Saturday April 29,2017
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MIRA A DIOS EN LOS DEMÁS, Kyle

Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa, se llamaba Kyle. Lo vi que llevaba cargando todos sus libros y pensé: "¿Por qué alguien se lleva a su casa todos los libros en viernes?, tiene que ser un nerd". Yo, en cambio, hice planes para todo el fin de semana (fiestas y un juego de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde), así que encogí mis hombros y seguí mi camino.

Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él. Le tumbaron todos sus libros y le metieron zancadilla y se cayó a la tierra. Vi que sus anteojos volaron y cayeron en el pasto como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus anteojos, vi lágrimas en sus ojos, le acerqué a sus manos sus anteojos y le dije: "Esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto". Me miró y me dijo: "¡Hey, gracias!". Había una gran sonrisa en su cara, una de esas sonrisas que mostraban real gratitud. Le ayudé con sus libros y le

pregunté dónde vivía, vivía cerca de mi casa; le pregunte por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada, nunca antes había conocido a alguien de una escuela privada.

Caminamos a casa, le ayudé con sus libros y me parecía un buen chico, le pregunté que si quería jugar fútbol el sábado conmigo y mis amigos y aceptó, nos juntamos todo el fin de semana y mientras más conocía a Kyle, más bien me caía a mí y a mis amigos también.

Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo, me paré y le dije: "vas a hacer realmente músculos cargando todos esos libros todos los días", sólo se rió y me dio la mitad para que le ayudara.

Durante los siguientes cuatro años, Kyle y yo nos hicimos mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, pensamos en qué carrera seguir. Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo iría a la de Duke. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. Él estudiaría medicina y yo administración con una beca de fútbol.

Llegó el día de la graduación, Kyle fue el orador de nuestra generación. Yo bromeaba con él todo el tiempo acerca de que era un nerd. Él preparó el discurso de graduación, yo estaba feliz de no ser yo el que tuviera que hablar. Vi a Kyle, se veía realmente bien, era uno de esas personas que realmente se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había embarneci­do y se veía bien con sus anteojos, tenía más citas con chicas que yo ¡y todas las niñas lo adoraban! Caray, algunas veces me sentía celoso, hoy era uno de esos días.

Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que, le palmee la espalda y le dije: "amigo, estarás genial"; me miro con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió.

"Gracias" me dijo, así que comenzó su discurso, limpió su garganta y comenzó. "La Graduación es el tiempo de dar gracias a todos aquellos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: a tus padres, a tus maestros, a tus hermanos, quizá a algún entrenador, pero prin­cipalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles a ustedes que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar, y les voy a contar una historia".

Yo miraba a mi amigo incrédulo de que fuera a contar la historia del primer día que nos conocimos.

Él tenía planeado suicidarse ese fin de semana, habló de cómo limpio su locker y por qué llevaba todos sus libros, para que su mamá no tuviera que ir después por ellos a recogerlos a la escuela. Él me miraba fijamente y me sonreía. "Afortunadamente fui salvado, mi amigo me salvó de hacer algo inexplicable".

Escuchaba el asombro de la demás gente de como éste apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad.

Vi que su mamá y su papá me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. Hasta ese momento pude darme cuenta de lo profundo de sus palabras. Nunca sobreestimes el poder de tus acciones; con un pequeño gesto tú puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno de nosotros frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera.

 
     
   


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