Thursday December 14,2017
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EL GUSANO Y EL ESCARABAJO

Había una vez un gusano y un escarabajo que eran amigos, y pasaban charlando horas y horas.

El escarabajo estaba consciente de que su amigo era muy limitado en movilidad; tenía una visibilidad muy restringida, y era muy tranquilo, comparado con los de su especie.

El gusano estaba muy consciente de que su amigo venía de otro ambiente; comía cosas que le parecían desagradables, y era muy acelerado para su estándar de vida, tenía una imagen grotesca, y hablaba con mucha rapidez.

Un día, la compañera del escarabajo le cuestionó su amistad con el gusano.

-¿Cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro del gusano? A lo que él respondió, que el gusano estaba limitado en sus movimientos.

-¿Por qué seguía siendo amigo de un insecto que no le regresaba los saludos efusivos que el escarabajo hacía desde lejos?

Esto era entendido por él, ya que sabía de su limitada visión, pues muchas veces ni siquiera sabía que alguien lo saludaba, y cuando se daba cuenta, no distinguía de quién se trataba para contestar el saludo. Sin embargo, guardó silencio para no discutir.

Fueron pues, tantas las preguntas que su compañera le hacía, buscando cuestionar su amistad con el gusano, que al final, éste decidió poner a prueba la amistad, alejándose un tiempo, para esperar que el gusano lo buscara.

Pasó el tiempo, y la noticia llegó: El gusano estaba muriendo, pues su organismo lo traicionaba por tanto esfuerzo. Cada día emprendía el camino para llegar hasta su amigo, y la noche lo obligaba a retornar hasta su lugar de origen.

El escarabajo decidió irlo a ver, sin preguntar a su compañera qué opinaba. En el camino, varios insectos le contaron las peripecias del gusano por saber qué le había pasado a su amigo. Le contaron de cómo se exponía día a día para ir a donde él se encontraba, pasando cerca de los nidos de los pájaros. De cómo sobrevivió al ataque de las hormigas, y así sucesivamente. Llegó así el escarabajo hasta el árbol en que yacía el gusano esperando pasar a mejor vida.

Al verlo acercarse, con sus últimas fuerzas, le dijo cuánto le alegraba que se encontrara bien. Sonrió por última vez, y se despidió de su amigo, sabiendo que nada malo le había pasado. El escarabajo, avergonzado de si mismo, por haber confiado su amistad en otros oídos que no eran los suyos, había perdido muchas horas de regocijo que las pláticas con su amigo le proporcionaban. Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo que él era, era su amigo, a quien respetaba y quería, no tanto por la especie a la que pertenecía, sino porque le ofreció su amistad.

El escarabajo aprendió varias lecciones ese día: La amistad está en ti y no en los demás. Si la cultivas en tu propio ser, encontrarás el gozo del amigo. También entendió que el tiempo no delimita las amistades, tampoco las razas, o las limitantes propias ni las ajenas.

Lo que más le impactó, fue que el tiempo y la distancia no destruyen una amistad; son las dudas y nuestros temores, los que más nos afectan. Y que, cuando pierdes un amigo, una parte de ti se va con él.

Las frases, los gestos, los temores, las alegrías e ilusiones compartidas en el capullo de la confianza se van con él.

El escarabajo murió después de un tiempo. Nunca se le escuchó quejarse de quien mal le aconsejó, pues fue decisión propia, el poner en manos extrañas su amistad, sólo para verla escurrirse como agua entre los dedos.

Si tienes un amigo, no pongas en tela de duda lo que es, pues sembrando dudas cosecharás temores. No te fijes demasiado en cómo habla, cuánto tiene, qué come o qué hace, pues estarás poniendo en una vasija rota tu confianza. Reconoce la riqueza de quien es diferente de ti y está dispuesto a compartir sus ideales y temores, pues ésto alimenta el espíritu de supervivencia, más que un buen platillo.

La esencia de la amistad, es la comprensión entre dos personas que se vuelven una, en el plano que se encuentra más allá de este mundo.

Éste es el final de la historia.

Siendo tú mi amigo, no te puedo exponer a una tristeza que no quisiera para mí. No sé si tú seas el gusano o yo el escarabajo, pero estoy seguro que somos distintos, y en planos ajenos nos movemos. Yo, como gusano, te seguiré buscando día a día, y como escarabajo, no me fijaré en tus limitaciones.

Todos lo debemos consultar con el amigo;  más primero debemos consultar si los es.  Séneca.”

 
     
   


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