de la boda del hijo del rey, me dispongo a participar del banquete eucarístico.

   Y la luz de tan magníficos vestidos va iluminando aquellos rincones del alma que se han quedado en la sombra de la soledad, la tristeza, la desilusión.

   La Misa continúa. Aunque mi corazón cree que se ha detenido un buen rato mientras tú me explicabas, Madrecita.

   Llena de santas ansias, mi alma espera el abrazo de Jesús Eucaristía.

  Gracias, Madre, por haberme alcanzado conocer el valor del magnífico atuendo con que podemos vestir el alma al comenzar la Misa.

   Hermana, hermano que lees estas líneas, recibe con gozo y agradecimiento los magníficos vestidos que María te alcanza, para participar de la Cena del Señor. Ellos irán purificando tu alma para recibir al más ilustre de los huéspedes: Jesucristo.

 

   

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